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El drama mundial del desempleo

 

Por Ernesto Montero Acuña / Revista Siempre!

 

Mary Hallam, residente en la localidad de Cranston, Rhode Island, sufre la dramática situación del desempleo mundial, que la arrojaría a la calle con sus dos hijos, si no fuera por sus padres.
El pequeño estado norteamericano sigue al de Michigan en el porcentaje de desocupación estadounidense, pues una de cada 10 personas activas se encuentra allí sin trabajo.
Los progenitores de Mary Hallam, con los cuales comparte la vivienda de aquéllos, tampoco están en mejor situación que ella, debido a que también son desempleados.
“Mi papá trabajó en la misma empresa por 25 años”, declaró Mary Hallam a la prensa; durante ese período “pagó sus impuestos y ahora ni siquiera puede recibir ayuda del Estado” para cubrir los gastos médicos. “Es muy triste”, concluyó.
Su caso familiar ilustra acerca de cómo el trabajo de los obreros genera el desempleo de una parte de ellos, a medida que reproducen el capitalismo, un hecho que encuentra hoy creciente demostración en el avance de la crisis económica mundial.
Este callejón sin salida sistémica es más grave en los países pobres, cuyos habitantes tratan, en millones de casos, de solucionar su drama humano emigrando hacia el Norte que suponen salvador. Pero en el cual, si consiguen empleo, debe ser con salarios inferiores y en peores condiciones que sus congéneres de los países receptores y enfrentándose a ellos.
De diversas maneras esta situación se expande en mayor medida por el mundo, desde la crisis iniciada en agosto de 2007 en Estados Unidos, donde sólo en enero pasado se eliminaron casi 600 mil empleos no agrícolas, la cifra más alta de despidos en 34 años.
Christina Romer, miembro del consejo presidencial de economistas, declaró al respecto que el informe de “la Oficina de Estadísticas Laborales es la última evidencia de que la economía estadounidense se contrae agudamente”.
Sobre los 900 mil millones de dólares impulsados por el gobierno de Barack Obama, consideró que tales cifras de desocupación y el sufrimiento muy real de los trabajadores estadounidenses, refuerzan la necesidad de una enérgica acción fiscal. Pues, “si no actuamos, probablemente perdamos millones de empleos más” y la tasa de desempleo alcance dos dígitos.
El pasado 7 de febrero la prensa mundial publicaba que ésta había subido al 7.6 por ciento en enero, cuatro décimas en un mes, alcanzando un nivel no visto en 17 años.
La recesión se había llevado por delante 3.6 millones de puestos de trabajo hasta diciembre, la mitad de los cuales se perdieron durante los últimos tres meses, a un ritmo nunca visto. Pero enero es, hasta ahora, el peor mes de la crisis.
Entretanto, la consultora laboral Challenger, Gray & Christmas añadía que aún no se reflejan los masivos despidos anunciados por grandes gigantes corporativos estadounidenses como Microsoft, Boeing, Caterpilar, Kodak, Pfizer, Starbucks, Home Depot, SprintNextel o Ford Motor, los que aspiran a reducir costes desprendiéndose de 241 mil 750 trabajadores este año.
De ese modo pretenden el imposible de preservar el sistema despojándolo de sus sostenedores y, en general, privándolos de sus derechos esenciales, incluidas la vida decorosa y la realización como seres humanos. En lo inmediato, el desempleo podría elevarse al nueve por ciento en momentos en que el total de desocupados asciende a 11.6 millones, los que representan 4.1 millones más que un año atrás.
Los desempleados de larga duración ascienden a 2.6 millones y los que desempeñan empleos temporales -“subempleados o desempleados en la práctica ” – ascienden a 7.8 millones, 3.1 millones por encima del año anterior.
Esta ola que va más allá de Estados Unidos provoca, según la agencia Reuters, que los funcionarios de todo el mundo teman que “la crisis global pueda resultar en una nueva ola de políticas proteccionistas”, a la vez que reconocía “señales perturbadoras de inestabilidad social y huelgas en Europa”.
A la espera de novedades respecto del plan impulsado en Washington, las bolsas europeas y asiáticas cayeron, revirtiendo ganancias recientes, y otros indicadores prosiguieron su ya marcado deterioro.
Desde antes, se reportaba un declive del dominante sector de servicios en el Viejo Continente, aunque se depositaba la esperanza en que China coadyuvara “a levantar los precios de las acciones asiáticas”.
Como contraste, la empresa electrónica japonesa Panasonic anunciaba coincidentemente la eliminación de 15 mil puestos de trabajo y el cierre de 27 plantas en el mundo, para enfrentar los efectos de la crisis.
Uniéndose en el declive a Sony, Hitachi, Toshiba y Nec, el grupo de Osaka calcula un déficit desde ahora hasta el 31 de marzo próximo cercano a los 380 mil millones de yenes -algo más de tres mil 200 millones de euros- contra los 310 mil millones de yenes previstos como ganancia en abril pasado.
El Fondo Monetario Internacional estima, por otro lado, que en Africa el crecimiento económico caerá al 3.25 por ciento este año, desde un promedio del seis por ciento durante los dos años anteriores.
Expertos consideran que esperanzas iniciales de que el continente más pobre del mundo evitaría la peor contracción crediticia fueron prematuras y que será golpeado por una caída en la demanda de las materias primas, menor inversión extranjera y una reducción de remesas, turismo e impuestos.
En América Latina, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas reportó el 2 de febrero que la producción industrial se contrajo en diciembre en el 12.4 por ciento, el declive más pronunciado en 17 años; y expertos aseguran que el Producto Interno Bruto mexicano registrará una cifra negativa del 1.7 por ciento al cierre del 2009.
Se espera que la caída económica de este último país, influida porque el 84 por ciento de sus exportaciones está dirigido a Estados Unidos, provocará la pérdida de 340 mil empleos.
Canadá reportó en enero 129 mil desempleados más, los que representan tres veces el estimado de los economistas, quienes se alarman ahora por una situación “horrible” y “chocante” en la esfera laboral. Mientras tanto, Marissa Stewart-White, madre soltera de una niña de nueve años y residente en el estadounidense Rhode Island, dice que “ahora pasamos por un momento muy duro”, debido a que se encuentra desempleada, luego de 15 años de trabajo y a pesar de su licenciatura en economía y sistemas.
Se reclama al gobierno un rápido y ambicioso plan que solucione el problema, pero esto no dependerá de los millones que destinen las autoridades a “reflotar” instituciones y transnacionales en quiebra, sino de que los trabajadores sean los principales beneficiarios y no los primeros y mayores afectados.
El plan reclamado por el presidente Obama al Congreso adolece de insuficiencias, agudizadas por la oposición republicana, que consiguió en el Senado ampliar los recortes de impuestos —por unos 100 mil millones de dólares— para los hogares y empresas y disminuyó en gran medida los gastos sociales.