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Ahora el G-20 puede salvar a Doha

 


Por Gustavo Capdevila


GINEBRA,  (IPS)  – Los partidarios más fervientes de una conclusión 

acelerada de las negociaciones de la Ronda de Doha buscan el amparo del 

Grupo de los 20 (G-20) países que examinarán en Washington eventuales 

reformas al sistema financiero internacional, para impulsar un acuerdo de 

esas discusiones comerciales.

 

La iniciativa guarda relación con el denso ambiente internacional de estos 

días, pues entre otros aspectos toma en cuenta las gestiones por atenuar 

los efectos de la crisis financiera en la economía real y también el 

cambio de gobierno que ocurrirá en Estados Unidos en enero de 2009.

 

  El dueño de la idea, el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, 

Celso Amorim, imagina que un punto de la declaración de los líderes del 

G-20 dedicado a vigorizar las negociaciones de Doha, puede conseguir que 

la primera etapa de ese ciclo se cierre antes de fin de año.

 

  Amorim estimó que un pronunciamiento del G-20, que se reunirá el 15 de 

este mes, tendría que fijar un plazo de tres o cuatro semanas para que los 

negociadores completen la redacción de las modalidades de agricultura y 

productos industriales, los dos temas considerados como la columna 

vertebral del paquete de Doha.

 

  Las negociaciones de Doha, lanzadas por la Organización Mundial del 

Comercio (OMC) en la capital de Qatar en noviembre de 2001, traen un 

atraso considerable pues debían acabar en 2005. El último atasco apareció 

en julio, cuando fracasaron las discusiones que sostenían ministros de 

unos 35 de los 152 Estados miembros de la institución.

 

  El ministro brasileño cree que aún es posible concluir las modalidades, 

que son los parámetros generales para el acuerdo final, antes de fin de 

año. "No es fácil, pero es posible", dijo.

 

  Amorim espera conseguirlo mediante un punto específico del documento 

que aprobarán los líderes del G-20, en el cual impartan instrucciones a 

sus ministros de comercio para que concluyan las negociaciones en un plazo 

determinado.

 

  Esas nuevas negociaciones deberían girar en torno a los 20 temas que el 

director general de la OMC, Pascal Lamy, presentó a la sesión de julio, en 

una tentativa por destrabar las discusiones.

 

  El canciller brasileño aceptó que algunos países disintieron con el 

contenido de esos temas, pero nadie objetó esos puntos, afirmó.

 

  Creo que el G-20 debe impartir instrucciones fundadas en esos temas, 

insistió.

 

  Sin embargo, el director de negociaciones económicas internacionales de 

la cancillería argentina, Néstor Stancanelli, opinó que "ese paquete es 

inviable", en alusión a los 20 puntos propuestos por Lamy. Esa propuesta 

"no ofrece solución", declaró a IPS el negociador argentino en una 

comunicación telefónica desde Buenos Aires.

 

  Stancanelli evitó cuestionar la idea de Amorim. "Queremos terminar la 

ronda, nadie se opone, pero todo depende de la sustancia del acuerdo", 

dijo.

 

  Argentina ha sido uno de los países más opuestos a la concertación de 

un acuerdo basado en las propuestas de Lamy, porque "no ofrecen un 

equilibrio entre las concesiones de agricultura y las de productos 

industriales", precisó.

 

  Si en productos industriales, o NAMA como se los denomina en la jerga 

de la OMC, "no se contempla una flexibilidad adecuada para los países en 

desarrollo, no hay ninguna posibilidad de acuerdo", declaró Stancanelli.

 

  En cambio, si aparecen un equilibrio y diferencias sustanciales en los 

cortes de aranceles entre países en desarrollo e industrializados, sí es 

posible el acuerdo. "Pero desde aquí no veo ese movimiento", insistió.

 

  En cuanto al contenido de la eventual declaración del G-20 dedicada al 

comercio, Amorim advirtió de que no podrá ser demasiado específica porque 

"no podemos pedirles a los líderes que negocien lo que nosotros (los 

ministros) no hemos sido capaces de negociar".

 

  Tampoco podrá ser totalmente vaga, porque en ese caso se convertiría 

"en una declaración más", dijo.

 

  El canciller brasileño estimó que un plazo de tres o cuatro semanas 

para que los negociadores concluyan las modalidades es apropiado. Más allá 

llegan las fiestas de Navidad y Año Nuevo predominantes en los calendarios 

de países occidentales, como también los cambios de gobiernos, recordó.

 

  Con relación a las nuevas autoridades estadounidenses, Amorim opinó que 

si encuentran un acuerdo concertado por los 152 miembros de la OMC, puede 

ocurrir que lo acepten y se dediquen a aplicarlo.

 

  La otra posibilidad es que cuando asuman en enero no haya modalidades y 

en consecuencia se sientan con el derecho a presentar nuevas ideas y 

nuevos temas. Por supuesto, las otras partes pueden hacer lo mismo, y así 

se consumirá mucho más tiempo en la conclusión de Doha, razonó Amorim.

 

  Stancanelli ofreció una visión diferente respecto a la reacción 

estadounidense. Habrá que esperar lo que declara el presidente electo, 

tendremos que basarnos en la realidad, dijo.

 

  El negociador argentino recordó que Sudáfrica e India han objetado 

también el desarrollo de las negociaciones de julio. Los países 

industriales tienen que reconocer que su crecimiento depende del avance 

económico de las naciones en desarrollo, explicó.

 

  El G-20, creado en 1999 en respuesta a las crisis financieras de fines 

de la década de 1990, como un mecanismo de diálogo entre las naciones más 

industrializadas y algunos países emergentes.

 

  Hoy lo conforman el Grupo de los Ocho países más poderosos –Alemania, 

Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia–, 

además de Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del 

Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía, y la Unión Europea 

como bloque. (FIN/IPS/pc/dcl/wd if wt ip/08)