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La única salida es regular

WASHINGTON,  (IPS)  – La sangre derramada desde Wall Street sobre 

los hogares estadounidenses y en la economía internacional levantó el 

clamor por una regulación más estricta de los grandes actores de la 

economía de este país.

Por Alison Raphael

 

Este jueves, la primera preocupación fue la salud de los dos bancos de 

inversión de gran porte que sobrevivieron a la debacle, Goldman Sachs y 

Morgan Stanley, así como la de la firma Washington Mutual, con sede en 

Washington.

 

  Al mediodía, se rumoreaba que Morgan Stanley podría ser adquirido para 

su rescate por Wachovia Corporation, de Carolina del Norte, la cuarta 

cadena bancaria de Estados Unidos, con presencia en 21 estados y en seis 

países latinoamericanos.

 

  Todas las llamadas de alarma debieron dirigirse después al presidente 

de la Reserva Federal (órgano que tiene las funciones de banco central) y 

al Departamento del Tesoro (ministerio de hacienda).

 

  Luego de intensas reuniones y consultas telefónicas, la Reserva Federal 

inyectó 55.000 millones de dólares a bancos estadounidenses y 180.000 

millones a bancos centrales de todo el mundo, con el objetivo de 

estabilizar los mercados financieros.

 

  ¿Bastará eso, y el salvavidas del Estado al American Insurance Group y 

a las compañías hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, para frenar la 

crisis?

 

  Los expertos lo dudan, e insisten en que la única solución real a largo 

plazo es una regulación más estricta de los mercados financieros.

 

  Así lo expresaron, por ejemplo, los periodistas especializados de la 

revista Time y del diario The Washington Post, dos de los medios de prensa 

más influyentes del país.

 

  "El temor se ha generalizado ahora porque los mercados financieros y 

muchas instituciones de crédito no mostraron, durante años, ningún temor. 

Wall Street no tenía por qué preocuparse por las regulaciones", lo cual lo 

convirtió en un "invernadero de codicia", escribieron en el sitio web de 

Time los periodistas Andy Server y Allan Sloan.

 

  The Washington Post acusó al gobierno por no controlar las 

maquinaciones de Fannie Mae y Freddy Mac, cuya entonces inminente caída 

desató la crisis la semana pasada. El rescate del Estado les costó a los 

contribuyentes miles de millones de dólares.

 

  El Centro para el Progreso de Estados Unidos, institución académica con 

sede en Washington, también atribuyó buena parte de la responsabilidad a 

la falta de regulaciones. La "política de no intervención" del presidente 

George W. Bush "fue lo que impulsó la actual crisis", anotó.

 

  "Luego de siete años y medio a cargo, los reguladores del gobierno de 

Bush no reconocieron cómo la debacle actual pudo haberse evitado con un 

control más efectivo de los mercados financieros, ni entienden cómo la 

resolución de esta crisis comienza con propietarios de vivienda 

individuales", escribió Andrew Jakabovics en el sitio web del Centro.

 

  El profesor de economía James K. Galbraith, de la Universidad de Texas 

en Austin, explicó que "la desregulación ha sido parte del credo del 

público y del sector ciudadano" desde la presidencia de Ronald Reagan 

(1981-1989).

 

  Durante la de Bush, el hoy ex presidente de la Reserva Federal Alan 

Greenspan lanzó "olas de finanzas predadoras" en el mercado inmobiliario, 

para lo que fue acompañado por el principal asesor económico del candidato 

presidencial oficialista John McCain, Phil Gramm, "y por autodenominados 

reguladores que sistemáticamente subvirtieron el interés público", añadió 

Galbraith.

 

  Reagan solía ilustrar su política desreguladora con la frase "el 

gobierno no es la solución, sino el problema".

 

  El ex presidente, fallecido en 2004, propició la eliminación de los 

controles gubernamentales sobre una amplia gama de instituciones e 

instrumentos financieros, en consonancia con su fe en el libre mercado, 

compartida por la mayoría de sus correligionarios en el Partido 

Republicano.

 

  La aprobación en 1999 de la Ley de Modernización de Servicios 

Financieros, propuesta por los legisladores republicanos Phil Gramm y Jim 

Leach, eliminó controles financieros impuestos desde los tiempos de 

Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), el presidente que puso fin a la 

crisis de 1929.

 

  Roosevelt había prohibido la fusión entre firmas del sector bancario, 

de intermediación financiera y de seguros.

 

  El Servicio de Investigaciones del Congreso legislativo desaprobó los 

proyectos desreguladores. A pesar de eso, la mayoría republicana se impuso 

en 1999. Menos de 10 años después, las consecuencias están a la vista.

 

  La mayoría de los analistas se resisten a pronosticar el futuro, pero 

coinciden en que la turbulencia y las tragedias familiares continuarán en 

el mediano plazo.

 

  La experta Nomi Prins, quien trabajó en firmas financieras como Bear 

Sterns, Lehman Brothers y Goldman Sachs, reclama urgentes reformas. "Sólo 

se podrá arreglar lo que se ha roto con medidas radicales y con una 

regulación decisiva", sentenció.

 

  La complejidad de las instituciones creadas por las fusiones a raíz de 

la reforma de 1999 impide el control por parte del Estado, advirtió. La 

Reserva Federal, por ejemplo, no tiene entre sus funciones la supervisión 

del mercado de seguros.

 

  En las medidas tomadas por Washington en la última semana "no hay 

diálogo ni estrategia", dijo Prins a IPS.

 

  "Hagan lo que hagan los políticos, nuestra sociedad será más pobre que 

antes", porque el crédito será más difícil de obtener y los 

estadounidenses deberán aprender a vivir con sus ingresos, observaron 

Server y Sloan en Time.com.

 

  "Durante un año, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro han 

apuntalado a los mercados con la esperanza de que el sistema se recuperara 

por sí mismo. Pero no lo hará, y el colapso de Lehman debería marcar el 

fin de ese enfoque", concluyeron.

(FIN/IPS/traen-mj/ar/ks/na if ip sp fe/08)