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Cozumel: penuria en el paraiso


Por RODRIGO VERA / Revista Proceso

Cozumel, la isla mexicana a la que cada año llegaban más de mil cruceros con alrededor de 3.5 millones de turistas, presenta sus hoteles, restaurantes y bares vacíos. Mientras la secretaria de Turismo del estado dice que están al borde del colapso, y el alcalde asegura que el ayuntamiento se halla a punto de la quiebra, algunos habitantes, que reciben mínimas despensas del DIF, consideran que el desastre de la influenza –causa por la cual Estados Unidos prohibió atracar allí a sus cruceros hasta el pasado viernes 15– ha sido peor que el de los huracanes.

 

ISLA COZUMEL.- El lujoso crucero The Seven Seas Navigator abandonó con lentitud el muelle de Punta Langosta y enfiló hacia el mar poniente, dejando atrás una larga cauda de espuma que destellaba a la luz de la luna, como si fuera la cola plateada de un cometa.

 

         Desde la costa, muchos isleños vieron alejarse a la blanca y espigada embarcación con sus turistas a bordo, hasta que se perdió en la oscuridad  del Caribe. Esa noche del 25 de abril pasado el oleaje se mecía tranquilo, mientras que un viento suave arrastraba el olor del sargazo.

 

         No había indicios de alarma. Fue por eso que ni los más supersticiosos pobladores presagiaron la desgracia que se les venía encima. Nadie imaginó que, tras la epidemia de influenza, ese fue el último crucero al que las autoridades estadunidenses permitieron anclar en la isla de Cozumel durante más de dos semanas. Una prohibición cuyas secuelas aún están por verse. 

 

Don Ramón Herrera recuerda que a la agencia de buceo donde trabaja, Aqua Safari, llegaron la mañana de ese día un grupo de gringos que bajaron del crucero, pidiendo ir a bucear a los arrecifes:

 

"Les dimos sus escafandras y los llevamos en lancha a bucear. Se divirtieron. Después regresaron al Seven Seas junto con los demás turistas. Había muy buen clima. Al crucero lo vimos partir por la noche. Nunca imaginamos que sería el último que veríamos por quién sabe cuánto tiempo", dice.

 

Don Ramón se levanta su cachucha, se limpia con un pañuelo el sudor de la frente y señala los comercios cerrados de la calle que corre por el malecón:     

 

         "Mire las consecuencias. El malecón vacío y los comercios cerrando. Aquí vivimos sólo del dinero que dejan los cruceros. Pero ya llevamos más de dos semanas sin recibir uno solo. No podremos resistir mucho tiempo."

 

Este es un extracto del reportaje que publica la revista Proceso en su edición 1698 que empezó a circular este domingo 17 de mayo.