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Más allá del acceso a la información

México, D.F.,  (apro).- Para poder hablar de una nueva forma de ejercer y entender el poder público, nos dice John M. Akerman, en el libro Más allá del acceso a la información, se hace necesario un “derecho a la información, con la teoría y práctica de la transparencia, la rendición de cuentas y el estado de derecho”.

De la Redacción de la revista Proceso

Este libro, del que es coordinador Ackerman, editado por Siglo XXI y la UNAM, y que será presentado este martes en la Casa Lamm, contiene textos de especialistas en los temas de transparencia, rendición de cuentas y estado de derecho. Con autorización de la editorial y del coordinador, reproducimos la parte sustancial de la introducción que tiene que ver con “La opacidad del acceso”:

“Teóricamente, el acceso a la información pública facilita la construcción de un Estado honesto, eficaz y eficiente. Cuando los servidores públicos están conscientes de que sus decisiones y comunicaciones pueden ser revisadas y analizadas por actores externos, sería de esperarse que su actuar público se fundamentara y documentara de mejor forma. De esta manera el acceso a la información se reflejaría en una mayor rendición de cuentas, robustecería el Estado de Derecho y desembocaría en un mejor desempeño gubernamental.

 

“Desafortunadamente, esta cadena de causalidad no siempre avanza tan fluidamente. En la práctica existen amplias trincheras que separan peldaño a peldaño el tránsito desde el acceso a la información hasta el Estado de Derecho y el buen gobierno. Es solamente a partir de un comportamiento pro-activo, creativo y de auténtica apertura por parte de los servidores públicos como emergen las anheladas sinergias. Además, dependen de la acción decidida, organizada y arrojada de los actores sociales y cívicos comprometidos con la transparencia.

“En la actualidad y en una forma paralela a lo que ocurre al nivel de la economía nacional, nuestra administración pública se encuentra atrapada en una especie de “trampa de equilibrio de bajo rendimiento” (low-level equilibrium trap). En el plano económico la pobreza genera bajas tasas de ahorro que a su vez provocan altas tasas de interés y bajos niveles de inversión, limitando el crecimiento y empeorando el problema original de la pobreza. El círculo vicioso del subdesarrollo se alimenta de sí mismo y nos mantiene sujetos en su devenir. Solamente un fuerte golpe de timón nos permitirá escapar de la situación actual para construir un nuevo equilibrio de alto rendimiento.

“En el plano de la administración pública acontece algo parecido. La impunidad característica de nuestra cultura administrativa, la opacidad del poder judicial, la pobreza de nuestro indicadores de desempeño y la permanente generalización de conflictos de interés, se retroalimentan todos en un gran círculo vicioso. Cada uno de estos elementos estimulan y fortalecen a los demás, dañando gravemente la efectividad gubernamental, así como la capacidad del Estado para impulsar mayores niveles de justicia social.

“Hoy el acceso a la información pública es una herramienta demasiado desafilada para poder romper con la fuerza necesaria este círculo vicioso. De hecho, el acceso a la información desarticulado de estrategias complementarias puede tener el paradójico resultado de crear mayor opacidad gubernamental. Cuando un servidor público saber que toda la información que plasma en papel de manera formal podrá ser requerida por un observador externo, su impulso inicial es documentar y justificar lo menos posible. Buscará evitar que extraños tengan elementos para llamarlo a cuentas y formar un juicio propio sobre sus acciones. Siempre será en el interés del servidor público defender la `razón del Estado` y fomentar una confianza ciega de parte de los ciudadanos en su infalibilidad.

“Para muestra, un botón: recientemente el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI) ordenó al Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) dar a conocer las versiones públicas de las actas de las reuniones de su Junta de Gobierno desde 1999 (IFAI, Folio 0674700001203, Exp. 00051/03). A partir de entonces el IPAB ha reducido significativamente la cantidad de información incluida en sus `actas`. Ahora únicamente documentan los acuerdos y la orden del día de las reuniones de manera general, cuando antes plasmaba de manera detallada el contenido de las discusiones y debates que habían tenido lugar. Así mismo, una reciente encuesta encargada por el IFAI y el Centro Internacional de Estudios de Transparencia y Acceso a la Información (CETA) a la empresa Probabilística señala que 29.9% de los servidores públicos de la administración pública federal creen que “desde que la ley de acceso está vigente, algunos servidores (públicos) guardan menos documentos sobre su trabajo”. Así mismo, 24.8% señalaron que con la ley de transparencia los servidores públicos guardan menos documentos sobre los proceso deliberativos. Con estos ejemplos vemos que en algunos casos un mayor nivel de acceso a la información pública ha dado lugar a crecientes niveles de opacidad.

