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‘Goya’

 

 

 

Bucareli / Jacobo Zabludovsky / El Universal 

 

 

 

 

Cuando el embajador Carmelo Angulo terminó su discurso, 100 gargantas, más acostumbradas al sigilo de las bibliotecas que al alarido de los estadios, gritaron la vieja porra de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

En un ambiente de fiesta se anunciaba la candidatura al Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. “La UNAM es candidata natural a este premio”, dijo y explicó su propuesta.

Con 300 mil estudiantes, más de 35 mil profesores e investigadores, es la mayor universidad del mundo iberoamericano y de habla hispana. Nacida hace 458 años, el próximo celebrará 100 de ser nacional y 80 de autónoma.

A las seis en punto de la tarde del jueves pasado, cuando Gabriel García Márquez y yo llegamos a la embajada española, el amplio vestíbulo estaba rebosante de los intelectuales y académicos más respetados de México. Se puso corbata para la ceremonia, “porque habrá fotógrafos y luego dicen que falto al respeto”, me dijo el escritor que al entrar, como siempre pasa, se hizo centro de saludos, abrazos y bienvenidas. Minutos después empezó el acto formal y habló el embajador para sustentar su propuesta. Argumentos no le faltaban.

The Times Higher Education Supplement y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas la nombraron la mejor universidad de Iberoamérica. Incluye, claro, las universidades de habla portuguesa y las legendarias de Alcalá de Henares, Salamanca y Santiago de Compostela, en España.

De la UNAM egresaron los tres mexicanos que han merecido el Premio Nobel: Alfonso García Robles, Octavio Paz y Mario Molina. También ocho de los 10 mexicanos que han obtenido el Príncipe de Asturias: Francisco Bolívar Zapata, Carlos Fuentes, José López Portillo, Ricardo Miledi, Marcos Moshinsky, Guido Munich, Emilio Rosenblueth y Silvio Zavala.

Se habló de la influencia del humanismo español acrecentada al llegar exiliados maestros como Joaquín y Ramón Xirau, Adolfo Sánchez Vázquez, José Gaos, Jaime Serra Hunter, Luis Recasens Siches, Luis Cernuda, entre muchos otros. “La UNAM ha sido el espacio más importante donde el destierro se convirtió en trastierro… ha sido una casa del pensamiento no sólo mexicano, sino iberoamericano”, dijo el embajador Angulo.

El rector José Narro Robles agradeció la propuesta, invitó a los premiados mexicanos con el Príncipe de Asturias a formar un grupo para apoyarla y recordó la llegada de la inteligencia española al terminar la guerra civil. Habló también un hijo y nieto de exiliados, Francisco Bolívar Zapata, quien encontró en la UNAM la posibilidad de investigar y llegar a la obtención del premio del que se habla. Y Antonio Suárez, miembro del patronato de la Fundación Príncipe de Asturias, como mexicano español afirmó que hablar de la UNAM es hablar de prestigio y fortaleza.

Entre los que vi y recuerdo: José G. Moreno de Alba, director de la Academia Mexicana de la Lengua; el secretario Gonzalo Celorio, Miguel León Portilla, Antonio Navalón, Rafael Moreno Valle, de la Fundación UNAM, Margo Glantz, Teodoro González de León, Sealtiel Alatriste, Rafael Tovar y de Teresa, Fernando Serrano Migallón, Consuelo Sáizar, Néstor de Buen, Roberto Patiño Manssur, Javier Garciadiego, Javier Cortés Rocha, directores de facultades, seminarios y posgrados. Se disculpó por su ausencia y apoyó la candidatura Carlos Fuentes. La concurrencia fue como un muestrario escogido de lo mejor de esa amalgama cultural de España y México.

La del embajador Angulo es una de esas ideas de las que uno dice cómo no se nos ocurrió antes. Unida a la historia de México, la UNAM es, como ninguna otra institución, columna vertebral de nuestra cultura, ejemplo de integración social y económica, testimonio de la necesidad de mantener en México la educación popular, gratuita y laica.

Sin la UNAM este país no sería el mismo, no se entendería al México actual y seguramente habrían desaparecido principios que configuran nuestra manera de vivir, libertades que aún disfrutamos. En medio de una tendencia a la vulgaridad, en la corriente incontenible de lo mediocre, la Universidad crece en servicios, museos, orquestas, carreras surgidas de las técnicas de avanzada, penetración en las disciplinas humanísticas. Envuelta en las carencias del entorno, la UNAM fortalece el orgullo y la dignidad de todos los mexicanos que han recibido mucho de ella aun sin haber sido sus alumnos, aun sin percibir que lo reciben.

Felicitaciones al embajador Carmelo Angulo, la propuesta lo honra. Si se concede el premio será un reconocimiento doble: a la UNAM y a la Fundación Príncipe de Asturias.