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La Crisis Financiera y su Pecado Original

 


Por Luiz Carlos Bresser-Pereira (*)




SAN PABLO,  (IPS)  .- La crisis financiera que estremece el mundo es 

grave, pero no es comparable a la de1929. Es una profunda crisis de 

confianza causada por una cadena de préstamos de origen inmobiliario 

basados en préstamos insolventes que está llevando a bancos y otras 

empresas financieras a una situacióon de quiebra. 

 

Entretanto, vista la pronta reacción de los gobiernos de los países 

afectados, no hay motivos para el pesimismo. Estoy seguro de que 

pronto los mercados volverán a la razón, las bolsas recuperarán parte 

de sus pérdidas, las tasas de cambio recuperarán la estabilidad y la 

recesión -inevitable- no será equiparable a la de 1929.

 

Hay una serie de hechos que hoy están claros. Primero, una crisis 

bancaria que tiene lugar en el centro del capitalismo es diferente a 

la crisis en la balanza de pagos común a los países en desarrollo que 

intentaban, hasta los años 90,  un crecimiento con ahorro externo, o 

sea con  déficit en la cuenta corriente y deuda externa.  Los grandes 

déficit en cuenta corriente que marcaron la economía estadounidense en 

esta década, combinados con grandes déficit públicos no son, sin 

embargo, ajenos a la crisis bancaria. La falta de confianza no sólo 

apunta a los bancos y al mercado, también a la economía estadounidense 

en su conjunto, gravemente debilitada por esas políticas irresponsables.

 

Segundo, la causa directa de la crisis ha sido la concesión de 

préstamos hipotecarios imprudentes a acreedores  que no tenían 

capacidad de pago  o no la tendrían ante un aumento de los intereses, 

como efectivamente sucedió. Esto no hubiera sido tan grave si los 

agentes financieros no hubieran recurrido a innovaciones imprudentes 

para "securitizar" .los títulos  "intoxicados", transformándolos en 

títulos AAA, no por obra y gracia del Espíritu Santo sino de agencias 

de riesgo interesadas en agradar a sus clientes. 

 

Tercero, esto pudo suceder porque los sistemas financieros nacionales 

han sido sistemáticamente desregulados desde que, a mediados de los 

años 70, se propagó la ideología neoliberal o fundamentalista de 

mercado que afirma que los mercados son siempre eficientes o al menos 

más eficientes que cualquier intervención correctiva del Estado y 

pueden autorregularse perfectamente.

 

Cuarto, esta ideología ultraliberal ha sido legitimada en Estados 

Unidos por la teoría económica neoclásica, escuela de pensamiento 

dominante entre 1870 y 1930, que después decayó y fue sustituida por 

la teoría macroeconómica keynesiana que prevaleció hasta mediados de 

los años 70, y volvió a una posición dominante en los últimos decenios 

por razones esencialmente ideológicas.  

 

Quinto, esa teoría económica fue utilizada mayormente, no por los 

responsables de las políticas económicas gubernamentales,  sino 

sobretodo por los analistas de macroeconomía en las empresas y en 

publicaciones especializadas, porque el presupuesto neoclásico  de los 

mercados eficientes dispensa cualquier política económica que no sea 

la de ajuste fiscal. Todo lo restante debe ser liberalizado y 

desregulado. Como los gobiernos necesitan orientar sus políticas 

monetarias siguieron empleando el instrumental keynesiano de manera 

pragmática. Los experimentos macroeconómicos neoclásicos fueron 

reservados para los países en desarrollo. Entretanto, como los países 

ricos liderados por Washington no escaparon a la prescripción 

desreguladora,  hicieron como el escorpión que se muerde la propia cola. 

 

Hoy, cuando vemos la resurgencia del Estado como única tabla de 

salvación, resulta evidente lo absurdo de la oposición entre mercado y 

Estado postulada por neoliberales y neoclásicos. Estos pueden oponerse 

a la coordinación del mercado por el Estado, pero no tiene sentido que 

se coloquen en contra del Estado, para disminuirlo o debilitarlo. El 

Estado es mucho más grande que el mercado; es el sistema 

constitucional-legal y la organización que lo sostiene. Cabe al Estado 

regular y garantizar al mercado y, como ahora se vé, actuar como 

prestamista de última instancia.

 

Todo esto está claro, pero ¿por qué los mercados se están resistiendo 

a recuperar la confianza pese a las fuertes medidas que en todo el 

mundo se están adoptando? No tengo una respuesta clara pero creo que 

dos factores contribuyen a ahondar la desconfianza. Por un lado, el 

debilitamiento de la hegemonía estadounidense en los años 2000, no 

sólo por los déficit gemelos sino también por la guerra de Iraq, las 

violaciones de los derechos humanos, la instrumentaciónn de la 

democracia como forma de dominación. Por otra parte, un error 

específico cometido por el Tesoro norteamericano: no haber salvado al 

banco Lehman Brothers. Los grandes bancos no deben quebrar, el riesgo 

de crisis sistémica es muy grave. Inmediatamente después de esa 

omisión el cuadro financiero mundial sufrió un brusco deterioro.

 

Estoy seguro de que la confianza no tardará en regresar, aunque dejará 

cicatrices a Estados Unidos y perjuicios a todos,  probablemente con 

una recesión de unos dos años. Pero será muy diferente a la recesión 

de los años 1930 porque en aquella época Washington demoró cuatro años 

su reacción. Hoy en día, mediante instrumentos kenesyanos y 

pragmáticos no sólo Washington sino todos los gobiernos involucrados 

están actuando con presteza y firmeza.  No veo razones para que no 

tengan buen éxito y se recupere la confianza. (FIN/COPYRIGHT IPS)

 

(*) Luiz Carlos Bresser-Pereira, economista, profesor emérito en la 

Fundación Getulio Vargas y ex ministro de Finanzas de Brasil.