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Alta incidencia de infección bacterial por los piercings

 

 

Por G. Rodriguez / Revista Siempre!

Cinco de cada 10 jóvenes que se realizan perforaciones en alguna parte del cuerpo presentan como consecuencia una infección por bacterias en el área horadada. De estos cinco, tres exponen un proceso infeccioso crónico, que les ocasiona secreción con pus, dolor en la parte afectada y fiebre. Los síntomas aparecen a partir del quinto día, pero es hasta los 15 o 20 días posteriores que asisten con el médico para ser atendidos.
El doctor Pedro Grajeda López, jefe del Departamento de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional La Raza del IMSS, dijo que por los llamados piercing también se pueden contraer enfermedades como la hepatitis o el VIH sida.
“El riesgo que corren los jóvenes al hacerse orificios —dijo— es muy alto porque, en ocasiones no tienen la seguridad de que los lugares donde se realizan este tipo de trabajos sean espacios limpios y que además cuenten con las medidas de esterilidad necesarias”.
“Tampoco es posible determinar —agregó— si las personas que los realizan están capacitadas para hacerlo adecuadamente, con higiene e instrumentos esterilizados. Ante esta situación, la donación de sangre no está permitida para las personas que se hayan hecho algún agujero o tatuaje, para evitar el riesgo de que esté contaminada.”
Detalló que en el caso de los aretes que se les coloca a las niñas desde muy pequeñas, las perforaciones se hacen en los hospitales donde se cubren al 100% las normas de higiene.
Asimismo, mencionó que dependiendo del sitio perforado, se pueden tener como resultado diferentes afecciones. En la lengua se pierde la percepción de los sabores, debido a que la saliva causa un efecto abrasivo con el metal de la pieza. Incluso, el movimiento de este músculo se atrofia.
En los labios se pierde la sensibilidad y, además, se deforman; la nariz tiene cartílagos que son muy sensibles y los piercing pueden destruir su estructura hasta desfigurarla.
Perforar la ceja puede causar la pérdida del movimiento; además, al igual que la nariz, la cicatrización es de tipo hipertrófica, es decir, voluminosa, causa dolor y comezón. Generalmente, una vez colocado el piercing, el orificio ya no vuelve a cerrar, debido a que se genera una cavidad de tres milímetros de diámetro aproximadamente.
Para los casos extremos, como alteración de la estructura del órgano, caso frecuente en la nariz, se requiere de una intervención quirúrgica, manifestó el cirujano plástico del IMSS.
Estas cirugías en muchas ocasiones resultan complicadas, por ello es necesario hacer una minuciosa labor para restaurar, principalmente, sus cartílagos.
Finalmente, indicó que es importante la comunicación entre padres e hijos, ya que ponerse piercing generalmente es resultado de imitación, falta de identidad o de información en los adolescentes, que pueden generar graves consecuencias.