MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

Guerra sucia para ocultar el desplome del PIB


Algo sucedió que el INEGI y la Secretaría de Hacienda tuvieron que reconocer abiertamente el desplome histórico del Producto Interno Bruto del país. De acuerdo a analistas, la contracción del 8.2 por ciento de la economía mexicana supera la previsión más pesimista del gobierno federal y muestra con toda crudeza la destrucción de una parte importante de la riqueza nacional.

Evidentemente, las autoridades —a pesar de los esfuerzos hechos a lo largo de varias semanas— no pudieron detener más la información. Las razones pueden ser varias. Desde las presiones que han comenzado a recibir de los distintos órganos financieros internacionales para mostrar con transparencia el impacto interno de la recesión global, hasta la imposibilidad de seguir ocultando lo que viene: la agonía y en algunos casos la muerte definitiva de diferentes ramas de la economía.

Decir que el PIB ha caído 8.2 por ciento parece una forma dosificada de dar una mala noticia. Aunque hoy se dice que el desplome económico no es tan grave como el de 1995 —cuando el PIB cayó 14.9 por ciento— lo cierto es que en la actualidad es notorio —en lo cotidiano, en el día a día— la defunción de la vida económica nacional. Todo hace pensar, entonces, que el gobierno sólo está preparando a la sociedad para lo peor.

El anuncio se da dentro de una coyuntura sui generis: después de que el PAN-gobierno ha puesto a funcionar toda la maquinaria del Estado para “desaparecer” de la atención del electorado las campañas institucionales de los partidos y sustituirlas por la guerra sucia. La epidemia de influenza se utilizó, incluso, electoralmente.

La pregunta, entonces, es obvia: ¿hasta dónde la guerra sucia ha terminado por afectar aún más la economía? Cualquiera sabe que es fundamental para el crecimiento económico la captación de inversiones y que para ello es necesaria la creación de una atmósfera política adecuada que dé confianza y estabilidad.

El PAN-gobierno ha hecho exactamente lo contrario de lo que requería el país en este momento. Recurrir a la industria del insulto,
utilizar el proceso electoral para destruir a los adversarios —creando con ello más confusión, mayor zozobra entre una población golpeada por la inflación y el desempleo—, se ha convertido en una pésima estrategia que recuerda aquella célebre narración del escritor argentino Jorge Bucay: “Cuentan que un peregrino se encontró con la Peste y le preguntó a dónde iba: «a Bagdad —le contestó ésta— a matar a cinco mil personas». Pasó una semana y cuando el peregrino se volvió a encontrar con la Peste que regresaba de su viaje la interpeló indignado: «¡me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas y mataste a cincuenta mil!» «No —respondió la Peste—. Yo sólo maté a cinco mil, el resto se murió de miedo»”.

De igual forma el PAN-gobierno ha recurrido a la guerra sucia y a la Peste para exterminar a sus adversarios; empero, lo único que ha logrado con ello es ayudar a que la recesión termine de dar muerte a varios sectores de la economía nacional.