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Proteccionismo Comercial, Un Tiro por la Culata

 


Por Pascal Lamy (*)


GINEBRA,  (IPS)  .-  La historia nos enseña que en un período de

desestabilización financiera como el presente el recurso al

proteccionismo, que hoy algunos invocan, sólo puede agravar la

situación como sucedió después del desastre en la bolsa de Wall Street

en 1929.  Y también nos enseña que la expansión del comercio es un

potente instrumento para superar las crisis económicas.

 

Poco después de la crisi bursátil de 1929, en junio de 1930, el

senador Reed Smoot y el diputado W. C. Hawley impulsaron la aprobación

una de las más destructivas leyes de la historia de Estados Unidos. La

idea de esta mal concebida ley arancelaria era la protección de los

agricultores y las industrias estadounidenses. Aranceles de más del

60% fueron aplicados a 3.200 productos importados, aumentándose en

general las tarifas en alrededor del 20%.

 

Para 1933 las importaciones habían caído de 4.400 millones de dólares

a 1.300 millones de dólares, mientras las exportaciones bajaron un 69%

durante el mismo período y sumaron sólo 1.600 millones de dólares.

 

Pero se produjo una infausta consecuencia: la ley Smoot-Hawley causó

un efecto dominó de represalia y contrarrepresalias entre los socios

comerciales, lo que a su vez motivó una severa contracción del

comercio internacional, deprimió el crecimiento económico y aumentó el

desempleo en todo el mundo industrializado. En Estados Unidos, la tasa

de desocupación se elevó al 25%.

 

Más recientemente, durante la crisis asiática de fines de los años 90,

los países en desarrollo de la costa del Pacífico incrementaron sus

exportaciones a las naciones ricas en decenas de miles de millones de

dólares. La expansión comercial fue tan importante para que esos

países pudieran salir de la crisis como lo fue el Plan Marshall para

Europa después de la Segunda Guerra Mundial.  Pero la subida de las

exportaciones asiáticas no cayó bien en todos los sectores de Europa y

América del Norte y los gobiernos de diversos países de esas regiones

enfrentaron intensas presiones para erigir barreras arancelarias.

 

Los gobiernos de Estados Unidos y Europa resistieron esas presiones y

el resultado fue que los países asiáticos se pusieron rápidamente de

nuevo en pie.

 

Una razón importante para que no se adoptasen las medidas

proteccionistas reclamadas por la áspera retórica de algunos políticos

fue que las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC)

restringieron, de una manera transparente, el uso de medidas

comerciales de ese tipo.

 

A lo largo de 60 años y de ocho rondas de negociaciones comerciales

internacionales, el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT)

y ahora su sucesora, la OMC, han establecido un marco regulatorio para

el comercio entre las naciones. Desde la conclusión de la Ronda

Uruguay en 1994, esas reglas han sido extendidas al área de servicios

y se han expandido también hacia áreas de interés para los países en

desarrollo, en particular la agricultura y los textiles, que

previamente habían sido abordadas sólo marginalmente.

 

Actualmente, cuando el Occidente hace frente al amenazante deterioro

económico, puede servirle de consuelo el hecho de que muchos otros

gobiernos que podrían verse tentados de restringir las exportaciones

europeas o estadounidenses enfrentarán las mismas restricciones. Los

mercados exteriores le serán de particular interés porque mientras 2/3

de la producción económica global corresponden a  Estados Unidos,

Europa y Japón, la demanda interna en todas estas economías será débil

el año próximo. Al contrario, en los países emergentes el pronóstico

es de un 6% de crecimiento para el año que viene.

 

En mi opinión, la actual crisis financiera presenta dos amenazas

potenciales para el comercio global.

 

El problema inmediato que enfrentamos es la crisis del crédito. Más o

menos el 90% del comercio internacional es financiado con créditos a

corto plazo. La financiación del comercio es una de las formas más

antiguas de crédito, ya que data de la Edad Media, así como una de las

más seguras, dado que provee obvias garantías colaterales a los

acreedores, como por ejemplo el cargamento de un barco. Sin embargo,

actualmente la financiación comercial es ofrecida a un elevado interés

e incluso a este alto precio ha sido difícil de obtener para los

países en desarrollo.

 

La segunda y menos probable- amenaza que enfrentamos es un

deslizamiento hacia el proteccionismo a causa del pánico. Aunque en

estos últimos tiempos la retórica proteccionista ciertamente se ha

incrementado, esas declaraciones todavía no se han traducido en

restricciones contra el comercio..

 

Pero no sólo es necesario que los gobiernos hagan oídos sordos a las

voces de sirena del proteccionismo. Hoy es más urgente que nunca

concluir las actuales negociaciones comerciales que la OMC conduce en

la Ronda de Desarrollo de Doha iniciada en 2001. El objetivo de la

ronda, compartido por los 153 miembros de la OMC, es la creación de un

sistema comercial más equitativo, más ambicioso, más relevante y

orientado hacia el desarrollo. Ésta sería la mejor contribución que la

OMC podría hacer para contrarrestar la actual crisis mundial.

(FIN/COPYRIGHT IPS)

 

(*) Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial del

Comercio (WTO).