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Fallece ‘el rey del pop’, Michael Jackson

 

Por ROBERTO PONCE / Revista Proceso

MEXICO, D.F.,  (apro).- El "rey del pop", Michael Jackson falleció esta tarde en Los Angeles, California, a la edad de 50 años, víctima de un paro cardiaco, confirmó el médico forense Fred Corral.

 

           Dijo que Jackson fue declarado muerto a las 14:26 horas de hoy, luego de haber llegado al hospital.           

 

            La historia del famoso músico es por demás polémica. Más allá de su afición a seducir niños; un matrimonio arreglado con Lise Marie Presley (la hija de Elvis); haberle quitado a Paul McCartney la propiedad de canciones, o los rumores bizarros de su existencia solitaria cual deidad inasible, Michael Jackson fue un artista singular que conquistó el triunfo musical por méritos propios. 

 

          Lo señaló así Charlie Kendall, director de una de las emisoras de rock más importantes de Nueva York: "Michael Jackson es cultura masiva, no cultura pop. Nadie puede negar que tiene una voz privilegiada y un estilo sorprendente… Tiene algo que transmitir a la gente de cualquier edad, y de todos los gustos musicales. Este tipo de artista nace una vez en cada generación." 

 

          Jackson era ya una estrella a los nueve años de edad, cuando, con sus hermanos Marlon, Jackie, Jermaine y Tito, grabó sus primeros éxitos para la marca Motown, en 1970, como los Jackson 5 Fue el dueño de la disquera, Berry Gordy quien vio en Michael su gran talento, como recuerda en su autobiografía To Be Loved ("Ser amado. Música, magia y recuerdos de Motown", Warner Books, 1994): 

 

           "Aquel muchachito tenía una increíble seguridad en sí mismo que me llamó la atención. Cantaba sus canciones con tanto sentimiento, inspiración y dolor, como si él hubiese experimentado todo eso que interpretaba… Y algo más que Michael atesoraba era una cierta calidad nunca antes vista que entonces no comprendí del todo, pero supe que era alguien especial." 

 

           Una anécdota peculiar del llamado "Rey del pop" ocurrió poco antes del 25 de marzo de 1990, cuando Madonna aceptó cantar en la ceremonia del premio Oscar, asistiendo acompañada justamente de Michael Jackson. Relata Christopher Andersen el la biografía no autorizada de la vocalista "Madonna Unauthorized" (Island, 1991): 

 

         "Una semana antes del evento, Madonna y Jackson se reunieron en el restaurante pomposo The Ivy en Los Ángeles, para planear su grandiosa cita. Jackson se presentó con sus características gafas oscuras, y al momento de sentarse en su mesa, Madonna se inclinó hacia él, agarró sus anteojos y los lanzó lejos en el sitio, diciéndole: `Tú, ahora estás conmigo, quiero ver tus ojos`. Y como Michael no dejaba de mirar su escote, Madonna le tomó la mano, se la puso en su propio seno y allí la mantuvo Michael durante muchos segundos." 

 

         A decir de Andersen, hacía tiempo que ambos sentían una fascinación mutua: "Después de todo, los dos eran dos incomparables iconos del pop, por lo cual deseaban simpatizar tanto como les fuera posible de un modo que pocos podrían. A Jackson le intrigaba la habilidad sin par que poseía Madonna para continuamente refrescar su imagen (…), pero también estaba celoso del éxito de ella. 

 

         –No es tan buena –expresó Michael a un antiguo socio suyo cuando Madonna fue nombrada ‘La artista de la Década’ en 1989, y 

 

añadió–: Seamos honestos: ella no sabe cantar. Simplemente es una bailarina pasable. ¿Qué es lo mejor que ella logra? Que conoce cómo venderse a sí misma. Y nada más. Se dice que Jackson llamó a los ejecutivos de Warner para quejarse de aquel premio a la ‘chica material’, argumentando que no lo merecía, y que provocaba en la propia imagen de él `fealdad’". 

 

         Enseguida, transcribimos los primeros pasos en la carrera de Michael Jackson, vistos por Berry Gordy en su biografía, fragmentos que forman parte del capítulo décimo "Cambios en la onda, de 1968 a 1971": 

 

        "Mudamos la disquera Motown a la costa oeste, en Los Ángeles, pero un verano antes llegué al elevador del edificio rumbo a mi oficina en Woodward Avenue, Detroit, y mi asistente Suzanne me comentó: 

 

         –Tienes que oír a estos chicos, son los Jackson 5. Los adorarás… 

 

         –Odio a los conjuntos de chiquitines menores de edad y sus tutores, o chaperones -–repliqué. 

 

        –No, claro que no los odias. Ellos son fabulosos. 

 

        Suzanne me conocía demasiado bien. 

 

        Ahora recuerdo cuánta intensidad sentimos todos aquella mañana de julio cuando vimos actuar en vivo a esos cinco chamacos oriundos de Gary, Indiana. Michael, de nueve años de edad; Marlon, de 11; Jermaine, de 14; Tito y Jackie, de 15 y 17, todos representaban un buen negocio. 

