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Michael Jackson, rey del pop. Renegó de su negritud

 

Por Bernardo González Solano / Revista Siempre!

 

Hay personajes nacidos para la tragedia y la fama, máxime en los días que corren cuando los medios y la Internet hacen posible que todo se conozca en cuestión de segundos, la vida o la muerte.
Caso concreto es el inesperado deceso —aunque ninguno de sus millones de fans le auguraba un final tranquilo— del cantante, compositor, bailarín, fenómeno de la naturaleza, casi andrógino, Michael Jackson.

Nació el 29 de agosto de 1958 en Gary, Indiana, en el seno de una humilde familia negra con nueve hijos, una madre cantante devota de los Testigos de Jehová y un padre abusivo en todos los sentidos de la palabra, que le propició una infancia desdichada e infinidad de prejuicios en contra de sí mismo y de su raza negra.

Michael Jackson falleció el 25 de junio pasado en Los Angeles, California, cuando se preparaban para una serie de 50 conciertos que ofrecería en Londres y en otras partes del mundo, para las cuales ya se habían vendido más de un millón de boletos.

Fue quizás el negro estadounidense que mayor número de controversias ha suscitado no tanto por sus éxitos musicales y de baile, sino por sus costumbres personales de carácter sexual, acusado y absuelto de pederastia, aficionado a infinidad de medicamentos legales e ilegales, gastos extravagantes y su infinidad de operaciones plásticas faciales y tratamientos en el color de su piel.

En fin, por ser un icono para blancos y negros y otros sectores sociales de Estados Unidos y en buena parte del mundo.

La locura en los sitios web

La primera década del siglo XXI pasa a la historia por el ascenso a la presidencia de Estados Unidos del mulato Barack Husein Obama. Antes de este hito, único no sólo en la historia del Tío Sam, sino en el mundo occidental, “reinó” durante muchos años un cantante negro que no quería ser negro: Michael Jackson, a quien la otrora hermosísima actriz de origen inglés, Elizabeth Taylor, bautizó como el “rey del pop”, literalmente el “rey de lo popular”, abreviatura con el que se designó genéricamente al movimiento musical, cultural y artístico, nacido en la mitad de la década de los 50; movimiento que iba de la mano con el feroz consumismo de los 60 y los 70.

Antes de Jackson ya habían sido estrellas del espectáculo Frank Sinatra, Elvis Presley —con cuya hija contrajo matrimonio aunque se divorció de ella dos años después de su enlace— y Los Beatles, que en su momento revolucionaron la música juvenil y popular occidental; después de él nadie le disputó el título real del pop. Por más populares y brillantes que sean Kurt Cobain, Puff, Mariah Carey, Céline Dion, Beyoncé, Steve Wonder, Radiohead, Madonna —su más cercana competidora.

Quizás por eso, cuando se dio la noticia del fallecimiento de Michael Jackson, a las 16:30 horas del jueves 25 de junio, el sitio especializado en los chismes y noticias del mundo del espectáculo TMZ.com —fundado en 2005 por un abogado retirado, Harvey Levin, llamándole Thirty Mile Zone -TMZ: Zona de Treinta Millas, perímetro en el que están concentrados los estudios en Hollywood— ganó la primicia de la noticia, aunque tardó cincuenta minutos para ratificarla hasta comprobar que la muerte de Jackson era verdadera.

Después fue la locura. Mientras el rey del pop estaba muerto, según la Internet, en la televisión continuaba vivo. Cada medio actuaba según sus intereses. Lo cierto es que la web rompió todas las marcas posibles. La CNN reportó 20 millones de visitas en las web en el lapso de pocas horas. AT&T envió 65 mil mensajes de texto por segundo después de la muerte del astro musical, 60% más de lo normal; Twitter suspendió temporalmente sus servicios por exceso de tráfico: 5 mil tweets por segundo. El servicio AOL Instant Messenger fue puesto fuera de circulación durante 40 minutos. Las ventas y subastas de los CD y objetos personales de Jackson auténticamente volaron y los precios se triplicaron, al grado que las autoridades anunciaron que podrían darse fraudes con dichas ventas. Las radiodifusoras y las televisoras de todo el mundo dedicaron muchas horas de programas especiales sobre el rey y su fallecimiento.

El asunto se convirtió en un maratón mundial de 24 horas continuas. Jackson era la noticia. A más de ocho días de su muerte, las principales revistas del mundo dedicaron la portada al icono musical del pop; los mejores periódicos del planeta no han dejado de publicar nota tras nota sobre el destino del cadáver y del sitio de su probable entierro.

Los restos mortales

La disputa por los restos del cantante ha sido evidente, sobre todo tratándose de una familia tan conflictiva como la de Jackson. El tema de su herencia dará ríos de tinta en los próximos días, semanas y meses, quizás años. Que el padre de Michael quedara fuera del testamento apenas nadie lo dudaba. El abuso sexual contra su hijo siempre ha sido tema de discusión entre los fans de Michael.

En fin, el martes 7 del presente podría efectuarse una capilla ardiente del rey del pop en el Staples Center de Los Angeles, estadio de los Lakers, con capacidad para albergar 20 mil personas. Pero todo puede cambiar.

