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Fuego pesado desde la otra orilla

 


Por Gustavo Capdevila


DAVOS, Suiza,  (IPS)  – Uno de los pocos indicadores en ascenso en 

esta época de crisis económica y financiera es el que mide el tono de la 

repulsa contra los responsables del desastre y contra las instituciones 

que los patrocinaban.

 

Así quedó en evidencia en esta ciudad turística del este de Suiza, donde 

sostiene su sesión anual el Foro Económico Mundial (FEM), una de esas 

entidades que en las últimas décadas han amparado las políticas de 

desregulación identificadas como causantes de la crisis.

 

  La parlamentaria socialista suiza Susanne Leutenegger empleó por 

ejemplo un matiz  subido para relacionar al FEM con la crisis. El foro de 

Davos ha sido "una de las agencias ideológicas detrás del proceso" de esas 

políticas, dijo.

 

  En las sesiones del foro, iniciadas hace 39 años, "se cruzaban las 

finanzas, la industria y la política", recordó Leutenegger. Allí se 

establecían contactos y redes informales, mientras los políticos se 

sentaban "en la mesa de los empleados domésticos" y los medios de 

comunicación "se entusiasmaban con los ricos y los poderosos" del mundo, 

prosiguió.

 

  La legisladora habló en la presentación de las distinciones del Ojo 

Público de Davos, una especie de "premio de la vergüenza" que dos 

organizaciones no gubernamentales, la suiza Declaración de Berna y 

Greenpeace, otorgan irónicamente a empresas que hayan violado principios 

éticos y conservacionistas.

 

  A través de esos premios y del contenido político de las ceremonias de 

entrega, el Ojo Público ha sido, en sus 10 años de vida, uno de los 

observadores más críticos del Foro de Davos.

 

  Por esa época, los medios de comunicación "en su frenesí en torno a 

Davos, ahogaban los impulsos críticos en favor de una economía más social 

y de políticas sustentables", apuntó Leutenegger.

 

  El Premio Global de este año fue otorgado a la minera estadounidense 

Newmont, la mayor productora de oro del mundo, por las prácticas 

"escandalosas" que aplica en sus establecimientos del este Ghana, donde 

destruye hábitat naturales únicos, obliga a reasentamientos forzados de 

pobladores y contamina el suelo y los ríos, según dijo el jurado.

 

  En cuanto al premio correspondiente a empresas suizas, este año 

correspondió a la empresa de energía BKW, por construir en Alemania una 

central de generación térmica a carbón, el combustible más contaminante, 

dijeron las dos organizaciones.

 

  En contraste, el Ojo Público entregó también un Premio Positivo, que 

reconoció los esfuerzos de dos dirigentes obreros colombianos, Jairo 

Quiroz y Freddy Lozano, y de su sindicato Sintracarbón, para revertir la 

decisión de una empresa transnacional minera que desalojó a unas 800 

familias de afrodescendientes para expandir su yacimiento de El Cerrejón, 

en el noreste de Colombia.

 

  En realidad, el mensaje de los premios negativos identificó a dos 

compañías que ejemplifican los abusos sociales y ambientales de todos los 

miembros del FEM y de las grandes empresas, que son la imagen de la 

globalización sólo fundada en la ganancia, dijeron las dos entidades 

organizadoras.

 

  Por esa razón, la Declaración de Berna y Greenpeace dirigieron este 

jueves una carta al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidiéndole 

que "establezca ya regulaciones sobre las empresas".

 

  Hasta ahora, todos los esfuerzos por adoptar reglas jurídicas 

vinculantes para las empresas transnacionales han fracasado a causa de la 

oposición de Estados Unidos, sostuvieron.

 

  El mensaje a Obama solicita que en el futuro, todos los proyectos de 

las transnacionales respeten los derechos de las comunidades asentadas en 

el lugar donde se llevarán a cabo. También piden que no exista impunidad 

para esas empresas en caso de violación de las normas.

 

  Las dos organizaciones pretenden que el Ojo Público se convierta en un 

punto de encuentro para todos los críticos del Foro de Davos, dijo Oliver 

Classen, de la Declaración de Berna.

 

  Las actividades del FEM deparan también críticas contra las autoridades 

suizas por el apoyo que brindan a la reunión de Davos. El Foro es una 

asamblea privada, pero el gobierno suizo la subvenciona con ocho millones 

de francos, unos siete millones de dólares, en su mayoría para servicios 

de seguridad, dijo Leutenegger.

 

  La parlamentaria socialista calculó que si se tomaran en cuenta todas 

las erogaciones del Estado suizo destinadas al Foro de Davos, ascenderían 

a unos 20 millones de francos, alrededor de 17,6 millones de dólares.

 

  Las policías de varios cantones, los estados federales de Suiza, y unos 

5.000 soldados del ejército son desplazados durante esta semana de 

sesiones de Davos. Al mismo tiempo, la fuerza aérea nacional, secundada 

por su par de la vecina Austria, controla la seguridad del espacio aéreo 

sobre Davos.

 

  Leutenegger observó que la mayoría de las manifestaciones callejeras de 

protesta contra el Foro de Davos están prohibidas. La libertad de palabra 

y el derecho de reunión quedan virtualmente suspendidos en todo el país 

durante el desarrollo del Foro, insistió.

 

  Una manifestación contra el Foro de Davos, convocada por organizaciones 

sociales y políticas de izquierda para este sábado en Ginebra, ha sido 

prohibida por las autoridades.

 

  La parlamentaria comentó que la revolución neoliberal parece haber 

fracasado rotundamente en el mundo y que ahora sus "desvergonzados 

promotores pretenden obtener dinero sin costo del Estado".

 

  Sin embargo, el Foro de Davos, "un exitoso gestor de ese modelo de 

negocios, lo pasa muy bien", dijo Leutenegger. Según sus estimaciones, las 

1.000 empresas más grandes del mundo, que son miembros del FEM, le aportan 

anualmente unos 40 millones de francos, algo más de 35 millones de 

dólares.

 

  En total, sumadas las contribuciones especiales de las compañías 

financieras y las tarifas que percibe de los participantes del Foro, la 

entidad, que funciona en Suiza como una fundación de beneficencia, obtiene 

anualmente unos 100 millones de francos, alrededor de 88 millones de 

dólares.

 

  Leutenegger dedicó también algunas observaciones a la izquierda y a los 

sindicatos porque "fracasaron en establecer las presiones necesarias para 

contener los elementos que precipitaron la crisis".

 

  Se necesita una discusión fundamental, especialmente en la izquierda, 

en los sindicatos y en los movimientos sociales, sobre la construcción de 

un sistema poscapitalista y su aplicación, recomendó.(FIN/IPS/pc/dcl/wd if 

ip dv cs fm/09)