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Mouriño: la debilidad del Presidente

 

 

Editorial Revista Siempre!

 

 

Diferentes versiones señalan que el presidente Felipe Calderón hará cambios a su gabinete antes de que termine 2008 y que el ajuste más importantes lo hará en la Secretaría de Gobernación.
 

También ha trascendido que los asesores presidenciales han puesto sobre la mesa dos criterios para elegir al sustituto de Juan Camilo Mouriño: primero, que sea capaz de construir algunas concertacesiones para evitar el desplome del PAN en 2009 y, de ser posible, tenga el perfil para salir de ahí como candidato a la Presidencia de la República, con objeto de garantizar la preservación de Acción Nacional en el poder.
 

Lo fundamental, sin embargo, no aparece en el análisis de Los Pinos: llevar a Bucareli a un verdadero secretario de Gobernación.
 

Cada mexicano sabe que Calderón ha estado dedicado a cuidar a Mouriño, en lugar de que el secretario de Gobernación —como compete a la naturaleza del cargo— impida el desgaste y preserve la integridad del Presidente de la República. O para decirlo de otra manera: más que un remedio, el encargado de la política interior se ha convertido en un problema de sexenio. Incluso, en un riesgo para la seguridad nacional por estar desnudo, y sin defensa, uno de los flancos más estratégicos del aparato de gobierno.
 

Los asesores de Calderón tendrán que analizar, por lo tanto, la permanencia o salida de Mouriño a la luz de un contexto socioeconómico que la crisis financiera internacional ha agravado y que hará cada vez más difícil la gobernabilidad. Para decirlo en unas cuantas palabras: el país requiere de un secretario de Gobernación capaz de enfrentar los terremotos políticos y sociales que vienen.
 

Es evidente que la situación del secretario se complica cada vez más. La denuncia que hizo el Instituto Federal Electoral de Acceso a la Información (IFAI), sobre las “artimañas” que utilizó la Procuraduría General de la República (PGR) para mantener en secreto la respuesta del gobierno de España sobre la supuesta participación de Manuel Carlos Mouriño Atanes —padre del funcionario federal— en lavado de dinero, agregó un grave ingrediente al endeble prestigio de un secretario de Estado que, por su responsabilidad constitucional, debería tener una autoridad moral menos cuestionada.
 

Aunque la PGR corrigió el error de no proporcionar al IFAI el documento solicitado, cabe preguntar: ¿quién filtró información que sólo podía conocer el Presidente de la República, el procurador Eduardo Medina Mora y, por supuesto, el hijo del empresario?
 

Se antoja que el dardo fue lanzado desde el interior del gobierno con el claro propósito de poner en duda la campaña “operación limpieza” que acaba de anunciar Calderón en contra de una serie de funcionarios y agentes de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) coptados por el narcotráfico.
 

Los hechos, entonces, confirman lo dicho: no se puede tener al frente de la Secretaría de Gobernación a un titular con tantos conflictos de interés. La debilidad de Mouriño debilita automáticamente a la dependencia que debe ser la más sólida y creíble, sobre todo cuando el Estado libra una de las guerras más violentas en contra del crimen organizado.
 

Cualquier análisis fracasa al tratar de encontrar razones que justifiquen la presencia de un joven que equivale en periodismo a un Bel Ami. Es decir, de alguien al que todo le hacen y sólo pone su nombre. De alguien que no tiene ningún valor político práctico. Es amigo del Presidente, pero, ¿y luego qué?

Su permanencia en el cargo no se ha traducido en logros del gobierno calderonista. Ni el PAN ha ganado elecciones, ni la administración ha logrado construir desde el Palacio de Covián una mejor coordinación con los gobernadores; tampoco Gobernación ha operado como enlace con el Congreso; no ha servido como interlocutor con las fuerzas políticas más radicales y tampoco Calderón —contrario a lo que muchos suponían— le debe a su secretario la aprobación de una reforma que, como la energética, tiene más padres que un niño varias veces adoptado.
 

El actual entorno internacional, después del crack del sistema financiero internacional, exige hacer cambios en la composición del gobierno mexicano, para evitar que la recesión económica que viene se traduzca en una mayor debilidad del Presidente de la República.
 

El desempleo, la inflación, el regreso de 2 a 3 millones de trabajadores en Estados Unidos, el descenso de las remesas, la escasez de dinero y la tensión política y social requerirán de un secretario de Gobernación con un perfil de hombre de Estado y gobierno, distinto obviamente a quien hoy es famoso por salir en revistas del corazón y vestir al estilo Ermenegildo Zegna.