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Una Negociación entre Fuerzas Desiguales

BRUSELAS, (IPS) .-   Al final de las negociaciones para un acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y 79 países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) la situación puede describirse como "un juego
enmarañado" o como "un revoltijo averiado", según el Financial Times.

Por Glenys Kinnock (*)

Ésta es una descripción válida. Pero, por supuesto, cuando comenzaron las negociaciones no se pensó que se desarrollaran de ese modo. Al inicio de la discusión sobre los Acuerdos de Asociación Económica (EPA) en el año 2000 se tenía la mejor de las intenciones de establecer convenios bilaterales compatibles con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que podrían contribuir al alivio de la pobreza, al estímulo para el desarrollo y la integración económica regional.

Sin embargo, a medida que la fecha tope de diciembre de 2007 se aproximaba vimos como el proceso se hacía cada vez más enredado por conflictos y disensos. Desde el principio, la Comisión Europea (CE) encaró las conversaciones sobre los EPA como si fueran negociaciones convencionales sobre libre comercio y no orientadas hacia el desarrollo de las economías ACP.

Así fue que, con la excepción del Caribe, los acuerdos fueron
inevitablemente recortados, principalmente en el comercio de bienes.
De los 79 países ACP, menos de un tercio firmaron acuerdos antes del
31 de diciembre 2007.

Quizás la mayor víctima de todo el proceso fue la integración
regional. Pese a que fue reiterado el principio de que el regionalismo
es un componente clave de una estrategia de desarrollo progresivo, es
probable que la política de la CE de concluir convenios separados con
estados individuales haya fragmentado irreversiblemente a las regiones ACP.

Los representantes de la CE culpan de este resultado a las
organizaciones no gubernamentales (ONG) y a nosotros, los miembros del
Parlamento Europeo. Esto equivale a no reconocer la preocupación
expresada de forma contundente por los gobiernos ACP, sus parlamentos
y sus sectores privados, por empresarios, agricultores, sindicalistas
y más generalmente por la sociedad civil de esos países.

Varios países acordaron a última hora, pero solamente porque
necesitaban mantener su acceso al mercado europeo. Esos países fueron
amenazados con mayores aumentos de aranceles y dificultades
comerciales si no aceptaban un convenio provisional.

En respuesta a las críticas de los países ACP durante la cumbre
UE-África, el presidente de la CE, José Manuel Barroso, pareció
promover oportunidades para el ajuste de los acuerdos provisionales.
Sin embargo, la CE ahora afirma que ese no es el caso ni nunca lo fue.

El Instituto de Investigación sobre Política Alimentaria Internacional
ha estimado que una implementación completa de las EPA significaría en
el 2035 un incremento de las exportaciones de la UE a ACP de 29.400
millones de euros, mientras que las exportaciones de ACP podrían caer
por 6.500 millones de euros.

Seamos claros, la reestructuración económica para acomodar los EPA
será costosa y necesita recursos a largo plazo. La UE afirma que el
dinero reciclado para el 10º Fondo Europeo de Desarrollo a fin de
cubrir el período 2008-13, previsto en 22.700 millones de euros, será
suficiente para cubrir tanto la asistencia para el desarrollo en curso
como los costos adicionales de los EPA. Los países miembro prometieron
otros mil millones de euros anuales, pero yo pienso que podemos con
toda justicia presumir, dado que aún no ha sido asignados, que es
improbable que tal promesa se llegue a materializar alguna vez.

Los gobiernos ACP han presionado a la UE para que haga compromisos
vinculantes en el texto legal de cada EPA para suministrar los
recursos necesarios. Sin embargo, la CE argumenta que las
negociaciones para los EPA son sobre comercio y no sobre ayuda al desarrollo.

Necesitamos urgentemente una ulterior apertura de los mercados de la
UE a los productos ACP, particularmente los agrícolas, que son las
principales exportaciones de estos países. También debe ser abordado
el problema de los subsidios de la UE que dañan a los productores ACP,
particularmente en el caso de productos tales como arroz,  azúcar,
aves de corral, algodón, frutas y vegetales.

También debemos asegurar que no se produzcan intentos por parte de la
CE para presionar a los países ACP para que liberalicen servicios,
inversiones y suministros gubernamentales ni para que fortalezcan los
derechos de propiedad intelectual o para la inclusión de normas de
competencia dentro de los EPA.

Esos acuerdos comerciales entre la UE y la ACP son absolutamente
vitales para el futuro de los países más pobres del mundo. Debemos
asegurar que sean una fuerza genuina para el desarrollo. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Glenys Kinnock, británica y miembro del Parlamento Europeo.