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Un Nuevo Orden Economico Mundial esta Emergiendo

OSLO, Ago (IPS) .-   Una clara lección puede extraerse de las fracasadas

negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebradas en

Ginebra a fines de julio: se ha verificado un cambio de poder en la arena de

la economía y el comercio globales.

Por Jonas Gahr Store (*)

Nuevos estados con economías en

crecimiento y ambiciones políticas están afirmándose y haciéndose valer.

Durante nueve días he sido parte de una serie de confrontaciones entre los

países miembros de la OMC. Pero en lugar de realizarse en un campo de

batalla, las nuevas relaciones de fuerza se miden ahora en las mesas de

negociaciones en las que están en juego los derechos y las obligaciones en

el comercio internacional.

 

Durante siete años, se ha negociado un acuerdo destinado a promover el

comercio, recortar los aranceles y eliminar otras barreras al comercio, con

un especial énfasis en el logro de oportunidades para los países en

desarrollo. Por primera vez, esos países ocuparon el centro de una ronda de

negociaciones comerciales globales. Los países ricos estaban allí para

aceptar nuevas obligaciones y las naciones más pobres para ser protegidas.

 

La OMC tiene 153 miembros y toma decisiones sobre la base del consenso. En

Ginebra nos hemos reunido para cumplir un último esfuerzo en busca de

consenso. India y China demandaron allí un mecanismo de salvaguardia que

podría ser activado ante un aumento en las importaciones agrícolas. Estados

Unidos consideró que las condiciones presentadas por la India eran demasiado

benévolas y que podrían limitar el comercio. Estados Unidos y otros países

como Australia, Nueva Zelanda y Brasil quieren un mayor acceso al mercado

para las exportaciones de sus eficientes sectores agrícolas. Muchos países

desarrollados están justificadamente preocupados por las consecuencias.

Tratamos entonces de llegar a un compromiso, pero Estados Unidos e India no

lo quisieron así.

 

El Director General de la OMC, Pascal Lamy, tuvo que reconocer que habíamos

llegado a un callejón sin salida. Al menos por ahora, pues es probable que

hayamos dejado preparado el terreno para una próxima importante ronda de

negociaciones, la que se celebrará en Copenhague el año próximo sobre la

cuestión del cambio climático. En las próximas negociaciones enfocadas sobre

el desarrollo y la pobreza los países ricos deberán estar preparados para

cargar con mayores responsabilidades, mientras que las naciones en

desarrollo también deberán aceptar su cuota de responsabilidad.

 

Quizás estuve presente en el colapso de un orden mundial. Pero, al mismo

tiempo, fui testigo del nacimiento de un nuevo orden mundial en el cual

todos los países están presentes y exigen sus derechos. Hace sólo unos pocos

años eran Estados Unidos y la Unión Europea (UE) quienes decidían el

resultado de tales conflictos. Si ellos estaban de acuerdo en una solución

ésta era generalmente aceptada. Pero esos días pasaron. Ahora, nadie puede

ignorar a países como India y Brasil que, juntos, hablan en nombre de unos

100 países en desarrollo. Y por primera vez hay un nuevo actor en el círculo

de las naciones importantes, aquellas que llevan la voz cantante: China

habla como un país en desarrollo y, lo mismo que India, ha estado exigiendo

el respeto de los derechos de los países en desarrollo.

 

Aunque esos países han sacado a centenares de millones de personas de la

pobreza, hay, por ejemplo, mucha más gente viviendo en la pobreza en India

que en toda África. Pero hay mucho más sobre China. En conversaciones

privadas con colegas de Asia he oído que no son las exportaciones de Estados

Unidos o de la UE a las que más temen, sino al gigantesco exportador chino.

 

En la otra punta de la escalera, países de África del Oeste cuentan con la

OMC para que se presione a Estados Unidos a fin de que reduzca el alto nivel

de sus subsidios a las exportaciones de algodón, que están aniquilando a la

industria algodonera en los países africanos pobres.

 

Reconocemos que la situación es seria, pero los dirigentes responsables

deben también mirar hacia el futuro. No debemos perder lo conseguido hasta

ahora a través de las negociaciones. Ninguna de las soluciones que hemos

delineado en este período tendrá efecto hasta que lleguemos a un acuerdo

sobre el entero paquete. Por lo tanto, debemos utilizar este fracaso en

Ginebra como un estímulo para la conformación de un orden mundial en

consonancia con una nueva época. Una época que involucra a más estados y que

presenta un cambio en el balance de poder, así como que exige nuevas tareas

esenciales en temas como los del cambio climático, el ambiente, los derechos

laborales y la lucha contra la pobreza. (FIN/COPYRIGHT IPS)

 

(*) Jonas Gahr Store, ministro de relaciones exteriores de Noruega.