MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

“La pequeña agricultura debe ser vista como un negocio”

Raúl Pierri entrevista a CARLOS SERÉ, jefe de Estrategias de Desarrollo del FIDA

 

PUNTA DEL ESTE, Uruguay, 1 nov (IPS) – Los países del Sur deben remover todos los obstáculos que aún afronta la agricultura de pequeña escala, pues el sector es clave para su crecimiento económico, advirtió el jefe de Estrategias de Desarrollo del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), Carlos Seré.

“Las políticas nacionales y regionales tienen que eliminar las demoras transfronterizas y las barreras normativas que afrontan los pequeños agricultores”, dijo el experto uruguayo.
Crédito: Gentileza del FIDA

“Las políticas nacionales y regionales tienen que eliminar las demoras transfronterizas y las barreras normativas que afrontan los pequeños agricultores”, indicó el experto uruguayo, insistiendo en que “la inversión en la pequeña agricultura y en el desarrollo rural es la base del crecimiento económico”.

En diálogo con IPS en el marco de la Segunda Conferencia Mundial sobre Investigación Agrícola para el Desarrollo (GCARD2), Seré se refirió también a la importancia de ayudar a las mujeres a acceder a la tierra y en contemplar los desafíos ambientales de los campesinos a la hora de lanzar programas de apoyo.

La conferencia, cuyos debates transcurrieron entre el lunes 29 de octubre y este jueves 1 en la sudoriental ciudad uruguaya de Punta del Este, fue convocada por el Foro Mundial sobre Investigación Agrícola, en colaboración con el Consorcio CGIAR.

IPS: La hoja de ruta de la GCARD2 pone énfasis en la investigación agrícola y en la innovación para el desarrollo. ¿No está quedando marginado el conocimiento ancestral de las comunidades locales, que ha demostrado ser efectivo, por ejemplo, en la búsqueda de adaptaciones locales al cambio climático? 

CARLOS SERÉ: La GCARD2 es una plataforma de varios actores que promueve asociaciones en la investigación para el desarrollo. Está destinada a forjar alianzas entre instituciones de investigación avanzada en el mundo industrializado, centros internacionales de estudios agrícolas, como los del CGIAR, y sistemas nacionales de investigación agrícola en el mundo en desarrollo.

Estos últimos contienen a entidades nacionales y locales, como universidades agrícolas, organizaciones de la sociedad civil y agrupaciones de campesinos, incluyendo a comunidades indígenas, como plenos socios en el proceso de investigación.

La GCARD2 hace énfasis en el papel del desarrollo tecnológico participativo, que se construye sobre la base del conocimiento e implica un mejor entendimiento entre los pueblos, sus creencias, su cultura y otras variables socioeconómicas junto a las condiciones biofísicas.

IPS: ¿Cómo pueden los agricultores pobres adaptarse a las nuevas tecnologías y qué criterio debe guiar a las inversiones en el sector? 

CS: Para que la investigación pase del laboratorio al campo, debe ser apoyada por un fuerte sistema de extensión y por políticas adecuadas que vinculen la investigación con los productores y con los mercados, de forma que se beneficie tanto al sector público como al privado.

La decisión de adoptar nuevas tecnologías es bastante compleja para los campesinos, en especial porque ellos participan de la agricultura por una variedad de razones, como la necesidad de generar ingresos, de proveerse alimentos para su consumo, de reducir el impacto de una posible inseguridad (económica) o de golpes que afecten otras fuentes de sustento (como el empleo informal), etcétera.

La inversión en el desarrollo de nuevas tecnologías que sean adoptadas por los pequeños agricultores debería estar guiada por un entendimiento de los incentivos y riesgos que afrontan los diferentes tipos de grupos de productores.

De allí la necesidad de concentrarse más en esfuerzos de investigación e innovación para desarrollar tecnologías que ayuden a los agricultores a incrementar su productividad y de manera que les permita adaptarse mejor a ambientes más hostiles, a la escasez de agua y al cambio climático.

