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¿Quién cederá?



Por Carlos Guevara Meza / Revista Siempre!

Al momento de escribir estas líneas, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ya había arribado a Washington, pero su entrevista con el presidente Barak Obama aún no se había realizado. La prensa internacional se cuestionaba si el premier israelí mantendría su posición de no apoyar el establecimiento de un Estado Palestino independiente, en contra de la postura públicamente asumida por la nueva administración estadounidense; o si cedería antes de enfrentar las previsibles presiones de la potencia. Dichas presiones de alguna manera ya habían comenzado: baste recordar los recientes y fuertes desencuentros diplomáticos de Israel con la Unión Europea; e incluso el Papa Benedicto XVI durante su peregrinación a Tierra Santa, aunque durante casi todo el viaje pareció ceder a la presión israelí, al grado de causar malestar en la comunidad cristiana árabe, en sus últimos discursos ya en Palestina cuestionó severamente la política de segregación impuesta por Israel sobre los territorios ocupados (el Muro en Cisjordania y el embargo en Gaza), así como defendió la idea de fundación del Estado Palestino. De ida a Washington, Netanyahu se reunió con el rey Abdalá de Jordania quien le dejó claro que sin el marco político de los dos Estados, las propuestas de mejoramiento económico de Palestina hechas por el premier israelí no tendrían sentido.
Aunque Netanyahu ya ha dado muestras en el pasado de soberbia y obstinación (la primera vez que fue primer ministro se reunió con Bill Clinton, que al término de la junta comentó que el premier no sabía quién era la superpotencia), la postura que con toda probabilidad asumirá será la de no enfrentar de lleno la posición norteamericana, buscar la formulación más ambigua posible para aceptar la idea de los dos Estados sin comprometerse del todo (o buscando alargar los plazos para ello), a cambio de obtener seguridades sobre Irán, al que considera una amenaza para la existencia de Israel.
Tanto el presidente israelí, Simón Peres, como el ministro de Defensa y líder laborista, Ehud Barak (prácticamente la única voz moderada en el gabinete de extrema derecha de Netanyahu), declararon en los días previos tanto el compromiso del premier con los acuerdos suscritos por anteriores gobiernos, como la posibilidad de llegar a un acuerdo sobre la fundación del Estado Palestino en un plazo de tres años para constituirlo en cinco, lo que ya es una muestra de apertura pero también del alargamiento del conflicto.
El presidente Obama parece entender que no podrá tener un acercamiento verdadero con el mundo árabe y musulmán sin buscar seriamente una solución al conflicto entre israelíes y palestinos, y no parece comulgar con la idea de Netanyahu de que Irán sea un peligro inminente (por si las dudas, envió al jefe de la CIA a Israel para dejar en claro que no aceptarían un ataque sorpresa a Irán).

La pregunta entonces es, más bien, qué tanto Obama presionará a Netanyahu para que no se escape por la tangente de las ambigüedades diplomáticas a la hora de asumir compromisos serios y de largo plazo.