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Cuando la economía ensombrece la política

 


        Análisis de Jim Lobe


WASHINGTON,  (IPS)  .- Toda la buena voluntad

que el presidente de Estados Unidos, Barack

Obama, muestra hacia América Latina puede verse

sobrepasada por la crisis económica mundial y la

creciente presión de los sindicatos, un respaldo

político clave de su Partido Demócrata.

 

   Esta presión va en el sentido opuesto a los

tratados de libre comercio (TLC) alentados por

los dos predecesores de Obama, el demócrata Bill

Clinton (1993-2001) y George W. Bush (2001-2009).

 

   El equilibrio de poder interno del actual

gobierno favorece a quienes promueven una

liberalización que siga el modelo del Tratado de

Libre Comercio de América del Norte (TLCAN-Nafta)

o el firmado con los países de América Central y

República Dominicana (DR-Cafta).

 

   Pero la posición de los legisladores que

pretenden revisar esos acuerdos con el espíritu

del "comercio justo" quedó reforzada tras las elecciones de noviembre.

 

   Y la creciente crisis económica, que derivó

en la pérdida de 3,3 millones de empleos en

Estados Unidos en los últimos seis meses,

fortalecerá, por cierto, la posición de los

sindicatos, lo cual hace zozobrar las

perspectivas de ratificación de los acuerdos firmados con Panamá y 

Colombia.

 

   De hecho, un proyecto piloto del Nafta-TLCAN

que permitió durante 18 meses el tránsito de unos

100 camiones mexicanos por las rutas

estadounidenses fue cancelado por una ley que Obama sancionó la semana 

pasada.

 

   México respondió el lunes a través del

anuncio de que impondría aranceles a

importaciones de productos industriales y

agrícolas por más de 2.000 millones de dólares,

lo cual provocó amenazas de represalias incluso

entre legisladores del opositor Partido

Republicano, habitualmente proclives al libre comercio.

 

   Este panorama fue, precisamente, lo que tenía

en mente el presidente de Brasil, Luiz Inácio

Lula da Silva, cuando visitó a Obama y a otros

funcionarios del gobierno estadounidense el fin de semana pasado.

 

   En sus diálogos posteriores con la prensa,

Lula expresó que luchar contra el proteccionismo

debía ser una prioridad a la hora de hacerle

frente a la crisis económica mundial.

 

   "El proteccionismo puede parecer beneficioso

al principio. Pero, a la larga, hiere a los

países, sobre todo a los pobres, que necesitan

vender sus bienes a las naciones ricas", dijo el

mandatario al diario The Wall Street Journal.

 

   En esa misma entrevista, dijo que alentaría

en el Congreso legislativo estadounidense la

ratificación del TLC con Colombia, firmado por

Bush y pendiente por las demandas demócratas,

incluidas las de Obama, de mayor protección a los

derechos humanos de los asediados sindicalistas de ese país.

 

   Lula agregó que mantendría esa posición

aunque la implementación del tratado perjudicaría las exportaciones 

brasileñas.

 

   Esa oferta fue percibida como una señal de

que incluso líderes mundiales centroizquierdistas

perciben en el TLC con Colombia, gobernada por el

derechista Álvaro Uribe, una prueba sobre el

capital político que la Casa Blanca está

dispuesta a pagar para mejorar su vínculo con América Latina.

 

   Desde que asumió la presidencia el 20 de

enero, Obama se ha preocupado en destacar su

intención de establecer una relación más positiva

e inclusiva con América Latina que su predecesor Bush.

 

   Su gobierno ya anunció que está dispuesto a

aliviar el embargo comercial de 60 años contra

Cuba, aplaudió el referendo constitucional en el

que triunfó el presidente venezolano Hugo Chávez

el mes pasado y manifestó coincidencias con las

exhortaciones latinoamericanas a concentrar más

la lucha contra las drogas en la reducción de la demanda interna.

 

   Además, en marcado contraste con el periodo

de Bush, Obama asumió una posición neutral en las

elecciones presidenciales del sábado en El

Salvador, en las que triunfó el izquierdista

Mauricio Funes, del ex guerrillero Frente

Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

 

   Las felicitaciones del propio Obama a Funes

marcan "un profundo cambio en el pensamiento

oficial, por el cual grupos como el FMLN ya no

son automáticamente sospechosos ni demonizados",

dijo el analista Geoff Thale, de la no

gubernamental Oficina en Washington para América Latina (WOLA).

 

   "Finalmente, la Guerra Fría en la región ha terminado", sentenció 

Thale.

 

   Este cambio marca un hito en la actitud de

Washington hacia la izquierda latinoamericana,

pero podría no ser suficiente para afrontar los

desafíos del gobierno de Obama para convencer a

la región de su buena voluntad, en particular si la crisis económica 

recrudece.

 

   El desempleo no sólo se traducirá en una

mayor presión popular por una línea dura contra

la inmigración y el libre comercio. El impacto de

la crisis alentará, casi seguramente, el

sentimiento antiestadounidense en América Latina,

en especial porque las raíces de la debacle se

perciben en el país norteamericano.

 

   En ellas se perciben las mismas fuerzas de

Wall Street que promueven la ideología neoliberal que promovió los TLC.

 

   "América Latina se verá profundamente

afectada por esta crisis", dijo Michael Shifter,

del centro de estudios Diálogo Interamericano,

con sede en Washington. "El malestar económico

que ya se siente podría agudizarse, lo cual

contribuiría con el resentimiento hacia Estados Unidos."

 

   De hecho, el Banco Interamericano de

Desarrollo (BID) informó el lunes que las remesas

de trabajadores latinoamericanos en Estados

Unidos a sus países de origen caerán por primera

vez desde que la institución comenzó a calcular

ese flujo en 2000. México y América Central

sufrirán la peor parte. La inversión privada

estadounidense en la región también se precipita.

 

   El Fondo Monetario Internacional (FMI)

pronosticó hace dos meses que el crecimiento

económico global de América Latina caerá del

cinco por ciento del año pasado a apenas 1,1 por

ciento en éste, un cálculo que hoy es considerado optimista.

 

   Las voces que claman por cambios en la

política comercial estadounidense o por la

renegociación del Nafta-TLCAN y del DR-Cafta,

acompañando una promesa de campaña del propio

Obama, se hacen cada vez más fuertes.

 

   Eso quedó de manifiesto en una reunión de

sindicalistas de Estados Unidos, México, América

Central y Colombia celebrada esta semana en

Washington y patrocinada conjuntamente por el

Instituto de Política Económica y el Foro Internacional de Derecho 

Laboral.

 

   Los participantes reclamaron nuevas políticas

que fortalezcan los derechos de los trabajadores

y la protección del ambiente en toda la región, y

que aseguren la no subordinación de las empresas

y comunidades locales a los inversores extranjeros.

 

   "Hubo consenso en que el modelo Nafta/Cafta

fracasó en su intención de cumplir la promesa de

beneficios tanto aquí como en América Latina, y

en que en el futuro deberán forjarse acuerdos que

promuevan los derechos laborales, el desarrollo y

el ambiente", dijo Tony Avirgan, del Instituto de Política Económica.

 

   "La crisis actual dejó esto aun más claro que

nunca, y abre la oportunidad para una

reformulación fundamental de la política

estadounidense por parte de Obama", agregó el experto.

 

 

(FIN/IPS/traen-mj/jl/ks/na la ca ip if fm wt sp dv/09)