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Crisis en la sumisión

 

 



Por Ricardo Rocha / Detrás de la Noticia / El Universal

 

 

 

 

 

 

México enfrenta una crisis económica profunda y simultáneamente otra de seguridad nacional, en ambas sometido a intereses extranjeros.

Al regreso de la cumbre del G-20 en Londres, el secretario de Hacienda afirmó: “México fortalece su papel de líder en el replanteamiento y la reconstrucción del orden financiero internacional”, y nos presume la obtención de un crédito del Fondo Monetario Internacional reservado a países “con fundamentos económicos y en un marco de políticas sólidas y un gran compromiso con el crecimiento y la estabilidad económica”.

En realidad es parte de una cuantiosa Línea de Crédito Flexible, autorizada para apoyar a países con problemas de balanza de pagos por la pérdida de flujos de capital externo y a la banca y sectores corporativos. ¿Pagará el gobierno por ellos?

En la declaración final de Londres se felicita a México por su decisión de solicitar dicho crédito y nos presentan como ejemplo para animar a otros porque en una oferta anterior, en octubre, ningún país aceptó. Se destaca esta línea de crédito como de lo más importante de la cumbre; implica —publicitan— una transformación de las políticas del fondo, que condicionaban los préstamos a reformas y restricciones tales que terminó siendo un “estigma” aceptarlas. Hoy se dice, se otorgarán sin condiciones.

La revista The Economist nota que se arropó al crédito a México con la pompa de Londres para hacerlo atractivo. La transformación del fondo en institución flexible se lució como otro logro de la cumbre sin precisar esa ansiada y futura metamorfosis. La ausencia de compromisos es falsa; al suscribirse la declaratoria final de Londres se compromete el apoyo incondicional a una economía mundial abierta basada en el mercado y a la aceptación de “una supervisión sincera del FMI de nuestras economías y de las repercusiones de nuestras políticas para los demás”. El mercado sacrosanto.

La Línea de Crédito Flexible persigue mantener los mercados abiertos, prioridad para las economías dominantes que temen dos peligros: la insolvencia de los países que compran y el que adopten medidas proteccionistas. Las condiciones draconianas que imponía el fondo para forzar reformas y garantizarse el pago no son hoy la prioridad, lo es el mantener el flujo comercial global.

Esto sería aceptable si el comercio fuera equitativo, si el mantenerlo sin cambios fuera beneficioso para todos y si la dependencia creada por el intercambio fuera intocable. El que se tomen medidas proteccionistas significa que para muchos de los países “emergentes” como el nuestro, sin protecciones indispensables, no hay salida.

 

Pero lo más grave de la posición de México es que, al aceptar ser ejemplo, valida las acciones proteccionistas precisamente de los países que apoyan financieramente al fondo para asegurar la apertura de los demás, no la suya.

“Haz lo que digo no lo que hago”, es la regla; el Banco Mundial revela que desde noviembre la última reunión del G-20 en Washington, 17 de los 20 han restringido el comercio. Privilegian el consumo de sus productos. Pero México es un buen cabestro, “líder de la reconstrucción del orden financiero internacional”, según Carstens.

Todos los países buscan medidas para proteger a sus poblaciones, no sólo a empresas y bancos. Obama, al tiempo de impulsar sus intereses mundiales, promueve “el cambio interno”: empleos ecológicos, salud, educación, regulación financiera, infraestructura, “los nuevos cimientos para el crecimiento” que prometió. En México, ninguna corrección al modelo fracasado, ninguna protección, no vaya a ser… ni el gasto supuestamente anticíclico opera. En cuanto a regulación financiera, los bancos extranjeros violan flagrantemente nuestra ley por intervención de sus gobiernos, pero Hacienda mansamente lo justifica. ¿Insistirá Beltrones en que Calderón se faje los pantalones?

 

 

 

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