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Álgida relación comercial México- Estados Unidos



Por: Luís DE LA TEJA

 

Históricamente la relación bilateral han permeado las discrepancias, por cuestiones territoriales, de seguridad y económicas, contradicciones que se han excarcelando por la construcción del muro fronterizo, que es una pared que resguarda el territorio norteamericano, pero en su misma dualidad divide, rompe proyectos, rutas comerciales y sueños.

 

De los 43 Tratados de Libre Comercio que México ha firmado con el mundo, el 87% de sus exportaciones totales se dirigen a EUA, y el 1.75 % a Canadá, significaría el 89. 3 % de las exportaciones se dirigen al mercado norteamericano. Esto, sin que con ello implique mecánicamente, una revolución productiva y competitiva, en términos de innovación y transformación para México.

 

Existe una experiencia progresista de la Unión Europea, en el que se planteo el desmantelamiento aduanero y, simultáneamente reconoció, un hecho esencial: la desigualdad, entre si, de los contratantes. Se adopto, una política de ayuda compensatoria a los más pobres para que el proceso de unificación no implicase una oleada migratoria incontenible, de los países más pobres a los más ricos.

 

Se invirtieron fondos a Irlanda, España, Grecia, entre otros, lográndose dos cosas:

 

1.- Impidió el éxodo migratorio masivo

2.- Reconstrucción de mercados internos valiosos para un intercambio igualitario.

 

Los efectos positivos no se hicieron esperar, España tiene ya un desempleo menor que la mayor parte de los países ricos de la Unión. Por el contrario, la falta de creatividad e innovación de nuestras autoridades reflejan la incapacidad de plantear un modelo laboral que retenga a los trabajadores mexicanos, por la vía de un tratado de inversiones estratégicas, en los Estados migratorios, impidiendo se pueda reproducir una experiencia histórica exitosa como la Europea.

 

Contrariamente a lo que establece el TLC, no ha transformado las “tendencias”. Cuanto mas se exporta a Norteamérica (incluidas las maquiladoras) mas insumos se importan – reexportaciones- lo cual significa degradación del valor agregado e insuficiencia clara de creación de empleos, porque nuestras exportaciones están siendo el centro económico de la economía y, a la vez, la prueba de que la planta productiva nacional ha trasladado a las multinacionales el flujo de los insumos consumidos, por lo que los industriales mexicanos tienden a “comercializar” las importaciones.

 

Aunado al fracaso en las negociaciones sobre las corrientes migratorias mexicanas, el problema fronterizo, prueba fehaciente de una irreprimible subproletarizacion migratoria interna, plantea problemas en ambos países, que tienen que resolverse pensando en infraestructura y estructuras económicas que superen las causas básicas de la crisis.

 

El principal objetivo de elevar la competitividad de los productos mexicanos y elevar la productividad, al competir con una potencia industrial, lo cual ha sido contrario a lo que se planteaba.

 

El 50 % del intercambio comercial, pertenece al sector manufacturero. Es tiempo de replantearnos, el rol que juega México en el escenario internacional, de acuerdo a nuestras ventajas competitivas y comparativas, nuestras oportunidades y amenazas, ya que la complejidad de la globalización, no podemos enfocarnos en un solo factor, sino que hay que tener alternativas mesurables, que permitan construir una correcta política industrial, que eleve la productividad y la calidad de nuestro productos, y que en consecuencia genere los empleos que demanda las tendencias demográficas actuales.

 

De no revertir la ausencia de políticas industriales y de apoyo a empresas, se estaría cancelando el futuro productivo nacional, por lo que es imperativo revertir la tendencia que ha provocado que muchas empresas mexicanas estén desapareciendo al enfrentar la competencia proveniente de los EU y recientemente de China.