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Premiados sin pantalla

 

 

Por Mario Osava


RÍO DE JANEIRO,  (IPS)  – Catorce años después de la "retomada" del 

cine nacional, que estuvo paralizado en los primeros años 90, los filmes 

producidos en Brasil aumentaron mucho en cantidad, con algunos de calidad 

reconocida por premios internacionales, pero sin alcanzar el gran público.

 

"Estómago", uno de los filmes elogiados en 2008, que significó la 

revelación del nuevo director Marcos Jorge, ganó 14 premios en el 

exterior, incluyendo los de mejor película en los festivales de 

Valladolid, España, Rotterdam, Holanda, y Punta del Este, Uruguay, pero no 

alcanzó a convocar 100.000 espectadores en su exhibición comercial en 

Brasil.

 

  Su lanzamiento, en abril, solo contó con 19 copias. En España, donde 

acaba de estrenar el 19 de diciembre, empezó con 50 copias. Además ya fue 

vendido a otros 17 países, lo que le asegura una carrera mucho mas amplia 

que en Brasil.

 

  El filme cuenta la vida de un inmigrante pobre del nordeste brasileño 

cuyo talento de cocinero le permite sobrevivir y trabajar en un 

restaurante de lujo. Se enamora de una prostituta y no soporta verla 

acostándose con el patrón y mata a ambos con cuchillos de matarife.

 

  Son dos historias que se cuenta simultáneamente. La otra es el mismo 

personaje usando sus conocimientos culinarios para sobrevivir y ganar 

poder en la cárcel, a donde fue enviado por el asesinato.

 

  Otra buena obra, "Linha de passe" (Linea de pase), de los ya 

experimentados directores Walter Salles y Daniela Thomas, no tuvo taquilla 

mejor en Brasil, pese a que concurrió al Festival de Cannes, donde su 

protagonista, Sandra Corveloni, ganó el premio de mejor actriz, superando 

a estrellas internacionales como la estadounidense Angelina Jolie.

 

  En este caso, se trata de una madre y sus cuatro hijos de padres 

distintos y ausentes, que viven en un barrio pobre de São Paulo. Uno 

intenta hacerse futbolista profesional, otro adhiere a una iglesia 

evangélica, el tercero es un "motoboy" (que hace entregas en motocicleta) 

involucrado en pequeños delitos presionado por la pobreza, y el último, 

aún niño, realiza su sueño de conducir un autobús por la ciudad.

 

  Solo un filme nacional superó la marca del millón de espectadores en 

2008. "Meu Nome não é Johnny" (Mi nombre no es Johnny) alcanzó 2,1 

millones y quedó entre los 10 de mayor taquilla en el año, abriendo un 

ancho camino a su joven director, Mauro Lima.

 

  La película se basa en la experiencia verdadera de narcotraficante de 

un joven de clase media de los barrios turísticos de Rio de Janeiro. Para 

financiar su propio consumo, él pasa al comercio de cocaína para abastecer 

gente de su clase, discrepando de la imagen usual del traficante que vive 

en las favelas, los barrios marginados de la ciudad.

 

  Preso y liberado algunos años después, el personaje real tuvo su vida 

contada en un libro y orientó la producción del filme, cuyo ritmo veloz 

ayudó a su éxito comercial. También contribuyó mucho la actuación del 

actor principal, Selton Mello, conocido de telenovelas y que también 

dirigió su segundo filme, "Feliz Natal", el año pasado.

 

  Entre las decenas de largometrajes lanzados en Brasil en 2008, dos 

filmes importantes tratan de la cuestión indígena. "Serras del desorden" 

(Serras da desordem), de Andrea Tonacci, un italiano que emigró a Brasil 

cuando tenía nueve años y que no dirigía un filme largo desde hace más de 

30 años.

 

  Mezcla ficción y documental para contar la vida de un indígena 

sobreviviente de una masacre y que vagabundea por el centro de Brasil 

durante 10 años.

 

  Otro filme, "Terra Vermelha" (Birdwatchers, la terra degli uomini 

rossi), una coproducción italo-brasileña dirigida por el italiano Marco 

Bechis, retrata la situación de los indígenas guaraníes acorralados por 

los grandes agricultores en el estado de Mato Grosso del Sur, en el oeste 

brasileño.

 

  Hay filmes de calidad y temáticas variadas que tratan de la realidad 

brasileña, pero de audiencia limitada por falta de distribución y 

exhibición. En Brasil hay solo 2.300 salas de cine, mientras que en 

México, con una población 40 por ciento menor, cuenta con 4.200.

 

  Los brasileños van cada vez más al cine. Son solo cerca de 90 millones 

de espectadores al año desde 2006, de los cuales entre 10 y 11,5 por 

ciento asistieron a filmes nacionales. En 2003 y 2004 hubo mas de 100 

millones de espectadores anuales, de los cuales las producciones 

nacionales conquistaron hasta 21 por ciento.

 

  Hay mas de un centenar de filmes brasileños producidos desde la década 

pasada que no tuvieron exhibición comercial.

 

  El Ministerio de Cultura reconoció la barrera de la distribución y 

exhibición y decidió a partir de este nuevo año destinar mas recursos a 

esas actividades, con la meta de elevar a 15 por ciento la participación 

nacional en la taquilla.

 

  En el pasado ya hubo épocas mejores para el cine brasileño. En 1982, 

sus filmes alcanzaron 36 por ciento del mercado que era mas amplio, con 

128 millones de espectadores.

 

(FIN/IPS/mo/dm/cr ae/br sl la/08)