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Carrera con vallas por la calidad

BEIJING,  (IPS)  – China aprovecha los Juegos Olímpicos para 
promocionar la calidad de la producción nacional y contrarrestar su mala 
imagen. Su gran arma es la tradición, comenzando por la gastronomía y 
siguiendo por la seda, la porcelana y el sándalo.

Por Antoaneta Bezlova

Sibaritas e intelectuales del gigante asiático discuten, levantando las 
cejas, qué platillos representan mejor la paradójica conjunción de 
refinamiento y simpleza de la antigua cultura china.

  Pero la decisión está en manos de las masas de extranjeros que invaden 
la capital china con motivo de los Juegos Olímpicos, que comenzaron el día 
8 y concluirán el 24 de este mes.

  Los turistas prueban finos brebajes a base de té chino a la sombra de 
los largos aleros de antiguas mansiones manchúes en la ciudad vieja. 
También inundan el mercado de la Calle de la Seda y compran atuendos 
típicos de esa tela, como el cheongsam, el qipao o las pantuflas.

  Los más audaces se atreven a gozar de una verdadera experiencia china: 
beber "bai jiu", un licor ardiente fabricado a partir del sorgo.

  Pero el rito obligatorio de todo visitante a Beijing sigue siendo el 
pato glaseado a la pekinesa. Platillo imperial creado en exclusiva para la 
corte de la dinastía Yuan, hoy es una delicia popular.

  Este pato asado y glaseado envuelto en un fino panqué se sirve en 
suculentas porciones, tanto en humildes cantinas en estrechas callejuelas 
como en restaurantes elegantes.

  El fin de semana, el plato ganó, con la misma facilidad que los atletas 
chinos, varias medallas de oro en popularidad.

  "Tuvimos que aumentar el suministro de pato a la pekinesa de 300 a 600 
platos al día", informó Deng Yaping, subdirectora de la Villa Olímpica con 
cuatro medallas de oro en tenis de mesa. "Es un goce para los atletas."

  "El famoso pato pekinés es un aspirante al oro a la popularidad 
gastronómica en los Juegos Olímpicos", se jactó un periodista de la 
agencia estatal de noticias Xinhua.

  Mucho antes del comienzo del torneo, los organizadores diseñaron 
estrategias para aprovecharlo como plataforma de lanzamiento de la 
producción china.

  En ese sentido, analizaron cómo los Juegos Olímpicos de Tokio, en 1964, 
contribuyeron a la popularidad internacional del sushi japonés, y los de 
Seúl lograron algo parecido en 1988 el kimchi coreano.

  "Finalmente, le tocó el turno a China", dijo Yang Guang, de la 
consultora Zhengyitang Strategic. "Los extranjeros quieren hacer lo mismo 
que los pekineses. Es la mejor oportunidad para divulgar los productos 
chinos."

  Pero, a diferencia de Corea del Sur y Japón, con culturas relativamente 
unitarias, China es un país multicultural y de una gran diversidad.

  "Lo correcto es dejar que florezcan 100 flores y que compitan 100 
doctrinas", señaló el experto en cultura china Cui Puquan, parafraseando 
un antiguo proverbio. "Este país tienen una cultura tan rica y antigua que 
sería una lástima promover algunos productos tradicionales en perjuicio de 
otros."

  Con tan vasta oferta se multiplicaron las dificultades para diseñar una 
campaña de promoción, señaló Yang Guang.

  Desde el té y la porcelana fina hasta los abanicos de sándalo y los 
vestidos de seda, Beijing es como un tesoro escondido de intricadas 
artesanías.

  Conscientes de que la frase "hecho en China" se asocia con productos de 
baja calidad en muchos países del mundo, las autoridades aprovecharon la 
oportunidad de los Juegos para exhibir algunas de las marcas tradicionales 
del país, señaló Yang, cuya empresa asesoró a algunas industrias.

  "Nos concentramos en las ‘laozihaoÂ’, es decir, en las marcas 
consagradas", señaló.

  La intención de internacionalizar productos y marcas tradicionales de 
China está detrás del cambio de cara de a la calle Qianmen, a un costo de 
300 millones de dólares. Se trata de uno de los paseos típicos de Beijing, 
junto con la Ciudad Prohibida y plaza de Tiananmen.

  Qianmen albergó a los vendedores de ropa, alta cocina, té y hierbas 
medicinales más apreciadas del imperio.

  Hace un siglo, más de 100 "laozihao" prosperaban en esa calle, una de 
las zonas comerciales más ajetreadas y prósperas de la Ciudad Imperial.

  Entre ellos está Ruifuxiang, comercio de seda que confeccionaba la ropa 
de los mandarines de la corte imperial y que creó el primer pabellón de la 
República Popular, Tongrentang, proveedor exclusivo de hierbas medicinales 
a la corte desde 1723, y Quanjude, decano de los restaurantes que sirven 
pato a la pekinesa.

  El abandono y la destrucción causada por las campañas políticas 
radicales de fines de los años 60 corrieron una cortina sobre el otrora 
famoso centro comercial.

  Pero la designación de Beijing como sede de los Juegos Olímpicos en 
2001 llevó a la municipalidad a aprovechar la oportunidad de reactivar 
esas marcas tradicionales.

  Totalmente modernizada, la calle Qianmen tuvo una suerte de 
reinauguración en las vísperas de los Juegos Olímpicos, con una gran 
fanfarria. Promotores inmobiliarios señalaron su intención de capitalizar 
el interés de los visitantes por "lo chino".

  "Los turistas extranjeros pueden comprar productos de seda en el 
centenario comercio de Ruifuxiang", señaló Wang Chengguo, funcionario del 
distrito capitalino de Chongwen, donde se encuentra Qianmen.

  "También pueden adquirir zapatos bordados de Neiliansheng, uno de los 
talleres tradicionales de más renombre", agregó.

  Con sus tradicionales edificios luminosos, faroles tipo jaula y el 
regreso de los famosos tranvías eléctricos de los años 20, la calle se 
convirtió en un imán para los turistas.

  Pero el veredicto respecto de la experiencia de compra y la 
autenticidad de su ambiente resultó menos extático.

  "Esto es falso", sentenció Liang Chunrong. La imagen que ella guarda de 
los cuentos de sus padres es una mezcolanza excitante de salones de té, 
comercios de venta de sopas de fideos y vendedores expeditivos. "Nada que 
ver con estos edificios maquillados", señaló.

  "Esto parece como un museo de cosas chinas", señaló la turista francesa 
Amelie Bernard, quien prefirió el mercado de la Calle de la Seda para 
hacer compras. "En el mercado encuentras el auténtico regateo y las 
verdaderas opciones."

(FIN/IPS/traen-vf-mj/ab/rdr/ap cr so ae fe/08)