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Desaguisado mundial

GINEBRA,  (IPS)  – La crisis alimentaria de los últimos dos meses,
con incrementos sustanciales de precios y escasez de productos, resucitó
un debate sobre las políticas agrícolas que entremezcla pareceres
favorables a reformas estructurales con reclamos de una moratoria
inmediata a los biocombustibles.

 Por Gustavo Capdevila

Las opiniones se multiplicaron esta semana, cuando la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), a través de la junta ejecutiva de jefes de sus
agencias, se dispone a divulgar las recomendaciones para hacer frente a la
crisis.

   Un experto de la misma ONU, Jean Ziegler, relator especial para el
Derecho a la Alimentación, se ilusionó con la posibilidad de que el foro
mundial adopte resoluciones para desmantelar la especulación que apuesta a
obtener beneficios con las cotizaciones de los productos básicos
agrícolas.

   Ziegler espera también que la ONU imponga una veda total a la
producción de agrocombustibles, porque "es un crimen contra una gran parte
de la humanidad", dijo a IPS.

   El académico suizo concluye este miércoles su mandato de relator,
iniciado en 2000 con la desaparecida Comisión de Derechos Humanos de la
ONU y proseguido desde 2007 con el organismo que la suplantó, el Consejo
de Derechos Humanos.

   A partir de agosto, Ziegler integrará el Comité Asesor del Consejo, un
cuerpo que reemplaza a la también fenecida Subcomisión de Derechos
Humanos.

   En un balance de su mandato, el relator estimó que el fenómeno de la
explosión de los precios del mercado mundial de alimentos se inserta en
una tragedia antigua que se prolonga hasta nuestros días: "la matanza
cotidiana del hambre".

   Cada cinco segundos, un niño menor de 10 años muere de hambre en el
mundo, donde a su vez 854 millones de personas carecen de alimentos
esenciales, recordó el experto citando datos de la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

   Los precios de los alimentos se han encarecido en 48 por ciento,
remarcó Ziegler fundado en la misma fuente. Los cereales aumentaron 130
por ciento, el arroz 74 por ciento, mientras la soja registró incrementos
de 87 por ciento, y el maíz de 53 por ciento.

   La situación se vuelve crítica en lugares como Malí, un tradicional
país agrícola de África, que ahora se encuentra bajo la férula del Fondo
Monetario Internacional (FMI) con políticas que lo obligan a importar 83
por ciento de sus alimentos, sostuvo el experto.

   Ziegler llamó la atención sobre la disparidad del peso de la
alimentación en los ingresos de las poblaciones de los países ricos y
pobres. Una familia europea, por ejemplo residente en Ginebra, destina a
los alimentos entre 19 y 12 por ciento de sus ingresos. En los países del
Sur, la comida se lleva entre 85 y 90 por ciento de los haberes de los
habitantes pobres, dijo.

   El relator atribuyó a Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, el
vaticinio de que antes de que las reformas estructurales tengan efecto,
dentro de cinco o seis años, los motines del hambre que han afectado en
las últimas semanas a unos 36 países se intensificarán y el número de
personas muertas "aumentará de manera espantosa".

   Otra experta independiente, Celine Charveriat, de la organización no
gubernamental Oxfam, recalcó que además de brindar ayuda urgente a las
poblaciones afectadas por la crisis alimentaria, este es el momento para
encarar los problemas estructurales que la exacerban, como son la
decreciente inversión en la agricultura y las normas comerciales injustas.

   Oxfam también comparte la idea de acabar con las políticas de aliento a
los biocombustibles en los países ricos porque está "ampliamente
reconocido que alimentan los aumentos de precios y la especulación".

   Los biocombustibles –etanol y biodiésel– se destilan a partir de
vegetales alimenticios como el maíz, la caña de azúcar, la soja y la palma
aceitera, entre otros. Su reciente impulso obedece a que su combustión
causa menor contaminación climática que los derivados del petróleo.

   Los expertos han pronosticado que los objetivos establecidos en
biocombustibles pueden elevar para el año 2025 en otros 600 millones el
número de personas con hambre en el mundo.

   Ziegler insistió en que una de las principales causas de la crisis
alimentaria es la transformación masiva de alimentos en combustibles.
Estados Unidos ha quemado una tercera parte de su cosecha de maíz, de 130
millones de toneladas, para obtener etanol, afirmó.

   El gobierno de George W. Bush subvencionó con fondos públicos la
producción de etanol en 2007. El argumento es que los automotores que
ruedan por Estados Unidos contaminan, y el clima está en peligro. Por eso
hay que sustituir en lo posible el combustible fósil por el vegetal, que
contamina menos, describió Ziegler.

   Otro razonamiento que Bush toma en cuenta es que 31 por ciento del
petróleo consumido por Estados Unidos proviene del extranjero,
especialmente de "regiones que son militarmente poco seguras", como Medio
Oriente. Por lo tanto, hay que reducir esa dependencia, mencionó el
relator.

   En ese contexto, Ziegler aludió a una frase pronunciada por Bush en un
discurso, cuando afirmó que con sus yacimientos submarinos, el Golfo de
México "se ha convertido en el Golfo Pérsico, sin terrorismo".

   El relator de la ONU se refirió a la especulación como otra causa de la
crisis. El lugar donde se especula es el Chicago Mercantile Exchange, la
bolsa más antigua y la mayor del comercio agrícola mundial, que es
dominada por cinco o seis grandes sociedades transcontinentales, dijo.

   Por ejemplo, Cargill controla 500 millones de toneladas de la cosecha
mundial de cereales, lo que equivale a una cuarta parte del volumen total,
de unos 2.000 millones de toneladas, sostuvo. En esas condiciones, tiene
un enorme poder sobre los precios, el transporte y el almacenaje, dedujo
Ziegler.

   También la organización no gubernamental Grain sostuvo que las grandes
empresas agroindustriales obtienen suculentos beneficios en medio de la
crisis alimentaria mundial.

   Cargill, número uno del sector cerealero, aumentó sus ganancias en 86
por ciento durante el primer trimestre de este año. Bunge, otro gran
comerciante de alimentos, registró incrementos de 77 por ciento en sus
beneficios del último trimestre de 2007.

   Grain culpa al FMI y al Banco Mundial por haber presionado en los
últimos 30 años a los países para que desmantelaran todas las formas de
protección de sus agricultores, abriendo los mercados a la agroindustria
mundial, a los especuladores y a los alimentos subvencionados que exportan
las naciones ricas.

   Así, la mayoría de los países en desarrollo se transformaron de
exportadores de alimentos en importadores. En la actualidad, cerca de 70
por ciento de las naciones en desarrollo son importadoras netas en ese
rubro, dijo Grain. (FIN/IPS/pc/dcl/wd md pr dv/08)