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Dos preguntas acerca de la televisión

Por razones de trabajo, no pude asistir el domingo 13 de abril a la concentración convocada en el Zócalo por López Obrador, pero el lunes prendí mi televisor con la ilusión de que sería informado sobre lo ocurrido.

No hubo nada. Silencio total. Ni una imagen ni información distorsionada o manipulada, que ya hemos aprendido a leer correctamente después de tanta experiencia. Fue por ese mutismo televisivo que comprendí el mensaje: el evento había sido todo un éxito.

Apagué entonces el televisor, me fui al puesto de periódicos pensando en La Jornada y en Proceso. Al recordar que Proceso no podía traer aún esa información, adquirí el diario y pude confirmar mi sospecha: el acto de López Obrador había sido un éxito.

Leí lo ocurrido en detalle para sacar mis propias conclusiones y tomar una decisión acerca de mi participación en uno de los problemas de mayor trascendencia para los mexicanos: la privatización de nuestra riqueza petrolera.

Luego me senté ante el televisor haciéndome esta pregunta: ¿Qué hago con Televisa y con Televisión Azteca? Es tiempo de tomar una decisión. Fue ahí, en ese momento, cuando tuve una gran revelación. En mis manos tenía yo un pequeño aparato llamado “control remoto”, por medio del cual, simplemente aplastando un botón, podía hacerlas desaparecer.

“¡Las tengo en mis manos!”, pensé, y oprimí el botón señalando: “¡Desaparezcan de mi hogar!”.

Al meditar acerca del enorme poder que se me había concedido, me propuse plantar en el corazón de mis compatriotas las siguientes dos preguntas:

1. ¿Qué pasaría si la mayoría de los mexicanos desapareciéramos de nuestro hogares a Televisa y a Televisión Azteca?

2. ¿Crees tú que las concesiones a Televisa, a Televisión Azteca y a algunas estaciones de radio deben ser removidas?

Atentamente

Juan José Murúa Higuera
 

Fuente: Revista Proceso (Carta abierta)