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‘Los lobos’, retrato de la corrupción política


Por COLUMBA VéRTIZ DE LA FUENTE / Revista Proceso


 

 

Justo en un año electoral, el actual quehacer político mexicano se aprecia en la versión que Héctor Bonilla realizó de Los lobos, tragedia escrita por el argentino Luis Agustoni.

También director del montaje, Bonilla cuenta que cuando le ofrecieron el proyecto los productores Rodolfo Ayala, Fernando Junco y Otto Minera, puso como condición realizar una versión para México:

“No tenía objeto presentar tal cual la obra original. Agustoni es un hombre muy talentoso, productor, escritor, actor, y es de izquierda. Usa la obra para denunciar unos hechos en el contexto argentino de los años cuarenta, entonces, pensé que había que hablar de nuestra realidad política y del vacío que hay entre la sociedad civil.

“Trabajé intensamente, pero no era difícil. Era de alguna manera hacer una semblanza de lo que es el quehacer político de México. Debíamos mostrar a alguien que desde la izquierda trata de hacer bien las cosas, pero como esa corriente no pasa por su mejor momento, eso se debía mostrar.”

La obra reúne por primera vez a Pedro Armendáriz, Roberto D’Amico, Jesús Ochoa, Rafael Sánchez Navarro y Víctor Trujillo (quien regresa a la escena teatral tras 17 años de ausencia) como cinco importantes personajes de la vida pública del país, quienes se juntan para resolver un conflicto extremo en el cual todos están implicados. 

Entonces, echan mano de todos sus recursos para influirse mutuamente: intereses, deudas de amistad, extorsiones, engaños, amenazas, chantajes y revelaciones. Es un ambiente de lujo, poder y corrupción, en el que se agitan las mayores pasiones, las mayores bajezas, los mayores intereses, las más grandes decisiones.

 

Caja de Pan… dora

 

Aunque Bonilla no menciona los nombres de los partidos, se reconoce a los panistas, un hombre del Estado Mayor Presidencial, un priista y un socialista.

–¿Por qué no arriesgarse a poner los nombres de los partidos?

–No es cuestión de arriesgarse, no quise centrarme en eso. 

“No se trataba de caer en caricaturas. Es decir, parodiar y poner un personaje que conozcamos, sino de hablar de tendencias políticas: la derecha, la izquierda, y hablo muy despectivamente de los partidos pequeños.”

–¿Cuál es el peligro que se corre por caer en la parodia?

–Hay que alejarse de esta catarsis tipo olla exprés con la que estamos acostumbrados a vivir en la corrupción, hacemos un chiste y lo asimilamos como cotidiano. Claro que el humor lo lleva Armendáriz en el contexto de un viejo angustiado que invita a una dolorosa y profunda reflexión acerca de nuestra realidad.

La obra se centra en un fraude millonario. Puede sugerir el del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa); el presupuesto que se otorgaron este año los partidos de 3 mil 663 millones de pesos, o el rescate de los bancos, en fin… Bonilla enfatiza que la pieza teatral invita a la reflexión de la realidad mexicana.

Los lobos estrenó el pasado 23 de octubre en el teatro Ocampo de Cuernavaca. Ha viajado a Toluca, Querétaro, Guadalajara, León, San Luis Potosí, Monterrey, Tampico, Posa Rica, Pachuca, Celaya, Saltillo, Torreón, Chihuahua, Ciudad Juárez, Durango, Aguascalientes, Morelia, Tepic, Ciudad Satélite, Puebla y Xalapa, entre otras ciudades.

La adaptación teatral de Bonilla se enfoca en la corrupción de la clase política y el gran mal que aqueja al país: la partidocracia.

–¿Ha empeorado la corrupción en la clase política?

–Sí. Se ha puesto de manifiesto el grado de corrupción precisamente porque Calderón destapó la Caja de Pandora. Se involucra al Ejército Mexicano para frenar a los que parecían ser unos narcos que para lavar dinero compraban un hotelito. 

“Entonces, ¿qué pasó con el narcotráfico? Ha crecido. Se le enfrenta y entonces se defiende, y nos damos cuenta de la dimensión.”

La partidocracia es cuando los partidos se ponen de acuerdo entre ellos para defender sus intereses, y esto se hace evidente en la versión teatral, por lo que se le pregunta si Los lobos incomodará a los políticos mexicanos. Pero Bonilla menciona que no cree que le hagan caso.

“Se ha pervertido la intención primaria de la política. El momento de la participación de la sociedad civil. Somos los que pagamos nuestros impuestos y cumplimos las leyes tantas veces tendenciosas, pero debemos mostrar la congruencia en el aspecto en que nos toca como obligación intervenir. 

“Debemos ser una sociedad más participativa, más exigente, más presente, más informada. Hay que ser estricto y participar activamente en la medida de nuestras posibilidades contra la corrupción y la colusión de los partidos.”

Según el experimentado actor, “ese sería el antídoto para la partidocracia”. Los lobos no integra una crítica o la denuncia severa porque, a decir suyo, “no se trata de juntar todas las mentadas de madre que uno ha acumulado en su vida, sino hablar acerca de la situación política”. 

Insiste en que la obra impulse a los espectadores para reflexionar y que la gente exija sus derechos. Este mes, Los lobos irá a Campeche (el día 10), Mérida (11y 12), Cancún (13 y 14), Cuernavaca (17), Celaya (19), Acapulco (21) y Guadalajara (28 y 29).  

 

Esta reseña se pulbicó en la edición 1688 de la revista Proceso que empezó a circular el pasado 8 de marzo.