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Armería de dictadores

NACIONES UNIDAS,  (IPS)  .– Mientras intenta

mejorar su imagen internacional con los Juegos

Olímpicos, un estudio señala a China como

principal proveedor de armas para algunos de los

regímenes que menos respetan los derechos humanos en el mundo.

        Por Thalif Deen

 

   China controla apenas dos por ciento del

mercado mundial de armamento, pero su impacto "no

debe ser considerado tanto por el volumen de sus

ventas sino por el carácter de sus clientes",

afirmó William D. Hartung, director de la

Iniciativa sobre Armas y Seguridad de la Fundación Nueva América.

 

   Un informe de este centro de estudios con

sede en Washington, que incluye entre sus

miembros a expertos de una amplísima gama

ideológica, caracteriza a Beijing como "proveedor

de armas de último recurso para dictadores y

violadores de los derechos humanos", como los de

Birmania, Sudán y Zimbabwe.

 

   "No debemos olvidar que el acto más atroz del

gobierno chino ha sido su papel como facilitador

de los asesinatos masivos" en la convulsionada

región sudanesa de Darfur, señaló Hartung, autor

del trabajo, titulado "Deadly Traffic: China’s

Arms Trade with the Sudan" ("Tráfico mortal: El

comercio de armas de China con Sudán).

 

   Sin el apoyo de Beijing, la capacidad del

régimen de Jartum y sus milicias aliadas para

asesinar, mutilar e intimidar a los habitantes de

Darfur se hubiera visto notablemente limitada, afirmó.

 

   Hartung dijo a IPS, sin embargo, que los

mayores exportadores de armas occidentales, como

Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, también

abastecen a dictaduras y regímenes que violan los derechos humanos.

 

   La diferencia, aclaró, es que Beijing vende a

un puñado de gobiernos represivos a los que la

industria occidental decidió no abastecer.

 

   En el caso de Estados Unidos, 17 de sus 25

mayores compradores de armas en el mundo en

desarrollo durante 2007 fueron identificados por

el propio Departamento de Estado (cancillería) de

ese país como violadores de los derechos humanos o regímenes no 

democráticos.

 

   Hartung indicó que los mayores exportadores

se comprometieron a limitar sus ventas a regiones

en conflicto o países donde se violan los derechos humanos.

 

   Pero en la práctica, agregó, esa regla se

viola con más frecuencia de lo que se la respeta,

generalmente invocando el "interés nacional", por

lo que se continúa vendiendo a naciones

productoras de petróleo o ubicadas en "zonas estratégicas".

 

   Organizaciones humanitarias y de derechos

humanos, como Oxfam y Amnistía Internacional,

promueven la adopción de un tratado internacional

de venta de armas, para que las vagas promesas de

no armar a los dictadores adquieran fuerza legal, dijo Hartung.

 

   La Coalición Salvemos a Darfur y la

organización Human Rights First declararon el

miércoles que los esfuerzos de la Corte Penal

Internacional (CPI) para acusar de genocidio al

presidente de Sudán, Omar Al-Bashir, sirvieron

para notificar a todos los gobiernos del mundo

sobre las violaciones a los derechos humanos en esa región.

 

   La declaración agrega que países como China y

Rusia están obligados por la Convención para la

Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio,

adoptada por la Organización de las Naciones

Unidas (ONU) en 1948, a tomar todas las acciones

posibles, incluida la inmediata suspensión de las ventas de armas a Sudán.

 

   La semana pasada, el embajador de China en la

ONU, Wang Guangya, se pronunció ante el Consejo

de Seguridad contra las acciones de la CPI y

pidió que se no se siga adelante con la acusación contra Al-Bashir.

 

   Hartung señaló que Beijing ha sido el mayor

violador del embargo internacional contra Sudán,

país al que proveyó de armas, municiones e instalaciones para su 

producción.

 

   Desde 2004, la gran mayoría de las armas de

mano y ligeras con que cuenta Sudán proceden de

China y muchas de ellas encontraron su camino

para llegar a la milicia árabe Janjaweed, acusada

de realizar en Darfur la limpieza étnica de

tribus negras con el apoyo del régimen de Jartum.

 

   En esencia, China "está canjeando armas y

apoyo político a Sudán a cambio de acceso a sus

recursos petroleros", dijo Hartung.

 

   Beijing ha vendido aviones de combate a

Birmania, Sudán y Zimbabwe. También abasteció a Jartum de misiles 

aire-aire.

 

   Hartung dijo a IPS que China vendió a

Birmania 12 aviones de combate F-7, 40 misiles

aire-aire de corto alcance PLA-2A, otros cuarenta

del tipo PLA-2B y 12 aviones K-8, que sirven

tanto para entrenamiento como para combate.

 

   Los envíos a Sudán incluyen 12 aviones K-8,

tres cazas A-5C, también aptos para atacar

posiciones en tierra, 10 tanques Tipo-85 IIAP y

10 transportes blindados de personal WZ-551.

 

   Las ventas a Zimbabwe, concluyó Hartung,

incluyen aviones K-8, armas pequeñas y municiones.