IPS: Hay proyectos como “Aldeas del Milenio” que apoyan a los pequeños agricultores en forma interdisciplinaria, y han logrado incrementar las cosechas. Sin embargo, estos aún tienen dificultades logísticas para acceder a los mercados. ¿Cómo se puede arreglar esto? 

CS: Cuando los pequeños agricultores incrementan su productividad, en una primera instancia, pueden hacer una significativa contribución a la seguridad alimentaria local y nacional y al desarrollo económico. Más tarde pueden hacer que los excedentes de alimentos lleguen de forma eficiente y segura a los mercados.

Si los productores tienen dinero extra en sus bolsillos, podemos empezar a ver una real transformación para el mundo en desarrollo. La inversión en la pequeña agricultura y en el desarrollo rural es la base del crecimiento económico.

Si queremos que los mercados regionales funcionen, si queremos garantizar la seguridad alimentaria y económica de los países en desarrollo, entonces tenemos que transformar nuestra infraestructura y la forma en que hacemos negocios.

Las carreteras, el acceso a un servicio eléctrico estable, a la energía y al agua, así como la buena gobernanza, son elementos clave para generar un ambiente atractivo para los negocios en los países en desarrollo. La pequeña agricultura debe ser vista como un negocio.

Las políticas nacionales y regionales deben eliminar las demoras transfronterizas y las barreras normativas que afrontan los pequeños agricultores, de manera de facilitar que lo que producen pase de un país a otro.

IPS: ¿Cuán exitosas pueden ser las iniciativas para proveer de insumos y capacitación a los agricultores del Sur mientras se mantengan los subsidios del Norte y las barreras al mercado internacional? 

CS: Las propuestas o los esquemas para proveer de insumos y capacitación a los agricultores deben ser parte de un más amplio paquete de iniciativas para apoyar el desarrollo de los países del Sur impulsado por la agricultura, maximizando las oportunidades para acceder a los mercados.

Aunque reconocemos que las distorsiones del mercado existen y que hay barreras al libre mercado, los bajos precios de los alimentos en el pasado, que afectaron los incentivos y el desempeño de la agricultura, ahora han cambiado drásticamente.

El aumento de los precios debe venir también con oportunidades para una respuesta de la oferta. Necesitamos enfoques integrales para estimular el crecimiento en la agricultura y otros sectores rurales que puedan ofrecer nuevas oportunidades empresariales y de empleo.

IPS: Las mujeres son el fundamento de la agricultura familiar en el Sur en desarrollo, pero frecuentemente las leyes y las costumbres de los países limitan su acceso a la tierra. ¿Qué se está haciendo al respecto? 

CS: La igualdad de género es un asunto de valores y derechos humanos fundamentales, pero claramente se está convirtiendo también en un motor de la eficiencia económica en agricultura.

Las mujeres desempeñan un importante papel en la agricultura y en los sistemas alimentarios en todo el mundo en desarrollo.

Por lo general, ellas son las agricultoras en el Sur. Solo dándoles el mismo acceso que los hombres a los recursos e insumos agrícolas se podría incrementar la producción hasta 30 por ciento, y se podría reducir el número de hambrientos en el mundo entre 100 millones y 150 millones.

Sabemos, por varios estudios, que cuando las mujeres ganan dinero tienen más probabilidades que los hombres de gastarlo en alimentos para la familia. Cuando las mujeres rurales son fortalecidas económica y socialmente, se vuelven en una potente fuerza para el cambio.

En cuanto al acceso a la tierra, en particular, debe haber enfoques con sensibilidad de género en las instituciones a nivel comunitario.

Son buenas respuestas institucionales todas las actividades que tienen un impacto en el acceso a la tierra, que construyen la capacidad de las mujeres para estar al tanto de sus derechos, que las ayuden a acceder a documentos de identidad para poder reclamar sus derechos sobre la tierra.

(FIN/2012)