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No alcanza con soluciones rápidas

 


        Por Kristin Palitza


ROMA,  (IPS)  .- Casi cinco millones de niños

mueren por desnutrición en el Sur pobre cada año

antes de cumplir los cinco de edad. La asistencia

alimentaria, pródiga en carbohidratos poco

nutritivos, no sirve para paliar la falta de una dieta diversa.

 

   La organización humanitaria Médicos Sin

Fronteras (MSF) urgió a los gobiernos a mejorar

la calidad de la ayuda al mundo en desarrollo y a

alentar la seguridad alimentaria.

 

   Pero también es preciso invertir en la

agricultura de pequeña escala en los países

africanos para afianzar la autonomía alimentaria

y combatir la desnutrición en el largo plazo.

 

   Más de 20 millones de niños sufren

malnutrición severa en los países pobres. La

mitad de los 9,7 millones de muertes de menores

de cinco años tienen esa causa, según la

Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

   Costará 5.000 millones de dólares, solamente

en un año, alimentar a los menores de tres en los

países en desarrollo, señaló MSF.

 

   La malnutrición es sólo una cuestión de

cantidad, sino de calidad. Es particularmente

grave en áreas como el Sahel africano, donde los

niños carecen de una dieta diversa en minerales, proteínas y vitaminas.

 

   En muchos países en desarrollo, las familias

dependen en exceso de alimentos como el maíz, el mijo y el sorgo.

 

   "El primer Objetivo de Desarrollo de la ONU

para el Milenio, reducir a la mitad la pobreza y

el hambre para 2015, y el cuarto, reducir dos

tercios la mortalidad infantil para 2015, están

fuertemente ligados. El hambre influye

directamente sobre la mortalidad infantil", dijo

el gerente de programas de MSF, Huub Verhagen.

 

   "Además, la malnutrición es mundialmente

subestimada como problema, y ni siquiera es

específicamente mencionada como una de las causas

de la mortalidad infantil en los Objetivos", agregó.

 

   Esos objetivos, definidos en 2000 por la

Asamblea General de la ONU (Organización de las

Naciones Unidas), incluyen reducir a la mitad la

proporción de personas que padecen pobreza y

hambre respecto de 1990, garantizar la educación

primaria universal, promover la igualdad de

género y reducir la mortalidad infantil y la materna.

 

   También figuran entre las metas combatir el

sida, la malaria y otras enfermedades, asegurar

la sustentabilidad ambiental y fomentar una

asociación mundial para el desarrollo, todo esto con 2015 como fecha 

límite.

 

   Proporcionar cualquier alimento para llenar

el estómago de los hambrientos no es suficiente

para solucionar el problema. La asistencia

alimentaria debe ser diversa para formar una base

nutricional sana, recuperar la fortaleza de

quienes sufrieron hambre, ganar peso y reconstruir su musculatura.

 

   Pero la mayor parte de la asistencia que

actualmente se envía a regiones de hambre y

pobreza generalizadas se compone de alimentos

producidos con cereales, ricos en carbohidratos

pero pobres en vitaminas, que fueron desarrollados hace más de 30 años.

 

   Esos alimentos "están completamente por

debajo del estándar, porque carecen de los

nutrientes y las proteínas correctas que

necesitan las personas desnutridas", explicó Verhagen.

 

   También sugirió que los gobiernos y las

agencias de asistencia se concentren en alimentos

muy nutritivos especialmente producidos para que

los desnutridos se recuperen con rapidez.


POR DEBAJO DEL ESTÁNDAR

 

   En gran medida, el hambre y la malnutrición

en África siguen sin resolverse por motivos

políticos, explicó Verhagen. Los gobiernos se

resisten a reconocer el alcance del problema y no

están dispuestos a invertir en asistencia porque

"los alimentos son un tema políticamente delicado".

 

   "A menudo el hambre parece financieramente

irresoluble, así que los gobiernos intentan

barrerlo bajo la alfombra. No quieren atraer la

atención mundial sobre el hecho de que son

incapaces de alimentar a sus poblaciones", sostuvo.

 

   El gobierno de Nigeria, por ejemplo, ha

prohibido que MSF analice la desnutrición en el país.

 

   En última instancia, el hambre no se evita

brindando asistencia alimentaria de alta calidad,

sino permitiendo que la gente se alimente a sí

misma, a través de inversiones en la agricultura local.

 

   "La asistencia alimentaria es una forma

necesaria de alivio de emergencia, pero debería

ir más allá de una solución rápida. Necesitamos

desarrollar políticas económicas de largo plazo

para abordar el problema", agregó Verhagen.

 

   Desafortunadamente, éste no ha sido el caso en las últimas dos 

décadas.

 

   "Hubo una importante reducción de la

asignación de fondos a la agricultura, pese a que

en el mundo hay más de 1.000 millones de

hambrientos", dijo Laurent Thomas, director de

operaciones de emergencia de la Organización de

las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

 

   "La malnutrición se ha vuelto una emergencia

crónica", agregó Thomas. Se necesitan 30.000

millones de dólares anuales para combatir el

hambre en el mundo, pero esa inversión no se ha procesado, observó.


EMERGENCIA CRÓNICA

 

   Hubo pocos avances en el aumento del apoyo a

la agricultura, especialmente a pequeños

campesinos de países pobres, y ninguno en el

incremento de producción alimentaria. "Si

queremos reducir el hambre, eso es lo primero", dijo.

 

   "Los programas como el Programa Mundial de

Alimentos (PMA) hoy no son factibles porque

llevan alimentos a los países de un modo muy

costoso", coincidió Pio Wennubst, segundo de la

delegación de Suiza ante esa agencia de la ONU,

la FAO y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA).

 

   "Ese dinero podría invertirse en agricultura,

para que la gente cultive y coma alimentos producidos localmente", afirmó.

 

   Los programas internacionales de asistencia

necesitan incluir cláusulas de protección a la

agricultura de los países en desarrollo,

particularmente la de pequeña escala, y volverlas sostenibles, explicó.

 

   Más de 80 por ciento de la tierra agrícola en

el mundo es cultivada por minifundistas con menos

de dos hectáreas, según el FIDA.

 

   Pero esos campesinos, en su mayoría mujeres,

por lo general carecen de acceso a irrigación,

infraestructura y mercados para distribuir y

vender sus productos. Además, debido a la

discriminación de género, con frecuencia las

mujeres no obtienen los títulos de sus

propiedades ni acceden a préstamos y recursos.

 

   Como consecuencia, sus rendimientos y sus ventas son muy reducidos.

 

   "La agricultura de pequeña escala tiene

rostro de mujer", dijo la consejera sobre género

y seguridad alimentaria doméstica del FIDA, Annina Lubbock.

 

   "Las mujeres producen entre 60 y 80 por

ciento de los alimentos del mundo, aunque su

trabajo sigue sin ser reconocido", agregó.

 

   Thomas coincidió. "Paradójicamente, la

mayoría de los hambrientos son quienes producen

los alimentos. Para abordar las causas de la

crisis alimentaria, necesitamos apoyar a los

cultivadores de pequeña escala y a los dueños de animales de cría", dijo.

 

   Los gobiernos y las agencias de asistencia

necesitan implementar políticas y programas de

largo plazo que busquen aumentar la capacidad de

producción de los agricultores, reclamó.

 

   "La buena noticia es que la reciente crisis

creó una renovada conciencia internacional en

torno de la importancia de la producción

alimentaria local, y no tanto en construir redes de seguridad", concluyó.

 

 

(FIN/IPS/traen-js-mj/kp/tg/wd dv hu md he cs fe/09)