MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

Expansion del Comercio Mundial Contra-resta Turbulencias Financieras

GINEBRA,(IPS) .- El sistema comercial multilateral cumplió ya 60 años, una edad en la cual es sensato examinar las lecciones del pasado y sacar provecho de ellas a fin de enfrentar los desafíos que se presenten.

Por Pascal Lamy (*)

El comercio se expandió rápidamente en la era de la posguerra mundial y los niveles de vida se elevaron en muchos países. Pero, a pesar de sus éxitos, el sistema comercial global también mostró notables defectos. Importantes áreas del comercio, incluyendo la agricultura y los servicios, quedaron
fuera de las reglas del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT).

Esas omisiones, unidas al aumento del proteccionismo después de las conmociones provocadas por el precio del petróleo en los años 70 y a la reestructuración industrial en los países desarrollados en los años 80, requirieron que el GATT se reinventara a sí mismo. En 1986, los países integrantes de ese acuerdo respondieron a esos desafíos con el lanzamiento de la Ronda Uruguay.

El acuerdo en la Ronda Uruguay en 1994 llevó a la creación el año siguiente
de la Organización Mundial del Comercio (OMC), una institución que permitió
a los gobiernos y al sistema económico multilateral enfrentar mejor los
desafíos del nuevo milenio. No sólo se dio a la OMC responsabilidad en
nuevas áreas del comercio, como agricultura, servicios, textiles y la
propiedad intelectual relacionada con el comercio, sino que también se creó
un nuevo sistema vinculante de solución de disputas que aseguró a los
miembros de la organización una mejor protección de sus derechos.

Con el lanzamiento de la Ronda Doha en 2001, el sistema comercial intentó
otra vez adaptarse a las nuevas realidades geopolíticas. De alcanzarse el
ambicioso acuerdo orientado hacia el desarrollo planteado en la Ronda, se
fortalecerá ulteriormente un sistema que ya ha hecho mucho para lograr que
el mundo sea un lugar mejor para vivir.

Desde 1950, el comercio mundial creció más de 20 veces y se expandió tres
veces más rápidamente que el crecimiento de la producción en el mundo.
Típicamente, las ganancias se diseminaron a través de la vasta mayoría de
los consumidores silenciosos y de los inversionistas. Pero no se puede negar
que también hay perdedores. En muchas de nuestras sociedades el comercio es
el chivo emisario en los casos de destrucción de puestos de trabajo y de
caída de los niveles de vida. Acerca de este punto existe generalmente
acuerdo entre los economistas en cuanto a que la causa prmaria de la pérdida
de ocupación en el sector manufacturero no es el comercio sino el incremento
de la productividad debida a mejoras en la tecnología.

Es verdad que el comercio internacional contribuye a una más rápida
transferencia de tecnología. La apertura de mercados de servicios a
proveedores extranjeros ha facilitado el movimiento de ideas y de personas.
Para los consumidores, esta nueva serie de opciones ha sido de tremendo
beneficio. Lo malo es que ha suscitado inquietudes entre los obreros y los
empleados en los países desarrollados, quienes se preocupan porque la
tecnología ha dejado desprotegidos a sectores enteros de la economía ante la
competencia mundial.

También es claro que el crecimiento económico resultante de la expansión del
comercio mundial no ha sido equitativamente distribuido en el interior de
nuestras sociedades, que han visto un incremento de la desigualdad y
alteraciones en sus tejidos económicos y sociales. La lección aprendida en
estos 60 años es que en los países desarrollados y en las naciones en
desarrollo debe haber una continuidad en la articulación entre el comercio y
las políticas domésticas. Si queremos avanzar en la consecución de logros en
el sistema comercial global a través de una mayor apertura es esencial que
los países adopten las reformas domésticas necesarias y sigan las secuencias
apropiadas. Ello significa contar con redes adecuadas de seguridad social y
una amplia disponibilidad de oportunidades para la educación y la capacitación.

Para que sus programas de crecimiento tengan éxito los países en desarrollo
necesitan capital. Pueden tanto atraerlo como inversión externa, pedirlo
prestado o importarlo por medio del comercio internacional. El camino más
seguro, barato y sostenible es el de importarlo. Las políticas abiertas han
cambiado considerablemente la cara de las economías emergentes. China,
India, México, Corea del Sur, Tailandia, Indonesia, Argentina, Sudáfrica y
Chile, sin mencionar a los países de Europa Central y Oriental, han hecho
las cosas extremadamente bien en una serie de sectores manufactureros.

Pero, para enfrentar los desafíos, los miembros de la OMC necesitan mostrar
su liderazgo y recorrer el último kilómetro que queda para concluir la Ronda
Doha en 2008. En unos tiempos en los que las nubes se están oscureciendo en
el cielo de la economía mundial, la Ronda Doha es la única iniciativa global
que puede estimular la confianza de los actores del comercio, los
trabajadores y los consumidores. Un acuerdo de ese tipo enviaría la poderosa
señal de que más de 150 países tienen la confianza necesaria para resistir
ante el proteccionismo, para crear un sistema comercial más justo y
equilibrado y para poner cimientos sostenibles para el desarrollo en el
siglo XXI. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC).