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Renace el nacionalismo en América Latina

Si algo caracteriza a la derecha es que es insaciable, y por lo tanto incansable en la realización de acciones para llevar adelante sus intereses. No contentos con la reforma que pretenden imponer para privatizar el petróleo, el equipo de Felipe Calderón presentó hace unos días una nueva iniciativa de ley para favorecer a las empresas privadas que incursionen en la explotación del petróleo, con una reducción del 15 y 20 por ciento en los impuestos y con el permiso para deducir, aunque usted no lo crea, el 100 por ciento de su inversión.

Por Magdalena Galindo / Revista Siempre!

Para quien no lo entienda a primera vista, esa posibilidad de deducción, significa que el gobierno mexicano, por los impuestos que no recibe, gracias a esa posibilidad de deducir el ciento por ciento, termina pagando el total de la inversión de la empresa privada; o sea, se les da el derecho de apropiarse de las utilidades de la explotación del petróleo, sin invertir un solo centavo; pues a fin de cuentas las empresas recuperan su inversión a costa del Estado y, además, por supuesto, siguen siendo propietarios de las instalaciones que construyan.

Ciertamente, Marx tenía razón cuando describió al Estado burgués como un comité organizador de los negocios de los capitalistas, pero ni él se imaginó que las operaciones llegaran hasta los niveles que hemos visto durante la administración de Vicente Fox, o como la que ahora se pretende por el equipo de Calderón, que no sólo busca entregar al capital extranjero el principal recurso del país, sino restituir a los empresarios, por la vía de perdonarles impuestos, el total de su inversión.

Ciertamente, el inicio del debate en el Congreso ha mostrado que existe una polarización, entre la derecha que quiere a toda costa privatizar; esto es, entregar a los empresarios privados, nacionales y sobre todo extranjeros, el recurso más importante con que cuenta la nación y, del otro lado, un amplio espectro del pueblo mexicano (pues esa posición no la sostiene sólo la izquierda), que entiende que la privatización significa un despojo y un retroceso de incalculables consecuencias para el desarrollo del país.
Entre los postulados más interesantes en la defensa del petróleo está por supuesto el planteamiento de Andrés Manuel López Obrador, expresado por Claudia Sheinbaum en el debate, en el que se propone un fortalecimiento de Pemex a través de la reunificación de sus entidades subsidiarias (que nunca debieron separarse) y a través de la utilización de sus recursos no para financiar el gasto público, sino para realizar las inversiones necesarias para cubrir los campos que fueron abandonados por las recientes administraciones con el fin de conducir a la paraestatal a una situación financiera precaria y de esa manera intentar justificar la privatización que han realizado de manera silenciosa y que ahora pretenden sancionar con las reformas legales.

No es el único planteamiento, sin embargo, pues los señalamientos ahí expresados, por ejemplo por Javier Jiménez Espriú, muestran una preocupación similar: no dejar pasar una reforma que pretende despojar al pueblo de México de un recurso estratégico para entregarlo a la explotación de unos cuantos capitalistas en su mayoría extranjeros.

Aunque los empresarios y el gobierno de Estados Unidos no pueden participar directamente en el debate, lo hicieron de manera indirecta pues en estos mismos días se dio a conocer un documento del Consejo de Relaciones Exteriores de ese país en el que explícitamente señala su interés en obtener más petróleo de México, a través de la participación de compañías estadounidenses en la explotación del petróleo mexicano y se queja de lo que llama el “renacimiento del nacionalismo” en América Latina, que define como un obstáculo para la obtención del petróleo que necesita.