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Una isla rodeada de aguas turbulentas

 

 

Por Mario Osava


RÍO DE JANEIRO,  (IPS)  – Brasil no pretende ser inmune a la crisis en 

medio de un mundo que se derrumba, pero todo indica que quedará lejos de 

la recesión que ya sufren los países ricos y proyecta  un crecimiento 

razonable si el desastre económico-financiero global no se agrava ni se 

prolonga más de lo esperado.

 

 

La desaceleración se reflejará en la expansión del producto bruto interno 

en sólo 2,4 por ciento, según analistas más conservadores del mercado 

financiero, o 3,2 por ciento de acuerdo a la proyección del Banco Central, 

que discrepa con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien 

espera cuatro por ciento.

 

  Es una meta, no un pronóstico, matizó el mandatario.

 

  La caída será fuerte respecto de 2008, en que el crecimiento 

seguramente superará el 5,5 por ciento, a saber por la mayoría de las 

estimaciones. En los tres primeros trimestres del año pasado se registró 

una expansión de 6,4 por ciento, pero los indicadores de los tres últimos 

meses señalan que la crisis finalmente se hizo presente en el país.

 

  La producción de vehículos automotores, por ejemplo, cayó en noviembre 

34,4 por ciento en comparación con el mes anterior y 28,6 por ciento 

respecto del mismo mes de 2007. Los bienes durables de alto valor fueron 

los más afectados por la crisis, porque sus ventas dependen casi 

totalmente del crédito, que se hizo escaso repentinamente.

 

  El gobierno trató de estimular las ventas decretando el 11 de diciembre 

la liberación de créditos y reducción de impuestos para las compras de 

vehículos de menor potencia, medida que extendió la crisis al comercio de 

automóviles usados en un primer momento. Nuevas medidas, incluyendo otros 

sectores como construcción y agricultura, serán adoptadas el 20 de este 

mes, prometió Lula.

 

  En noviembre, el país perdió 40.800 empleos formales, según datos del 

Ministerio del Trabajo. Fue el primer resultado negativo para ese mes en 

los seis años de gobierno de Lula. En ese mes usualmente se generan más 

puestos laborales ante el gran consumo para las festividades de fin de 

año.

 

  Los cálculos de analistas indican que el desempleo aumentará en 2009 si 

la economía no crece por encima del tres por ciento. Ese es un elemento 

que puede afectar la altísima popularidad de Lula, que alcanzó a 80 por 

ciento de los consultados a mediados de diciembre pese a la crisis.

 

  La flexibilización de las leyes laborales volvió a ponerse sobre el 

tapete, por presión de empresarios que la proponen como forma de evitar 

mayores despidos. El rápido rechazo sindical podrá ablandarse si se agrava 

la perspectiva de desempleo masivo.

 

  El gobierno, con el presidente y muchas autoridades con pasado de 

sindicalistas, favorecen las negociaciones.

 

  La crisis importada destaca otras diferencias que casi componen una 

excepción brasileña.

 

  Mientras los bancos centrales de casi todo el mundo bajaron sus tasas 

de interés de referencia, para llegar prácticamente a cero en muchos 

países industrializados, la entidad emisora brasileña mantuvo la suya en 

13,75 por ciento, considerada la más elevada del mundo en términos reales.

 

  El temor es que la devaluación del real, la moneda nacional, de más de 

30 por ciento desde agosto, se transfiera a los precios, aumentando la 

inflación que al hacer el balance de 2008 se presumen que quedará en seis 

por ciento.

 

  Los críticos del Banco Central arguyen que ese factor será anulado por 

la fuerte caída de los alimentos, el petróleo y otras materias primas en 

los mercados internacionales.

 

  La autoridad monetaria brasileña, conocida por su persistente 

conservadurismo, sufre críticas crecientes también por la extremada 

volatilidad del tipo de cambio desde septiembre, que afecta la 

organización de la economía.

 

  De los 1,56 reales por cada dólar que se negociaba a comienzos de 

agosto, se pasó a 2,30 reales, aunque llegó a 2,52 en oscilaciones bruscas 

y diarias.

 

  La depreciación del real, sin embargo, corrige una exagerada 

sobrevaluación acumulada en los últimos años, que afectaba las 

exportaciones, especialmente de productos industrializados. La disminución 

de las exportaciones a causa de la crisis será parcialmente compensada por 

el mayor retorno en reales, por lo menos para las empresas.

 

  Con las exportaciones diversificadas en términos de mercados de 

destino, Brasil deberá sufrir menos la merma del comercio internacional, 

incluso porque exporta muchos alimentos, en general menos afectados por la 

reducción de importaciones.

 

  A pesar de las malas perspectivas para 2009, los brasileños celebraron 

el final de un excelente año económico, excepcional en las tres últimas 

décadas. Además del crecimiento económico y la generación de casi dos 

millones de nuevos empleos formales, surgió una garantía de prosperidad a 

largo plazo.

 

  En mayo el país tomó conocimiento de que posee enormes reservas de 

petróleo bajo aguas profundas y una capa de sal en su zona económica 

exclusiva, a cerca de 250 kilómetros de la costa sudeste del océano 

Atlántico, que convierten Brasil en nueva potencia en hidrocarburos.

 

  Su extracción tendrá alto costo y la caída de los precios petroleros 

tiende a postergar los planes de producción, pero poco preocupa, ya que se 

trata de una riqueza para el futuro, que sólo podrá convertirse en 

realidad dentro de algunos años, un tiempo necesario para que los 

brasileños discutan mejor el destino de sus utilidades.

(FIN/IPS/mo/if ip dv fm/br sl la/09)