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Piloto que aterrizó en la Plaza Roja en plena guerra fría cuenta su historia

 

Berlín, (EFE).- Mathias Rust, el piloto alemán que sorprendió al mundo al aterrizar en su pequeño avión cerca de la Plaza Roja de Moscú en 1987, le ha contado su historia al dominical Bild am Sonntag, 22 años después de su hazaña que él ve ahora como un aporte personal para el fin de la guerra fría.

Rust ha regresado a Berlín para ver de nuevo su avión, que ahora está en el Museo de Técnica de la capital alemán, y dice que es como reencontrarse con un viejo amor al que no creía volver a ver jamás.

La idea de volar a Moscú en su avioneta la tuvo Rust, según cuenta ahora, en otoño de 1986, tras el encuentro que tuvieron en Islandia el presidente de Estados Unidos de la época, Ronald Reagan, con el último líder soviético, Michail Gorbachov.

"Yo esperaba mucho de ese encuentro y sufrí una gran decepción al ver que (del mismo) no había salido nada", cuenta Rust en la entrevista que publica el "Bild am Sonntag".

Con su gesta, Rust dice que quiso "tender un puente imaginario" entre los dos bloques de la guerra fría, para lo cual desarrolló un plan que lo llevaría a las páginas de los periódicos de todo el planeta y a pasar casi un año en una cárcel moscovita.

El joven piloto aficionado, que entonces tenía 19 años y cerca de 50 horas de vuelo, alquiló, el 11 de mayo de 1987, un Cesna en Hamburgo diciendo que quería sobrevolar el Mar del Norte.

Dos días después emprendió la travesía, para la que llevó, entre otras cosas, una fotografía de su perro para no sentirse tan solo.

El itinerario lo llevó a la isla de Sylt, a Islandia y luego a Finlandia donde hizo un alto de varios días antes de empezar la parte decisiva del plan.

"En Finlandia reflexioné durante tres días si lo que estaba haciendo era correcto", dice Rust 22 años después.

Sin embargo, tras despegar, el 28 de mayo, necesitó apenas 10 minutos para convencerse de que tenía que hacerlo.

"Al despegar supe que tenía que hacerlo, que era mi destino y que si no lo hacía me lo reprocharía durante el resto de mi vida", recuerda el piloto, convertido hoy en jugador profesional de póker.

Para el vuelo entre Helsinki y Moscú Rust necesitó cinco horas e hizo el recorrido sin que los cazas de la aviación soviética se interpusieran en su camino para obligarlo a aterrizar.

"Si me hubieran forzado a aterrizar, lo hubiera hecho, yo no era un kamikaze. Lo que quería era llevar un mensaje de paz", asegura.

Inicialmente, Rust pensó aterrizar directamente en la Plaza Roja pero había demasiada gente por lo que escogió como pista de aterrizaje el puente sobre el río Moscú.

Rust asegura que fue muy bien recibido por la gente que rodeó su avión tras el aterrizaje.

"Les dije que había ido para hablar con Gorbachov sobre la paz. La gente estaba entusiasmada. Nadie estaba molesto", asegura Rust.

Reconoce que hubo momentos, en los años posteriores, en los que llegó a arrepentirse de aquel viaje, pues sin éste su vida hubiera sido más fácil. Ahora, sin embargo, dice que cree que hizo lo correcto y que su acción contribuyó al final de la guerra fría.

Rust volvió a Alemania en 1988, al ser indultado tras 432 días de cárcel, y tuvo algunos problemas para seguir una vida normal. En 1989, cuando prestaba su servicio civil en un hospital de Hamburgo, hirió con un cuchillo a una compañera.

En ese momento se dijo que Rust había reaccionado así porque la muchacha no había dejado que la besara pero ahora lo niega y dice que su reacción, de la que se arrepiente, se debió a un insulto de la chica.

Ese hecho le costó a Rust dos años de cárcel, castigo que él ahora califica de justo.

Se casó dos veces y sus matrimonios fracasaron. Rust ahora busca equilibrio a través del yoga, aunque siendo un apasionado de los aviones y le gustaría volver a volar a Moscú para aterrizar esta vez en la Plaza Roja, pero "con autorización", dice. EFE

rz/cat