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Oídos sordos a reclamos de automotoras

 

 

        Por Bankole Thompson


DETROIT,  (IPS)  .-  El Senado de Estados

Unidos dejó en suspenso la aprobación de un

préstamo de 25.000 millones de dólares para las

corporaciones automovilísticas General Motors,

Chrysler y Ford, y reprendió a sus ejecutivos por

desatender las advertencias anteriores a la crisis.

 

    A los jerarcas de las "Tres Grandes", como

se denomina a las principales fabricantes de

automóviles de Estados Unidos, se les critica

haber hecho caso omiso de las señales de alarma,

al punto que volaron en jets privados al

Capitolio –sede del Congreso legislativo– para

pedir a los legisladores dinero de los contribuyentes.

 

   En Detroit, principal ciudad del

septentrional estado de Michigan, y otras urbes

donde el medio de sustento de muchas familias ha

estado tradicionalmente vinculado a la industria

automotriz, hablar de un rescate bajo la forma de

un préstamo a los fabricantes de autos se ha

transformado en un asunto "de vida o muerte".

 

   Sobre todo, a la luz de un reciente informe

del Centro de Investigaciones Automotrices (CAR,

por sus siglas en inglés): si se permite que la

industria colapse, se perderán tres millones de

empleos en Estados Unidos, según el estudio.

 

   El presidente electo Barack Obama dijo en su

primera entrevista luego de las elecciones, en el

programa "60 Minutes" de la cadena CBS, que apoya

un paquete de ayuda para la industria del

automóvil, siempre que incluya, entre otras

medidas, salvaguardias para los trabajadores y proveedores.

 

   "Nuestro modelo estima que un cierre completo

de la producción de las Tres Grandes de Detroit

tendrá un impacto importante sobre la economía

estadounidense en términos de salarios perdidos,

reducción de ingresos a la seguridad social y por

impuestos a la renta personal, y un aumento en

los pagos de transferencias", dijo Sean

McAlinden, economista jefe de CAR, que dirigió el estudio.

 

   "El gobierno se dispone a perder 60.000

millones de dólares sólo en el primer año, y el

total de tres años está muy por encima de 156.000 millones de dólares", 

dijo.

 

   El secretario del Tesoro (ministro de

hacienda) Henry Paulson, ex presidente del banco

de inversiones Goldman Sachs, defendió

fuertemente un rescate tributario de empresas de

Wall Street como la gigante aseguradora American International Group 

(AIG).

 

   Pero ahora se opone con vehemencia a un

préstamo para la industria automovilística que

proceda de los 700.000 millones de dólares

aprobados como ayuda para el sector financiero

por el Congreso a instancias de la Casa Blanca.

 

   "Nuestra industria necesita un puente para

superar el abismo financiero que se ha abierto

ante nosotros", dijo esta semana al Comité

Bancario del Senado el presidente de General Motors, Rick Wagoner.

 

   En mayo de 2007, en las primeras etapas de su

campaña presidencial, Obama en Detroit dijo que

las Tres Grandes debían invertir en investigación

y desarrollo de energías limpias y combustibles

alternativos, con el fin de reducir la dependencia del petróleo 

extranjero.

 

   "Durante años, mientras los competidores

extranjeros invertían en tecnologías más

eficientes desde el punto de vista del

combustible para sus vehículos, los fabricantes

de automóviles estadounidenses pasaban su tiempo

invirtiendo en autos más grandes y más veloces", dijo Obama entonces.

 

   "Y cada vez que se intentaba elevar nuestros

estándares de eficiencia de combustibles, las

firmas automotrices presionaban furiosamente en

contra, gastando millones en impedir la reforma

que podría haberlas salvado", agregó el hoy presidente electo.

 

   "Aunque hayan creado miles de empleos y miles

de millones en ganancias en los últimos años, han

continuando fallando al disponer (elevadas)

bonificaciones para los presidentes de las empresas", continuó.

