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McCain, candidato republicano a la Presidencia en SA

Con nuevos triunfos en primarias y congresos estatales, a pesar de necesitar todavía de algunos delegados más para asegurar su ventaja hacia la Convención de septiembre, John McCain se dirige con paso firme a convertirse en el virtual candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos por el periodo 2008-2012.

Por Jesús Hernández Garibay

A diferencia de “Dubya” Bush y varios halcones más hoy en la administración que eludieron el servicio militar, el actual senador por Arizona sí es un “auténtico héroe estadunidense”, prisionero alguna vez en la guerra de Vietnam; un valor sustancial éste, en un país donde para muchos ser soldado es el más alto peldaño social que puede alcanzar un hombre. Un asunto también capital en tiempos de guerra; o como lo decía en su apoyo el precandidato perdedor Romney: McCain es “un hombre capaz de dirigir al país en un periodo peligroso”.

John Sidney McCain III nació hace casi 72 años en la zona del Canal de Panamá. Como hijo y nieto de afamados almirantes navales estadounidenses, el pequeño Johnny fue educado siempre bajo los valores “del deber, el honor y el servicio” a la patria; a la postre ingresaría a la Academia Naval Norteamericana de Annapolis, donde se graduaría como aviador naval y alcanzaría el grado de capitán hasta el término de sus 22 años de servicio.

En 1982 fue electo diputado y en 1986 obtiene una senaduría, siendo hoy en su cuarta nominación uno de los cinco veteranos de Vietnam en el Senado. Son éstas las credenciales más significativas de quien aspira —en una pretensión bien fundada, por qué no— a ser el sucesor de George W. Bush. Un sueño que bien puede alcanzar, a menos que los enredos de su partido y el alcance de los cambios en la conciencia de la gente se lo impidan.
McCain trata de colocarse hoy al “centro” del conservadurismo de los republicanos, más a la derecha de Mitt Romney quien pretendía colar discretamente en la campaña sus peculiares ideas mormonas medianamente liberales (sobre el aborto, la inmigración, la homosexualidad y otros temas por el estilo), y más a la izquierda de Mike Huckabee, pastor bautista que continúa todavía haciéndole sombra en la carrera preelectoral con un ideario ultraconservador antiinmigrante y guerrerista.

Esa postura política será eventualmente el sustento de su triunfo, en un período histórico en el cual el partido requiere de alejarse de lo más criticable de la administración Bush, sin caer en las tentaciones liberales de los demócratas, ante los cuales McCain comienza ahora a intentar deslindarse.
Sea la de Barack Obama o la de Hillary Clinton la eventual candidatura de los demócratas, John McCain tendría que demostrar en su discurso, sin embargo, haber comprendido bien los límites en las actuales aspiraciones de los halcones de Washington, de hacer un mundo al antojo exclusivo de los más poderosos intereses en juego siempre en los entretelones de la Casa Blanca. Especialmente en un momento en que el país declina como resultado de políticas insuficientes para enfrentar las contradicciones naturales de un sistema que no alcanza a promover entre la gente soluciones eficaces a sus crecientes condiciones de pobreza.

Ha dicho McCain en relación al discurso de sus oponentes demócratas: “animar a un país con sólo retórica en lugar de ideas sólidas y probadas que confían en la fortaleza y valentía de la gente libre, no es un promesa de esperanza; es una perogrullada”. Desde luego, los  ciudadanos tendrán ahora que ver que les oferta de su parte este septuagenario republicano, más allá de las palabras, la facundia y las promesas de siempre.

Fuente: Revista Siempre!