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“Davos ha perdido su arrogancia”

RIO DE JANEIRO,  (IPS) .- "El Foro Social Mundial no creó sólo la ola progresista de América Latina, pero sería difícil concebirla sin él", dice Candido Grzybowski, Director del centro de estudios IBASE en Rio de Janeiro e integrante del Comité Internacional del FSM.  

Por Alejandro Kirk

¿Cuál es el principal objetivo político del Día de Acción Global, y qué eficacia puede tener?

El propósito de la jornada de movilización es, sobre todo, posibilitar un mayor arraigo del Foro Social Mundial (FSM) en ámbitos locales, dando a cada movimiento y organización la oportunidad de prestar atención a la dinámica local y a su relación con el proceso mundial. Las iniciativas no podrían ser más diversas, si bien van a coincidir en una misma fecha, el 26 de enero. Cada lugar, cada grupo tendrá una forma propia, ya sea de Foro clásico (como en Barcelona), de marcha (como en Belén, Brasil), de seminario (como en Rusia) o de evento político-cultural (como en Rio de Janeiro). Lo importante es demostrar que estamos juntos, como una red activa de ciudadanos –conectada en forma virtual mediante Internet– que se extiende por todo el mundo. La eficacia de la jornada puede evaluarse desde dos puntos de vista. Primero, como movilización e identidad local, y en este sentido pienso que el FSM saldrá muy fortalecido. Segundo, en términos de repercusión política sobre las sociedades civiles, los gobiernos y las estructuras de poder, las empresas, los medios de comunicación predominantes, etc. Esto último es más difícil de evaluar. Lo bueno es que el 26 de enero mantiene el contrapunto con el Foro Económico de Davos, que ya perdió gran parte de su arrogancia.

Gente como Walden Bello sugiere que el FSM debería adquirir una “nueva forma”. ¿Cómo ve usted al FSM en el futuro?

El FSM ya no es una novedad, pero sigue siendo una referencia real para la mayor parte de los movimientos, redes, campañas y entidades de todo el mundo, sobre todo para los más activos en la lucha contra la globalización neoliberal. Sin duda, el FSM debe comenzar una nueva etapa, pero sin dejar de ser un espacio abierto de encuentro de la diversidad, de temas colectivos y de pluralidad de perspectivas. Es indispensable que permanezcamos juntos, creando nuevas perspectivas y construyendo nuevas formas de actuación. Debemos mantener la unión no tanto por medio de propuestas, sino más bien por medio de valores y principios éticos comunes, y así enfrentar la “crisis de civilización” que la expansión radical de la globalización económico-financiera pone ante nuestros ojos: exacerbación de la desigualdad y de la exclusión social en el mundo, violencia, terrorismo, guerra, crisis ambiental. Las alternativas no son únicas sino diversas, como somos las personas y como es el mundo. La única certeza es que el mundo puede ser diferente a como es hoy. Dicho esto, pienso que el FSM perderá mucho si se transforma en una fuerza política con dirección central, en una especie de nueva corriente internacional de izquierda. No se trata de definir una plataforma mínima común, sino por el contrario, de que cada uno se sienta estimulado para realizar una innovación lo más radical posible, localizando y relocalizando la vida, tomando en cuenta la exigencia de un mundo inclusivo y sostenible. Lo que precisamos en el FSM es fortalecer el proceso de intercambio, la elaboración conjunta y la confrontación de ideas, antes, durante y después de los eventos. Pienso que es posible constituir especies de subforos en torno a algunas de las cuestiones que generen más compromiso. Pero estos subforos deberían constituirse en un plan de investigación y acción, de elaboración, de diálogo y de controversia. .

Desde el primer FSM, América Latina ha experimentado un notable vuelco hacia la izquierda, en diferentes formas. ¿En qué medida este vuelco está relacionado con el FSM? ¿Cree usted que este proceso conducirá a un cambio significativo, o que al final habrá un nuevo viraje hacia la derecha?
No tengo duda de que el nacimiento del FSM en Porto Alegre, Brasil, América del Sur, estuvo relacionado con las condiciones previas en la región: una región rebelde a las políticas neoliberales, comprometida en un proceso de democratización y que vivía una ola de izquierda, después de las dictaduras militares. El FSM no creó por sí solo esa ola, pero sin el FSM sería difícil imaginar el tamaño y la dinámica de esa ola. Lula se adhirió al FSM en la primera hora. Lo mismo hizo Evo Morales. Chávez siempre demostró su respaldo también. Las revueltas ciudadanas de la región contra gobiernos que actúan en contra de su plataforma electoral son conducidas orgánicamente por participantes activos del FSM. Es bueno que se reafirme: el FSM no propone nada por sí mismo. Las movilizaciones y coaliciones son decisiones autónomas de sus integrantes. Lo que digo es que el FSM puede alimentar y de hecho alimenta el activismo ciudadano, el sueño, la esperanza, particularmente en nuestra región. Pero los que conducen la acción concreta son los movimientos que respaldan tales acciones.

Desde mi punto de vista, sí están ocurriendo cambios, aunque no sean los de nuestros sueños. Ya es gran cosa sentirse bien siendo ciudadano de esta región. Como demócrata radical, pienso que el resultado es imprevisible, pero nunca tuvimos como ahora un contexto de disputas democráticas potencialmente transformadoras. Creo que estamos sentando las bases para un futuro diferente.

¿Puede adelantar algo sobre el FSM 2009?

 El evento central del FSM de 2009 tendrá lugar en Belén, en la Región Amazónica (compartida por nueve países de América del Sur). A pesar de las dificultades prácticas que casi todos enfrentarán para llegar hasta Belén, creo que esta sede marcará una nueva etapa para el Foro. En primer lugar, tiene un aspecto simbólico muy fuerte, que apunta a otra perspectiva. Mientras el mundo entero discute la nueva agenda –la cuestión ambiental– para después del terror y de la guerra, para después del neoliberalismo, nosotros demostramos nuestra adhesión radical a las causas del bien común natural, base de toda vida, como referencia de lo que somos y de lo que queremos. Vamos a poner en primer plano la densidad social y de perspectivas que muestran los pueblos de la selva en su resistencia a la embestida de las grandes empresas y de los depredadores de siempre. Vamos a rescatar una causa en su dimensión profundamente local y al mismo tiempo universal. No tengo dudas de que el FSM volverá a colocar nuestra agenda en el centro del debate mundial.

Por otro lado, después de la experiencia del Día de Acción Global, tendremos la oportunidad de producir un evento con diversas expresiones de la naciente y militante ciudadanía planetaria. Todavía no hemos resuelto la cuestión metodológica interna, de cómo organizar un diálogo tan central en la multiculturalidad y en la pluralidad de perspectivas. Pero el FSM va a encontrar su modo de lograrlo, como lo demuestra la experiencia de las ediciones anteriores. Nunca hemos realizado un FSM igual a otro; siempre innovamos. Y vamos a innovar una vez más, estoy seguro. (FIN/COPYRIGHT IPS)