 

          Comenzaron con una pieza de los Temptations, moviéndose juntos como David Ruffins aunque con estilo particular. Al cantar "Lluvia" y "Camino del tabaco" parecía como si fueran piezas escritas para ellos. Luego, seguía el turno de Michael, quien hacía sus movimientos tipo James Brown. En "Tengo el sentimiento" quedé impactado por su manera de mover los tacones en una danza que habría impresionado al mero "Padrino del soul" James Brown. 

 

         Ese muchachito Michael poseía tal seguridad en sí mismo que me llamó la atención, y al pasar a otra canción no dejaba de mirarme todo el tiempo, como si me estudiara. Todas las pistas correctas estaban en su sitio para que mi disquera los contratara: su profesionalismo, su disciplina, su talento. Y algo más que Michael poseía. 

 

         Era una cualidad innata que no comprendí del todo en un comienzo, pero que supe hacía de él un artista especial. Incluso ya desde la primera cita, me hizo darme cuenta que estaba hambriento por aprender y que estaba dispuesto a trabajar lo más duro y necesario como para alcanzar la cúspide; querían llegar a ser verdaderamente grandioso. Michael Jackson me expresó que él tenía fe en que yo sería la persona que lo conduciría a él hacia el estrellato. 

 

         Tras el aplauso, los Jackson 5 me miraban ansiosos esperando mi veredicto. Todos estaban nerviosos, a excepción de Michael, quien creía saber que yo lo admiraba con cariño. 

 

        –¡Sí, muchachos…! ¡Voy a contratarlos y grabarán para en Motown! 

 

Impulsé una campaña interior para que toda la compañía los adorara. Mucho antes de irnos a California, planeaba bien qué dirección deseaba para los Jackson 5. Michael me recordaba a un Frankie Lymon en pequeño, quien había sido cantante de un conjunto de finales de los 50, cuyo gran hit fue "Por qué los tontos se enamoran", así que pensaba escribirles a Michael y sus hermanos una melodía similar para su primer disco. 

 

          "Quiero que regreses" llegó al número uno el 31 de enero de 1970. El 24 de febrero, su segundo disco sencillo "ABC" tumbó del primer sitio en popularidad y ventas a "Déjalo ser" de Los Beatles. En junio, el tercer disco "El amor que guardas" también alcanzó la cima. Entonces les propuse una balada como cuarto sencillo, para dar el cambio de onda. 

 

         Con la voz tierna y formal de Michael proponiendo en la letra "Estaré allí para protegerte" y alternando versos con Jermaine, integraban en dueto apasionado "Estaré allí con un amor poderoso, seré tu fuerza y te daré impulso", mientras los demás Jackson 5 hacían coros, "Estaré allí" igual conquistó el primer sitio. 

 

          Los Jackson fueron el primer conjunto en la historia del pop que lograron cuatro discos sencillos al hilo en el primer sitio del Top 100 de éxitos musicales. 

 

         A comienzos de 1973, tras cuatro años de triunfo de los Jackson 5 y cuando Michael había comenzado una arrolladora carrera solista con cuatro discos exitosos, la disquera CBS consiguió firmar a los Jackson un año antes de que concluyera su contrato con Motown, por lo cual demandé al papá de los chicos grupo (Joe Jackson) ganando 100 mil dólares y perdiendo a mis artistas preferidos, así que terminamos nuestra relación. 

 

          Para la celebración de los 25 años de Motown, invité a los Jackson 5 a participar. Sin embargo, ante un mundo de estrellas, fue Michael Jackson quien se robó el espectáculo. 

 

         Al verme llegar para el evento, Michael me sonrió, nos abrazamos, y fuimos a mi despacho para hablar en privado. Me advirtió que le parecía mal salir demasiado en la televisión y le contesté: "Esto no es TV, ¡se trata de los 25 años de Motown! Ustedes no han actuado en ocho años, pero si crees que ya eres demasiado grandioso solito, simplemente haz las cosas bien y vas a hallarte en órbita, Michael…". 

 

         Con la precisión dramática de sus primeros tiempos, Michael llevó al grupo de sus hermanos a una frenética coreografía creada por él cantando un popurrí de sus mejores canciones. 

 

          Entonces, se quedó solo, seguido en el centro del escenario por la luz circular entre el foro oscuro y comenzó a moverse para interpretar una pieza que acababa de grabar, "Billie Jean". 

 

         Fue la actuación más increíble que jamás haya visto. Tenía el toque de los mejores bailarines de todos los tiempos en sí mismo, Fred Astaire o Sammy Davies, Jackie Wilson y James Brown o el mimo Marcel Marceau. 

 

Pero lo que resultó fuera de serie era su maravilloso pasito lunar "Moonwalk" y ahí sí, todos explotamos en júbilo y paroxismo. 

 

Cuando la grabación del programa fue transmitida por televisión, Michael Jackson se hallaba en órbita.