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Cambio, Palabra Mágica

LISBOA,  (IPS) .-  La crisis en Estados Unidos estalló, a la vista de todos. El sistema neoliberal está corrompido. La economía de casino de  los off-shores y de los escándalos sólo ha ocasionado desastres. Es necesario cambiarlo, cuanto antes, mejor.

Por Mário Soares (*)

Las últimas semanas han resultado demoledoras para los que pensaban -y algunos todavía piensan- que era posible evitar la crisis financiera mundial anunciada y la recesión a la que Estados Unidos se encamina.

Pero no hay duda, todas las señales muestran la grvedad de la crisis: la turbulencia en las bolsas de la superpotencia y de todo el mundo, no obstante las desesperadas rebajas de los tipos de interés
decretadas por la Reserva Federal (Banco Central) de Estados Unidos junto con las medidas imaginadas para reanimar la economía adoptadas por el Presidente George W. Bush, un neoliberal extremista y un ultraconservador obligado, por la fuerza de la lógica, a recurrir a las recetas antitéticas de J.M. Keynes. Remedio tardío y de breve efecto.

Ante todo se debe admitir que la doctrina neoliberal se halla
irremediablemente desacreditada y que la globalización salvaje, que
exaspera abruptamente las desigualdades económicas, dentro de cada
Estado y entre los diversos Estados, tiene que ser sometida a
regulación a escala mundial, si realmente queremos hacer frente a los
desafíos que tenemos por delante. En ese sentido, las Naciones Unidas
pueden desempeñar una función importante.

No serán posible los cambios que exige la crítica situación actual ,
si la Unión Europea no asume un papel decisivo. Pero lo esencial es
comprender que el sistema económico-financiero que hemos vivido en
Occidente,  y que se ha querido imponer a todo el globo, está agotado
y tiene que ser reemplazado rápidamente.  En este cuadro los países
emergentes tienen cartas importantes para el juego.
.
En los Estados Unidos, en este año electoral, el cambio de rumbo se
presenta como inevitable.y como una cuestión de supervivencia: el
aumento de la desocupación, la crisis de los créditos inmobiliares de
alto riesgo (sub-prime), la  creciente inflación, la inestabilidad
monetaria, las quiebras empresariales, la extendida corrupción y el
caso paradigmático del Citygroup, el mayor banco del mundo y de sus
asombrosas pérdidas -18.100 millones de dólares- lo están demostrando
y exigiendo. ¿Y si la Administración Bush tuviera que aceptar que los
chinos compren el Citygroup para evitarle la bancarrota?

En el plano externo se prolonga el impasse de las guerras en el
Oriente Medio -Iraq y Afganistán- y la incertidumbre que llevaron a la
región: desde El Líbano a Paquistán, desde Arabia Saudita a Irán y
ahora a Egipto, sumado al agravamiento del conflicto israelo-palestino
después de la visita de Bush, que fue un no-acontacimiento.  Los
neo-cons han fallado en toda la línea. Los años de los dos mandatos de
Bush pueden ser catalogados como los peores de la historia
norteamericana. Y aún no sabemos como va a terminar esta aventura.

Los norteamericanos, en general, ya han advertido la magnitud del
desastre que les deja el gobierno Bush  Cambio, es la palabra mágica.
Pero ¿hacia dónde y cómo? Éste es el problema de los candidatos
demócratas y hasta de los republicanos, entre los cuales los que más
se distanciaron de Bush son los que prevalecen.  Las elecciones
presidenciales estadounidenses se decidirán en noviembre de este año.

Veremos si los norteamericanos tendrán el buen sentido de optar por un
cambio no retórico, que se traduzca en una ruptura efectiva con el
pasado reciente. En necesario que así sea, no sólo por los intereses
de la propia superpotencia sino asimismo por los efectos negativos de
la crítica situación sobre los países emergentes  y el resto del mundo.

Europa, por su parte y pese a las presiones políticas no ha seguido
los pasos de la superpotencia.  Y creo que ha hecho bien en tomar
distancia. El dólar está en caída libre mientras el euro comienza a
ser visto como la principal moneda de referencia en el marco internacional.

¿Será la Unión Europea capaz de salir del impasse? ¿Será ratificado el
Tratado de Lisboa durante el año en curso por los 27 Estados miembros?
Esta es la cuestión principal con la que nos enfrentamos. Un buen
síntoma ha sido la reciente adhesión de nueve Estados miembros al
Espacio de Schengen (de libre circulación entre los 28 países que
ahora lo integran) pues se trata de una manifestación de confianza en
el designio europeo.

Pero hace falta más. La Unión debe convertirse en un protagonista
principal y autónomo en el escenario internacional, con un modelo
social ejemplar, que sea un factor permanente de paz, de seguridad, de
solidaridad y de valores humanistas. Es un largo y decisivo camino que
debe recorrer. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mário Soares, ex presidente y ex primer ministro de Portugal.