 

   "Las consecuencias de esas decisiones ahora

están claras. Mientras nuestros estándares de

combustibles no se han movido de 27,5 millas por

galón (44,2 kilómetros por casi cuatro litros) en

dos décadas, tanto China como Japón nos han

sobrepasado, y los automóviles japoneses ahora

llegan a un promedio de 45 millas por galón (72

kilómetros por casi cuatro litros)", explicó Obama.

 

   "Y como la demanda mundial de automóviles

eficientes e híbridos se ha disparado, son los

competidores extranjeros quienes reciben los

contratos", agregó. Y recordó que por esos días,

por primera vez desde 1931, la firma japonesa

Toyota superó en ventas a General Motors.

 

   Desde el discurso de Obama hubo un consenso

cada vez mayor en que la industria

automovilística debe hacer frente a la

competencia mundial, y que cualquier posible

préstamo deberá asignarse a condición de un

compromiso de cambios en el modelo empresarial.

 

   George L. McGregor, presidente del sindicato

United Auto Workers y trabajador de General

Motors en Detroit desde 1968, dijo a IPS que

quienes se oponen al rescate tienen que mirar más allá de la superficie.

 

   Añadió que el Congreso debería sopesar el

devastador impacto de una industria automotriz en

bancarrota sobre millones de trabajadores y miles

de retirados cuya cobertura médica sigue siendo

proporcionada por el sector, a través del pago de primas mensuales.

 

   Cuando McGregor se incorporó a la firma tenía

20 años y regresaba de la Guerra de Vietnam (1965-1975).

 

   Hoy, cuestiona la negativa a asignarles a los

fabricantes del sector un préstamo que

protegerían a millones de familias, impidiendo

que se queden sin hogar y pasen hambre, mientras

los contribuyentes financian la guerra en Iraq

con 10.000 millones de dólares mensuales.

 

   "No puedo comprender cómo podemos gastar

10.000 millones de dólares por mes en Iraq y no

encontramos el dinero para salvar empleos

estadounidenses en la industria del automóvil", dijo McGregor.

 

   "No estamos recuperando el dinero que estamos

gastando en Iraq. Pero estamos dispuestos a

gastarlo en un lugar donde la gente se muere, sin

otorgar un préstamo a la industria

automovilística que será redituable. La gente que

gobierna este país es absolutamente atrasada", opinó.

 

   Los trabajadores comienzan a sentir la crisis

dentro de la industria, añadió. Las cooperativas

de consumo de los sindicatos han despedido

personal y obligado a que algunos empleados en

puestos esenciales a trabajar en régimen de tiempo parcial.

 

   Una fuente familiarizada con las

negociaciones en Washington dijo que parte de la

demora se debe a que los republicanos explotan la

crisis para hacer colapsar a la UAW. "Ellos no

quieren que los sindicatos existan", señaló.

 

   El presidente de la UAW, Ron Gettlefinger,

que también compareció ante el Congreso junto con

Rick Wagoner de General Motors, Robert Nardelli

de Chrysler y Alan Mulally de Ford, abordó el

tema de los salarios y beneficios en su testimonio.

 

   "Como los recientes contratos negociados por

la UAW ahora son competitivos con el resto de la

industria automotriz en Estados Unidos, no

creemos que haya ninguna justificación para

condicionar la asistencia a las empresas

automotrices radicadas en Detroit a recortes de

salarios más profundos, ni a beneficios para los

trabajadores activos y retirados", dijo Gettlefinger.

 

   Marcus Amick, analista experto en el sector,

dijo que un eventual rescate debe llegar sujeto a condiciones.

 

   "Cualquier plan de rescate necesita algunas

estipulaciones serias. Es imperativo para su

supervivencia y para la economía en general que

obtengan ayuda del gobierno federal. Sólo pensar

en que una compañía como General Motors o Ford

deba cerrar sus puertas da miedo, considerando

cuántas compañías y cuántas personas dependen de ellas", enfatizó Amick.

 

 

(FIN/IPS/traen-js-mj/bt/ks/na if fm lb kp nr fe/08)