MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

Amar a Golpes

Una relación amorosa florece en el noviazgo. Por eso es fácil pensar que la violencia en la pareja surge, si es que se presenta, hasta que la llama del enamoramiento se apaga en el hastío del matrimonio. Así lo retratan canciones, películas, novelas. Nada más lejos de la realidad mexicana.

Fuente: Editorial El Universal

El Instituto Nacional de la Juventud (INJ) revelará el contenido de una encuesta nacional en que dos de cada tres jóvenes entrevistados —entre 15 y 29 años— confesaron haber vivido al menos una relación de noviazgo violenta, ya sea en forma física, verbal o sexual.

Sería imprudente afirmar que esto es por fuerza un fenómeno ligado sólo al entorno actual en que se desenvuelven los jóvenes. Recordemos la falta de similares estudios en el pasado.

En tiempos anteriores la condena social al divorcio, al trabajo de la mujer, a la libre sexualidad de ella y a la comunicación sentimental en el hombre era mucho más marcada que ahora. Las denuncias eran risibles; las encuestas, inexistentes.

El pasado no es consuelo ante la situación actual; es una razón más para darnos cuenta de que incluso una sociedad con (algunas) instituciones y leyes de siglo XXI mantiene viva una cultura cínica escondida en la intimidad.

A pesar de la creación en los últimos años de institutos de las mujeres, comisiones de derechos humanos y rimbombantes leyes como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia —cuya derivación en el DF buscaba castigar las “miradas lascivas”—, hacen falta cifras que justifiquen, en este caso en particular, tanto dinero invertido.

 

Lejos de frenar el problema, “hay un incremento, sobre todo en los últimos cinco años”, de acuerdo con la coordinación del Área de Enseñanza e Investigación de los Servicios de Investigación Psiquiátrica de la Secretaría de Salud.

Algo se está haciendo mal o hace falta por hacer. Una pista podría darnos la génesis del problema señalado en este estudio, si no la única, sí la más importante: el entorno familiar.

“La violencia es tan generalizada que pocos se percatan de ella”, dice la directora del instituto, Priscila Vera. Lo era antes y lo es ahora porque la violencia también se aprende.

Por un lado está la violencia sufrida en la casa propia que luego la víctima traslada a sus relaciones afectivas. Por otro, el sentimiento de soledad y la baja autoestima que se descarga en el noviazgo en forma de obsesión y celos.

La educación (a hijos y padres) y la denuncia efectiva sin posterior impunidad son los dos ejes necesarios para revertir la tendencia. Si el fenómeno sigue en aumento da la impresión de que leyes e instituciones fracasan en ambos.