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Mercados escépticos

 

Editorial EL UNIVERSAL

 

 

Mientras la clase política mexicana aplaudió el paquete de acciones del presidente Felipe Calderón contra la crisis económica mundial, los mercados simplemente desestimaron las medidas. Cayó la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) porque los inversionistas hicieron más caso a Nueva York que a Palacio Nacional. La razón, consideran, es que el Programa de Política Económica para Apoyar el Crecimiento y el Empleo es mínimo en relación al tamaño de la crisis.

Mientras el presidente Calderón daba su mensaje, la BMV perdía 2.24% luego de conocer que el sector privado de Estados Unidos redujo las plazas de trabajo en 693 mil, la mayor cifra desde 2001. Los analistas coinciden: el plan es positivo, pero es insuficiente.

 

Suena importante hablar de 25 puntos para “defender el poder adquisitivo de los mexicanos y el empleo”; sin embargo, de ellos sólo la inversión pública en infraestructura —equivalente a 570 mil millones de pesos de inversión directa y créditos por 65 mil millones de pesos— será la gran apuesta gubernamental contracíclica, y esa ya se conocía desde hace casi dos meses. Ante más de mil 200 invitados lo único nuevo representa un gasto de 0.2% del Producto Interno Bruto, de acuerdo a expertos, y de 1% según Hacienda.

 

La mayoría de las 25 medidas ya se han aplicado, tuvieron un incremento en sus presupuestos o extendieron su cobertura. Tal es el caso del Programa de Empleo Temporal, el aumento a las cuotas gubernamentales al IMSS, el crédito para vivienda de interés social, el Servicio Nacional de Empleo, el programa de sustitución de electrodomésticos y el subsidio para la adquisición de vivienda.

 

Fuera de lo anterior, los puntos novedosos de la propuesta son el “congelamiento” del precio de la gasolina, que hoy es más alto que en Estados Unidos, y la reducción al precio del gas LP en 10%.

 

Secretarios de Estado y el propio mandatario federal ya habían anunciado la construcción de carreteras, reparación, edificación de escuelas y contratación de personal. Ahora se incorporan acciones que pueden influir en la decisión de decenas de compañías de reducir sus costos; no obstante, el tamaño de los apoyos revelados ayer no permite prever un impacto favorable en el corto plazo.

 

Al menos desde junio del año pasado empresas como Pepsi, Comercial Mexicana, Vitro, Cemex, Homex y las armadoras de autos han realizado recortes de personal, paros técnicos, disminución de gastos o reestructuración interna en reacción a las expectativas a la baja sobre el crecimiento del PIB. Tan sólo la industria automotriz, que representa aproximadamente 2% del Producto Interno Bruto —sin contar con toda la cadena de proveedores a su alrededor—, prevé la caída en su producción por encima de 20%.

 

Natividad González Parás, gobernador de Nuevo León y representante de la Conago en el evento de Palacio Nacional, reveló: “Diariamente, los servicios de empleo de Nuevo León atienden a 150 o 200 personas. Ayer se presentaron mil 700”.

 

Una política de conservación del empleo implica convencer a toda costa a las empresas de mantener sus recursos humanos; alinear no sólo los paliativos sino todas las estrategias de crecimiento económico en términos de su capacidad para crear ocupación.

 

Todo esto explica la poca credibilidad de los mercados hacia el plan. El de ayer es ya el tercer programa que anuncia el gobierno federal ante la crisis económica y para muchos —a pesar de los aplausos de la clase política— huele a cartucho quemado.