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Debilidad gubernamental

Por Demetrio Sodi de la Tijera* / El Universal

 

 

Muchas son las cosas positivas que ha traído nuestra transición democrática en 20 años; la limitación a los poderes metaconstitucionales del presidencialismo y la pluralidad partidista redujeron el autoritarismo y el centralismo que ahogaban la vida nacional.
 

Hoy vivimos una auténtica división de poderes y un federalismo que desgraciadamente no han sido aprovechados. Los constantes desencuentros en el Congreso por dar prioridad a los intereses partidistas sobre los intereses nacionales tienen paradas las reformas que le urgen al país para salir adelante. Nuestra transición fortaleció al Poder Judicial, al Congreso y a los estados, pero ha debilitado al gobierno federal y al Presidente que, para no confrontarse con los legisladores y la oposición, ha renunciado a proponer los cambios que impulsen el crecimiento económico y el empleo y se ha conformado con pequeñas reformas.

 

Enfrentamos una profunda división que se refleja en el Congreso. Se quiere culpar a los legisladores por la falta de acuerdos, pero el problema es de fondo, ya que la división en las cámaras es sólo reflejo de los diferentes intereses políticos, económicos y sociales que existen. El país esta dividido entre el norte, que se desarrolla con el libre comercio, y el sur y sureste que se siguen rezagando.

 

La integración de un Congreso dividido es producto de esa división de la población que a la hora de votar hace imposible crear mayorías. Las reformas fiscal, laboral y energética están paradas porque no hay consenso sobre ellas, y no ha habido la habilidad política para lograr acuerdos. Cada sector ve por sus intereses, y el gobierno no ha podido conciliarlos.

 

Las perspectivas para los próximos años no son mejores; de hecho, si se vuelven realidad los pronósticos para el 5 julio, el Presidente y su partido recibirán un duro golpe que los debilitará y paralizará aún más. Por otro lado, una victoria del PRI hará que para ese partido la única prioridad sea debilitar al gobierno panista para recuperar la Presidencia en el 2012.

 

Las elecciones intermedias son, al final, un plebiscito sobre el gobierno, y una derrota no puede interpretarse sólo como resultado de la crisis, sino como reclamo de una población desilusionada con el gobierno, la alternancia y la democracia, y que prefiere volver al pasado que seguir por el incierto camino actual.

 

Desde hace años he propuesto integrar un Consejo Económico y Social en el que, con la participación del gobierno, los sectores productivos y miembros de la sociedad y la academia, se busquen los acuerdos sobre las reformas que requiere el país. Hoy más que nunca creo que su integración es la única alternativa para fortalecer al gobierno, salir de la crisis y la falta de acuerdos y proyectar al país hacia el futuro.

 

Un consejo así no sustituye o debilita al Congreso; abre un foro adicional independiente y apartidista para discutir y buscar acuerdos sobre los principales temas nacionales. El Congreso dividido es algo que vamos a enfrentar por años, por lo que un Consejo Económico y Social puede ser el foro que hace falta para dejar de lado los intereses partidistas de corto plazo por los intereses nacionales de largo plazo.

 

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(*) Analista político