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Madonna en concierto. Chica Material para rato

 

Por Mario Saavedra

 

No puedo decir que crecí escuchando a Madonna, ni mucho menos que en particular me haya interesado o me interese su música; sin embargo, el fenómeno en torno a su personalidad sí me ha atraído, porque es indudable que la Chica Material, a la suma de los años y de las varias generaciones tocadas por su envolvente atractivo, por su enloquecido imán, forma parte ya del inconsciente colectivo de una posmodernidad cuyo rasgo neurálgico es y ha sido el eclecticismo, lo que Milan Kundera ha denominado el kitsch, en una época estacionada entre el ser y el olvido.

Varias generaciones

Y en efecto, el mayor atractivo en Madonna ha sido el fenómeno que representa, la suma de apetitos ocultos que a través de ella se liberan y entonces encuentran por fin carta de presentación, siempre entre los límites del interdicto y la transgresión. Si su música es y ha sido intrascendente, baladí, ella y su personalidad han ocupado en cambio un espacio de insurrección al menos superficial, pero siempre necesario y saludable.
En esa línea todas las veces tan débil como imperceptible entre lo que importa y no, entre lo que es y no es, entre lo sustancial y lo insignificante, entre lo que permanece y pasa sin pena ni gloria, Madonna ha mantenido la atención de ya varias generaciones, entre otras razones porque lo que hace no deja de tener un sentido y un por qué. Dentro de una aparente banalidad, de un gran aparato mercadotécnico y una robusta parafernalia que alimentan y mantienen vivo el fenómeno, mucho de lo que hace y dice este sex simbol entre angelical y demoniaco, entre terrenal y etéreo, encuentra una justificación social y hasta crítica frente a un mundo superficial y consumista que la diva del pop ve con desconfianza, pero que al fin de cuentas permite que sobreviva y se perpetúe…

Contradicciones y paradojas

Y es que Madonna es ante todo eso, un suceso cargado de contradicciones, de paradojas, de incongruencias, como la propia realidad que habitamos y nos rodea. Motivo de admiración, de una casi idolatría, como el Maradona que movió a los hinchas argentinos a fundar una Iglesia en su nombre —al fin de cuentas todos los ídolos motivo de adoración funcionan igual, en alimento a una necesidad humana que Freud denominaba precisamente “sentimiento oceánico”—, no deja de llamar la atención que este “idola fori”, a más de veinte años de su gestación, siga produciendo furor, delirio incontrolado, en generaciones tan distantes y en apariencia tan disímiles, como pudimos corroborar en la reciente visita de este auténtico icono de los ochentas a México, en dos conciertos abarrotados al máximo en el Foro Sol, con más de cien mil asistentes entre ambos, donde fue posible reconocer a padres, hijos y nietos emocionándose al unísono, en igualdad de fuerzas y de pasiones, entre la nostalgia de unos y el desfogue incontrolado de otros. 

Espectáculo visual

Y también es un caso de llamar la atención que esta mujer de más de cincuenta años mantenga un espectáculo de casi dos horas en movimiento acrobático permanente, bailando y ejercitándose sin parar, todavía con aliento para hacer segunda —sus condiciones vocales, que nunca han sido extraordinarias, ésas sí ya no son las mismas— a un playblack que hace honor a un empleo al máximo del uso de la tecnología. Espectáculo sobre todo visual, si bien una no menos tecnificada sonorización pone a prueba los tímpanos con muchos pero muchos decibeles, de primera resultan tanto los videos sicodélicos y multitemáticos como los juegos de luces que muy bien revisten las muchas y variadas coreografías de la ya no tan Chica Material con sus extraordinarios cuadros de bailes que recorren —haciendo énfasis en que ella no es norteamericana sino del mundo— ritmos y estampas de muchas partes del globo terráqueo.
En más que perfectas condiciones físicas para sus más de diez lustros de vida, Madonna ha venido a reafirmar por qué a estas alturas de lo poco que de verdad le interesa es el deporte, el mantener una vida sana a punta de gimnasio y baile, porque se confiesa ahora una madre vigoréxica, después de haberlo probado todo, o ya casi todo. 

El México que la quiere

Revolucionada con lo que hace sobre el escenario, dice contar con músicos y creativos de lo mejor en su género, y su público le agradece a rabiar esa entrega sin restricciones ni de energía ni de ánimo, gozando todo el tiempo lo que hace al máximo y no guardándose nada. En este sentido, el fenómeno Madonna se sigue justificando con creces.
Después de quince años, Madonna regresó a México para corroborar que aquí todavía cuenta con un público que la quiere —y desea, por qué no— apasionadamente, y que a pesar del paso implacable del tiempo —sobre todo para otros—, ese amor se ha fortalecido. Por lo que sus fieles fans han podido comprobar, sin temor a equivocarse, que todavía les queda Chica Material para rato…

Fuente: Revista Siempre!