Como un auténtico icono musical y popular, Michael Jackson guardó su más impactante función personal para el último adiós. Quizás sabía que la muerte, a veces, pone las cosas en su lugar. Y que el mito —convertido en ser humano o en algo que se le parecía— tuvo que pagar su fama y su leyenda a muy alto precio: a semejanza de otro icono infantil estadounidense, Judy Garland, la inolvidable estrella de El mago de Oz (madre, por cierto, de Liza Minelli, gran amiga de Michael y conocedora de las consecuencias del mundo de la fama, que dijo: “Menos mal que ahora estamos celebrando su recuerdo porque una vez que se conozca el resultado de la autopsia, se armará la de Dios”) que terminó sus días víctima de las drogas y del alcoholismo.

Michael tampoco tuvo niñez, sin diversiones infantiles y sodomizado por su propio padre. Después, la historia del cantante es un escándalo permanente que todo mundo conoce.

Opiniones

Hay otros aspectos que no deben soslayarse. Elvira Lindo, la periodista española, al comentar el homenaje que se le rindió al muerto en el lugar de sus primeros éxitos, el Teatro Apolo de Harlem, escribió: “Michael Jackson era negro. A pesar de la renuncia pública a su nariz africana y de sus esfuerzos por aclararse la piel (no he llegado a saber nunca si se trataba de una enfermedad o una manía), Jackson era negro. Y los negros hacen suyos a sus muertos… Jackson era negro. Segregar la música por razas es injusto e inapropiado pero no se trata de razas, hay que explicarlo, sino de cultura, de cultura negra, y esa es la que mamó el pequeño de los Jackson Five”.

“Ayer Harlem le perdonó su Wonderland (con Peter Pan quiso recrear su infancia perdida), su nariz operada, su ridículo pelo alisado, la falta de empatía que tenía con el público que le había alzado. Le perdonó sus bobadas de rico desequilibrado, caprichoso, tan alejado de su origen humilde, tan distinto de esa otra estrella memorable Stevie Wonder. El Apolo, que tiene algo más de templo que de teatro bautizó a Jacko, ese chico tanto tiempo perdido en el universo de las celebridades desequilibradas… Jacko, que irónicamente rima con Wacko, el insulto más apropiado para él y el más ofensivo: loco de atar”.
Desde el mundo de la negritud estadounidense, el balance es más positivo para Jackson. La Cámara de Representantes rindió homenaje al icono en voz de Jesse Jackson, hijo del líder negro del mismo nombre, congresista demócrata por Illinois: “En nombre de toda una generación quiero agradecer a Dios habernos permitido vivir en el mismo tiempo”.

“Michael Jackson hizo posible que se aceptara a una persona de color. Mucho antes de que existiera Tiger Woods, mucho antes que llegara Oprah Winfrey, mucho antes de Barack Obama. Michael hizo con la música lo que otros después hicieron posible en el deporte, en la televisión y en la política”, sentenció el renombrado Al Sharpton, líder del movimiento de derechos civiles.

Agregó: “Jackson es una figura histórica… No existe controversia posible que pueda borrar este último hecho. Espero que Michael reciba el respeto que merece, sus defectos no fueron mayores que su fortaleza y los días que hubiéramos deseado que nunca existiesen no superan a los otros muchos días de felicidad que nos brindó”.

Brillo de supernova
Así las cosas, la estrella cuyo brillo de supernova resplandeció más que ningún otro representante de la raza blanca y negra, y que en algún momento de su vida decidió dejar de ser negro, sin embargo, pese a él mismo, fue el primer negro que los ciudadanos afroamericanos pudieron ver en un video musical en televisión. Este fue un paso más para romper la frontera racial que durante mucho tiempo dividió a Estados Unidos. Jackson fue el primer negro en aparecer en un video de la MTV. Sus éxitos en este campo nadie pudo negarlos. Thriller fue el mejor ejemplo.

Durante toda una generación, niños blancos y negros querían ser Michael. ¿Quién no quiso imitar los pasos de baile moonwalk del monarca del pop mientras los embobaba la televisión? Lo racial pasó a segundo término. Un negrito cucurumbé atrapó a todos. Los hogares estadounidenses sólo tenían un ídolo: Michael Jackson. Esa generación —en la que se incluyó el propio Barack Obama— creció al ritmo de los movimientos pélvicos del cantante, como en su momento lo hicieron con Elvis Presley y con Los Beatles

La diferencia es que en esta ocasión el color de la piel del icono era el mismo que el de la minoría que hasta hacía poco había vivido bajo la durísima segregación racial. En los setentas, la comunidad negra estadounidense contó con un símbolo propio, sin importar lo que este símbolo quisiera hacer con su vida a lo largo de los años.

Congruente con su vida, en el video Black and White, Michael cantó: “No voy a gastar mi vida siendo un color”.

Es posible que el rey quisiera borrar el color de su piel —otros personajes lo han tratado de hacer— y el color de su vida, pero para la comunidad negra, su propia raza, su color sí era importante, quizás vital. En sus canciones y en sus videos, les decía a los negros que se podía llegar allí donde sólo los blancos llegaban; aunque sus susurros y sus gemidos musicales no sólo llenaban sus sueños, sino también los de los niños y jóvenes blancos. Por eso el tránsito de la vida de Michael Jackson en la Tierra no pasó inadvertido.

El rey del pop ha muerto, pero su thriller vive.