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Pobres se pelean por la basura

MANAGUA,  (IPS)  .- Miles de personas que subsisten de restos de alimentos y desechos reciclables del basurero municipal de Managua, protagonizan una protesta inédita por mejores condiciones de vida, bloqueando el acceso de los camiones recolectores al vertedero y colocando a más de un millón de habitantes en riesgo sanitario.

Por José Adán Silva

Hace dos semanas cerca de 1.600 recolectores informales que laboran en el basurero municipal La Chureca, en la periferia noroeste de la capital nicaragüense, decidieron bloquear el ingreso de los camiones recolectores de Managua al vertedero.

   La protesta, explicó a IPS el dirigente de los trabajadores informales, Germán Salgado, se inició el 1 de marzo, pero venía incubándose desde hace dos años.

   Según Salgado, el problema se desató por el control de la basura y la comercialización de algunos desechos que llegan al vertedero a cielo abierto.

   Los trabajadores informales, que tradicionalmente escarban para extraer material reciclable, acusaron a las autoridades municipales de promover entre sus obreros la extracción del producto para venderlo directamente a empresas inscritas en la Dirección de Contribuyente de la Alcaldía.

   Esa decisión, según Salgado, viene afectando desde hace dos años a más
de 2.000 personas que subsisten de la  recolección de materiales como
aluminio, hierro, cobre, bronce, papel, plástico y vidrio.

   "Aquí somos día y noche más de 1.600 personas que vivimos de esto, y
otras 400 ó 500 que lo lavan y lo venden. Pero desde hace dos años la
basura cada día viene más pobre (con menos material reciclable) y ahora
nos damos cuenta de que la alcaldía extrae los materiales y los vende",
dijo Salgado a IPS.

   La medida municipal, según Edgard Narváez, promotor de la protesta y
miembro del no gubernamental Movimiento Comunal, ha colocado a estas
personas al borde del hambre y en peores condiciones de vida.

   "Antes un trabajador aquí ganaba hasta tres dólares al día, ahora pasan
muchos días en que no logran obtener ni un solo dólar de su trabajo,
porque la basura viene pelada", explicó a IPS Narváez, quien demandó al
ayuntamiento que sus trabajadores no seleccionen los desechos sólidos y
los depositen "completos" en La Chureca.

   Un informe del Centro de Trámites de Exportaciones de Nicaragua detalló
el valor comercial que ha alcanzado el mercado del reciclaje: en 2006 se
generaron 18 millones de dólares en exportación de material recuperable, y
cerca de 21 millones de dólares en 2007.

   La protesta provocó que los encargados de los 60 camiones que recogen
los desechos de la capital, al no lograr depositar su carga en el
vertedero municipal, dejasen de acopiar 1.200 toneladas diarias de basura.

   El alcalde de Managua, Dionisio Marenco, dijo que la medida amenaza la
salud de 1,2 millones de capitalinos.

   Autoridades del Ministerio de Salud y del Sistema Nacional de
Prevención de Desastres lanzaron una alerta sanitaria y advirtieron del
riesgo de una epidemia.

   Walter Calderón, coordinador de comunicación del no gubernamental
Centro Dos Generaciones, que investiga y apoya a la población residente en
el vertedero La Chureca, dijo a IPS que la protesta de los hurgadores "es
apenas la punta del iceberg de una problemática social profunda".

   "Tuvo que ocurrir una emergencia para que la sociedad nicaragüense
recordara que existe un infierno donde las mujeres paren a sus niños en la
basura", dijo Calderón, para quien la protesta debe servir de llamado de
atención a las autoridades.

   La Chureca se encuentra en los alrededores del barrio costero
Acahualinca. Fue abierto en 1975 a orillas del lago de Managua y tiene una
extensión de 64 hectáreas.

   De las más de 1.600 personas que laboran en el lugar, según datos del
Centro dos Generaciones, más de 500 son niños y adolescentes entre siete y
18 años, que participan en la labor de extracción de materiales y
productos de consumo doméstico.

   El ambiente es sobrecogedor: cerros de basura humeante por todos lados,
con corrientes de lodo y podredumbre que bajan hacia el lago. Seres
humanos, perros y aves de rapiña pelean entre sí buscando alimentos.

   Cerca de 147 familias se asentaron a un costado del basurero y
levantaron un barrio con casas de cartón, ripios de madera, pedazos de
lata y otros materiales extraídos de la basura.

   Allí habitan hacinadas, según un estudio de la Asociación Cristiana de
Jóvenes de Nicaragua, cerca de 700 personas de todas las edades.

   Antes del ingreso de esta organización religiosa al lugar, hace 12
años, La Chureca era una zona de consumo de drogas, licor y ejercicio de
prostitución. Según estadísticas policiales, el lugar estaba considerado
zona roja, por la cantidad de actos violentos que se cometían.

   "A mí me pegaron una puñalada en la espalda cuando trataba de jalar
(extraer) una bicicleta vieja. La competencia en este mundo es dura y no
todos sobreviven", cuenta Antenor García, un fundador del asentamiento.

   Justina Santos, de 45 años de edad y con 12 en el vertedero, narró a
IPS que la situación de violencia y delincuencia en los últimos tiempos ha
mejorado, pero no las condiciones de vida.

   "Antes comíamos al menos dos veces al día, ahora con costo y logramos
hacer una sopa para engañar el estómago de mis niños", dijo Santos, quien
junto a su compañero de vida y tres hijos menores de 13 años se dedica a
hurgar entre alimentos descompuestos, animales muertos, latas, vidrios,
polvo y tierra.

   Para el sociólogo Cirilo Otero, director del Centro de Iniciativas de
Políticas Ambientales, esta protesta es la mejor oportunidad para acabar
de una vez por todas con el lugar y darles a estas personas una mejor
opción de vida.

   "No se va solucionar ese problema botando mejor basura para que la
gente tenga de qué vivir, la solución es sacarlos de ahí, capacitarlos en
algo e insertarlos en una labor más sana y productiva", dijo a IPS.

   "La medida de retirarlos sería salvarle la vida a muchos de esos niños
que cada día están muriendo por la ingestión de alimentos contaminados",
consideró.

   En 2007, una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de
Nicaragua y de la Universidad de Lund de Suecia determinó que más de 30
por ciento de las niñas y niños que viven y trabajan en La Chureca padecen
intoxicación con plomo, mercurio y DDT, por exposición a la basura y por
el consumo de pescado del lago de Managua.

   Tras 17 días de protesta, las autoridades municipales, el gobierno
central y sus instituciones discutían una solución al problema, mientras
cientos de trabajadores informales seguían obstaculizando el ingreso de
los camiones recolectores.
   Pero no todo es trágico para los habitantes y trabajadores de la zona.
En medio de la protesta, la alcaldía firmó un acuerdo de colaboración con
la Agencia Española de Cooperación Internacional para financiar un
proyecto de cierre técnico del vertedero municipal.

   Elena Montobbio, coordinadora regional de la cooperación española,
explicó a los medios de comunicación que su país aportará 30 millones de
euros (casi 47 millones de dólares) para que las autoridades cierren el
vertedero, construyan un barrio con viviendas dignas y una planta
recicladora para manejo comunitario y así, en cinco años, miles de
personas dejen para siempre este lugar.

(FIN/IPS/jas/dcl/la en dv md cv pr
he sl/08)