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La Crisis Mundial y la Ausencia de la Izquierda

 

 

 

 

LISBOA,  (IPS) .- La crisis económica que está estremeciendo el mundo,

iniciada en los Estados Unidos en el segundo mandato de George W. Bush, está

repercutiendo en Europa, en Russia, hasta en China y otros rincones del

planeta.

Por Mário Soares (*)

 

Ante esta catástrofe, los mismos financieros que hasta hace pocos meses

reclamaban menos Estado y más privatizaciones acuden ahora al Estado

descaradamente para pedirle que les transfiera el dinero de los

contribuyentes. Se privatizan los lucros y se socializan las pérdidas sin

que importen los daños causados a los accionistas ni las consecuencias sobre

el nivel de vida de las personas menos favorecidas.

 

Lo cierto es que el sistema neo-liberal está averiado. Se hace necesario

repensar el capitalismo, hacerlo pasar de esta fase especulativa, de una

"economía de casino", a un tipo de capitalismo ético, con sensibilidad

social y respetuoso del ambiente.

 

Un cambio semejante no sólo es posible, es indispensable. Como escribió el

premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz "es necesario que los dirigentes

políticos de Occidente tengan el coraje de hacer un viraje hacia la izquierda".

 

En los Estados Unidos la izquierda siempre ha contado poco, si se exceptúan

el New Deal del Presidente Franklin D. Roosevelt y la Nueva Frontera del

Presidente John F. Kennedy, que duró poco tiempo. Pero el Partido

Democrático siempre mantuvo una diferenciación con el Partido Republicano,

ultraconservador, aunque uno de sus exponentes, el Presidente Ike

Eisenhower, tuvo la valentía de denunciar el "complejo industrial-militar",

que renació con vigor durante el gobierno de Bush.

 

Barack Obama, pese a no ser un político de izquierda, marca una neta

diferencia con el ultraconservadurismo político-religioso del candidato

presidencial republicano John McCain y de su compañera de fórmula Sarah Palin.

 

Por su parte la izquierda democrática del Viejo Continente, que en los años

70 y 80 ocupaba el primer plano en Europa con líderes de la calidad de

·Willy Brandt, François Mitterrand, Helmuth Schmidt, James Callaghan, Olof

Palme, Bruno Kreisky, Felipe González, Pietro Nenni y Bettino Craxi, después

del derrumbe del comunismo comenzó a perder terrreno y a dejarse "colonizar"

por el pensamiento neo-liberal de Tony Blair y de Gerhard Schroeder en el

marco de la llamada Tercera Vía (hoy desacreditada). Ante este retroceso

surge la interrogante sobre las causas que han llevado a la situación de

debilidad en la que hoy se halla la izquierda en Europa. ¿Qué caminos se

deben emprender para actualizar el pensamiento de la izquierda democrática

para que pueda hacer frente a la crisis múltiple con la que estamos

confrontados?

 

Si se tiene en cuenta la situación actual de la izquierda en los grandes

países de Europa -el Partido Social Demócrata de Alemania, el New Labour de

Gran Bretaña, el Partido Socialista de Francia y el nuevo Partido

Democrático de Italia- para citar sólo a los mayores- constatamos la

declinación que es común a los partidos que se inspiran en el socialismo

democrático y están reunidos en la Internacional Socialista, cuya voz casi

no se deja oír.

 

Es verdad que también hay otra izquierda, minoritaria: lo que resta de los

partidos comunistas y los "altermundialistas" o no global, que animan

movimientos fundamentalmente de protesta y no encuentran un sendero para

caminar hacia el poder.

 

Por otra parte, no se debe olvidar el papel extremadamente importante de las

federaciones y confederaciones sindicales que son indudablemente fuertes en

sus ámbitos, ni a las asociaciones de defensa de los derechos humanos y de

conservación del medio ambiente y otras, influyentes en el plano social pero

con poco peso en la disputa por el poder en términos electorales.

 

En este contexto la izquierda socialdemocrática tiene que reflexionar sobre

dos dimensiones: cómo enfrentar la crisis en curso y cómo concebir otro

modelo económico, social y político orientado hacia una profundización

democrática y una mayor participación cívica de los ciudadanos .

 

Se trata de reivindicar los valores éticos que siempre fueron banderas de la

izquierda. Ampliar la partipación cívica para contrarrestar la debilidad del

Estado, reforzar la justicia social, oponerse a la mercantilización de la

sociedad, a la corrupción y al tráfico de influencias. La militancia debe

retomar la lucha a favor de la paz y de la resolución pacífica de los

conflictos, de la inclusión social, contra las desigualdades y la

degradación ambiental. Además, los hombres y mujeres de izquierda que actúan

en política partidaria o en el gobierno, tienen la obligación de la

transparencia y de no incurrir en conflictos de interés.

 

Precisamente, ha sido la actividad de grupos de presión económicos, la

inmoralidad de dirigentes de bancos y empresas, y el tráfico de influencia

por parte de dirigentes políticos, en una palabra, la promiscuidad entre la

política y los negocios, lo que ha desacreditado la política y ha

contribuido a desencadenar la crisis del sistema.

 

No nos dejemos ilusionar: el sistema está corrompido y es preciso cambiarlo.

Esta es la gran tarea de la izquierda en Europa. (FIN/COPYRIGHT IPS)

 

(*) Mário Soares, ex Presidente y ex Primer Ministro de Portugal.