MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

Fin y principio


 

JOSé GIL OLMOS / Revista Proceso

MÉXICO, D.F.,  (apro).- Como en otros estados, en Sonora el PRI gobernó durante 80 años con una hegemonía que rayaba en un estilo colonial, pues el gobernador era como un virrey y en la entidad no se movía una hoja de árbol sin su voluntad. Pero este domingo, el voto de castigo originado por la tragedia de la guardería cambio el rumbo y los sonorenses tienen el enorme reto de la alternancia.

 

         Un día después de la derrota, el gobernador Eduardo Bours salió a dar una conferencia para ratificar la soberbia y la ceguera con que trató la tragedia del incendio en la guardería que hasta ahora ha costado la vida a 48 niños. Sin entender que su incapacidad de ofrecer justicia motivó la inconformidad social reflejada en las urnas, acusó nuevamente al gobierno federal de "manipular" el caso para inhibir la participación ciudadana lo que, a su entender, beneficio al candidato del PAN, Guillermo Padrés.

 

         Bours partió de una idea, la de acusar a otros, en este caso a Felipe Calderón y al PAN, de aprovechar la tragedia para ganar las elecciones. Es decir, cree que hubo una manipulación política del incendio en la guardería y esto inhibió la participación ciudadana que ya se perfilaba a favor del candidato del PRI, Alfonso Elias. 

 

         Pero si de supuestos parte el gobernador sonorense, también hay que hacer preguntas hipotéticas para ver qué tanta responsabilidad ha tenido en la derrota histórica del domingo pasado en este estado, donde nacieron los hombres que le dieron forma y sentido institucional al movimiento revolucionario del 1910: Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

 

En este marco hipotético, habría que preguntar qué habría pasado si Bours hubiera asumido su papel de primer mandatario y, en lugar de darle vueltas al asunto de la guardería, hubiera puesto tras las rejas a los verdaderos responsables de la tragedia, como lo exigía la ciudadanía.

 

Es decir, encarcelar a funcionarios de su gobierno; a los dueños de la guardería, a los de Hacienda, en cuya bodega comenzó el fuego; a los de Protección Civil que no hicieron su trabajo, y responsabilizar a los funcionarios del IMSS que tampoco hicieron su tarea. 

 

Pero no lo hizo, sino que, a su modo personalismo de gobernar, autoritario, soberbio y dictatorial, culpó de todo al gobierno federal, evadiendo su propia responsabilidad.

 

En la miopía propia de los políticos autoritarios, el gobernador empresario desatendió el reclamo ciudadano que, en cinco marchas multitudinarias, exigió justicia. No sólo eso: no quiso ver que esa demanda social se reflejó en las urnas y asegura, nuevamente, que su derrota y la de su candidato, fue obra de la manipulación del gobierno federal­.

 

Días antes de la tragedia del 5 de junio, Bours hizo declaraciones que revelaban sus intenciones presidenciales. Dijo que él terminaría su administración en 2009 y eso de le daba la libertad para buscar nuevas metas políticas, lo que no podrían hacer otros gobernadores, en referencia a su compañero de partido, Enrique Peña Nieto.

 

En su cabeza ya estaba trazado el camino que, a su manera de ver, lo llevaría a Los Pinos y seguramente, junto con su familia, ya hacía cuentas alegres del negocio nacional que podrían hacer en seis años sentado en la silla presidencial. Porque eso fue lo que hizo en Sonora desde que llegó a la gubernatura, en el 2003.

 

Pero el domingo pasado esos sueños políticos se esfumaron. Fue el principio del fin del proyecto político del clan Bours que, sin embargo, tendrá tiempo para administrar la enorme riqueza de sus múltiples empresas, la cual creció mientras Eduardo cabalgaba en sus hermosos caballos pura sangre y gobernaba Sonora, como si fuera otra más de sus compañías: tratando a los ciudadanos como a sus empleados incondicionales.