“La experiencia con la Administrative Procedures Act (“Ley de procedimientos Administrativos”) en los Estados Unidos es también aleccionadora en este sentido. Esta ley fue la precursora más importante de la ley de acceso a la información en aquel país, pues obliga a las dependencias gubernamentales a realizar consultas públicas antes de la entrada en vigor de sus reglamentos. Debido a la lentitud y complejidad de los procedimientos que esta ley impone para la formación de reglamentos formales, las dependencias gubernamentales han respondido por medio de la utilización de reglamentos informales o “interpretativos”. El problema es que tales reglamentos ‘informales’ no cuentan con los mismos requisitos de transparencia, lo cual lleva a la creación de un gran cuerpo de “leyes sombra” que se apartan del escrutinio público. Una vez más, mayor acceso a la información implica menor transparencia.

En materia de transparencia no hay lugar para las autocomplacencias. A medida que pasa el tiempo debemos actuar sin descanso y con mayor contundencia no sólo para avanzar, sino también para al menos consolidar el lugar alcanzado. De otra forma, las estrategias de evasión de la transparencia por parte de los sujetos obligados rápidamente nos rebasarán y terminaremos en una situación más vulnerable y desventajosa que al inicio.

De nuevo podemos tomar un ejemplo del ámbito de la economía. Mantenerse en el mismo lugar en materia económica sería equivalente a un retroceso. Un crecimiento económico de 0%, o aun de 2 ó 3%, al año no es un avance sino un indicador de franco estancamiento. Cada año la población y las necesidades son mayores. Hace falta crecer a tasas mayores de 7% para siquiera empezar a resolver los graves problemas de pobreza y marginación que aquejan al país. Necesitamos un “despegue” fuerte para generar los círculos virtuosos autosostenibles que permitan una transformación a largo plazo de la economía nacional.

Lo mismo ocurre en el plano de la administración pública. Simplemente celebrar los triunfos y defenderse de los embates que periódicamente se lanzan contra el acceso a la información pública, implicaría un retroceso en materia de transparencia. Para mantener nuestros avances y consolidar el sistema en un nuevo punto de equilibrio es necesario ampliar constantemente y de manera decisiva nuestro derecho de acceso a la información.

Precisamente porque el fortalecimiento de la transparencia es una tarea expansiva, el propósito central de este libro es dibujar los nuevos horizontes que dan sentido a nuestras luchas por el acceso a la información pública. El acceso a la información, la transparencia, la rendición de cuentas y el Estado de derecho se retroalimentan entre sí de forma integral y se dirigen hacia un solo fin: la construcción de un sistema político más justo y eficaz.

“Este capítulo introductorio tiene dos propósitos centrales. En primer lugar, pretende reformular conceptos claves como “rendición de cuentas”, “Estado de Derecho”, “cultura de la legalidad”, “sociedad civil”, “capital social” y “democracia”, todos en función de un proyecto emancipador de democratización plena. Típicamente tales conceptos se han enmarcado dentro de la visión minimalista y estrecha del proceso de “consolidación democrática” al que generalmente se le vincula con procesos de “estabilidad” institucional y con una sociedad civil “bien portada”.

“Aquí cuestionaremos tal perspectiva y plantearemos una visión expansiva y abierta de cada uno de estos conceptos. Tal y como ha sido planteado por Guillermo O’Donnell, “nuestros esfuerzos intelectuales, sí son correctamente entendidos, tratan de una teoría de la democratización reversible, más que de una democracia “tout court”. Lo mismo habría que decir con respecto al estudio de la transparencia, la rendición de cuentas y el Estado de Derecho.

En segundo lugar, exponemos las aportaciones centrales de cada uno de los textos influidos en la presente obra. Esta compilación reúne textos de algunos de los estudiosos más destacados en la materia de transparencia, rendición de cuentas y Estado de Derecho a nivel internacional. Aquí el lector podrá encontrar textos inéditos de autores de la talla de Guillermo O’Donnell y Jonathan Fox. También incluye recientes traducciones de textos seminales de Stephen Holmes, Jerry Mashaw, Owen Fiss, Bruced Ackerman e Ian Ayres que precisamente debido a la barrera del lenguaje habían sido muy poco conocidos por el público mexicano. Así mismo, se ofrecen novedosas reflexiones inéditas de autores como José Ramón Cossío, Juan Pablo Guerrero, Irma Eréndira Sandoval, Mauricio Merino, David Arellano y María Marván.

 

“En su conjunto, todas las contribuciones reunidas aquí delinean una nueva agencia para el estudio y la práctica de la democracia en México. Esta obra invita a dejar atrás los viejos debates entre “transición” y “consolidación” democrática, para entrar de lleno al examen de los vericuetos, dinámicas, obstáculos y esperanzas del ejercicio cotidiano de la rendición de cuentas en un contexto de alta competitividad política”.