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Bush ante la ONU

Nueva York, Nueva York

 

EL PRESIDENTE: Sr. Secretario General, distinguidos delegados, damas y caballeros: Me complace estar aquí para dirigirme a la Asamblea General.

Hace 63 años, representantes de todo el mundo se reunieron en San Francisco para concluir la redacción de la Carta de las Naciones Unidas. Se reunieron tras una guerra devastadora, con serios y nuevos peligros en el horizonte. Convinieron en una promesa histórica: "Reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre y unir fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales".

 

Esta noble promesa ha perdurado a pesar de momentos difíciles en la historia de las Naciones Unidas, y aún guía nuestra labor. Sin embargo, los ideales de la Carta ahora enfrentan un desafío tan serio como cualquier otro desde la fundación de las Naciones Unidas: un movimiento mundial de extremistas violentos. Al asesinar adrede a inocentes para promover sus objetivos, estos extremistas desafían los principios fundamentales del orden internacional. Muestran desdén por todos los que respetan la vida y el valor de la dignidad humana. Rechazan las palabras de la Biblia, el Corán, el Torá o cualquier estándar de conciencia o moralidad. Ponen en peligro los valores de justicia y derechos humanos que dieron origen a las Naciones Unidas, valores que propiciaron una expansión sin precedente de la libertad en todo el mundo.

Para velar por el cumplimiento de las palabras de la Carta ante este desafío, toda nación en esta cámara tiene responsabilidades. Como Estados soberanos, tenemos la obligación de gobernar responsablemente y resolver problemas antes de que crucen fronteras. Tenemos la obligación de evitar que nuestro territorio sea usado como santuario del terrorismo y la proliferación y la trata humana y el crimen organizado. Tenemos la obligación de respetar los derechos y responder a las necesidades de nuestros pueblos.

Las organizaciones multilaterales tienen responsabilidades. Durante ocho años, los países en esta asamblea han trabajado juntos para hacerle frente a una amenaza extremista. Hemos presenciado éxitos y reveses, y durante todo el proceso, ha surgido una lección clara: Se necesita de las Naciones Unidas y otras organizaciones multilaterales más urgentemente que nunca antes. Para ser exitosos, debemos seguir concentrados y decididos y eficaces. En vez de simplemente aprobar resoluciones que censuran los atentados terroristas después de que ocurren, debemos cooperar más estrechamente para evitar que los ataques terroristas sucedan, para comenzar. En vez de tratar a todas las formas de gobierno como igualmente tolerables, debemos desafiar activamente las condiciones de tiranía y desesperanza que permiten que el terrorismo y extremismo aumenten. Al actuar juntos para hacerle frente al desafío fundamental de nuestros tiempos, podemos gobernar con miras a un mundo más seguro y más próspero y más optimista.

 

En las próximas décadas, las Naciones Unidas y otras organizaciones multilaterales deben continuar haciéndole frente al terrorismo. Esta misión requiere claridad de visión. Debemos ver a los terroristas como son: cruentos extremistas que explotan a los desesperados, socavan los cánones de una gran religión y procuran imponer su voluntad en el mayor número posible de personas. Hay quienes sugieren que estas personas representarían una amenaza menor si simplemente las dejásemos en paz. Sin embargo, sus líderes dejan en claro que ninguna concesión satisfaría sus ambiciones. Llevar a los terroristas ante la justicia no genera terrorismo; es la mejor manera de proteger a nuestro pueblo.

Las organizaciones multilaterales deben responder adoptando una posición moral inequívoca contra el terrorismo. Ninguna causa puede justificar que se tomen vidas humanas inocentes, y la comunidad internacional está próxima a la concordancia universal sobre ese hecho. La gran mayoría de los países en esta asamblea ahora concuerda en que tácticas como los ataques suicidas, la toma de rehenes y los secuestros nunca son legítimos. El Consejo de Seguridad ha aprobado resoluciones que declaran la ilegalidad del terrorismo y requieren que todas las naciones tomen medidas firmes contra el financiamiento de terroristas. Y este mes, el Secretario General tuvo un congreso para llamar atención a las víctimas del terrorismo, en la que declaró que éste nunca se puede justificar.

Otras organizaciones multilaterales también se han pronunciado claramente. El G8 ha declarado que todos los actos terroristas son criminales y deben ser condenados universalmente. Y el Secretario General de la Organización de la Conferencia Islámica recientemente se manifestó en contra de los ataques suicidas, que dijo que van en contra de las enseñanzas del islamismo. El mensaje detrás de estas declaraciones está sumamente claro: Así como la esclavitud y la piratería, el terrorismo no tiene cabida en el mundo moderno.

 

En todo el mundo, los países están poniendo en práctica dichas palabras. Miembros de las Naciones Unidas están intercambiando información, realizando operativos conjuntos y congelando fondos de los terroristas. Mientras que los terroristas continúan realizando ataques como el terrible atentado la semana pasada en Islamabad, nuestras acciones conjuntas han evitado que nuestros ciudadanos sufran golpes devastadores.

A medida que la naturaleza brutal de los extremistas se hace cada vez más evidente, la coalición de naciones que se enfrenta al terrorismo cobra más fuerza. Durante los últimos siete años, Afganistán e Iraq han sido transformados de regímenes que activamente patrocinan el terrorismo a democracias que lo combaten. Libia ha renunciado a su apoyo del terrorismo y sus actividades para obtener armas nucleares. Países como Arabia Saudita y Pakistán persiguen activamente a terroristas. Unos cuantos países -regímenes como Siria e Irán- continúan patrocinando el terrorismo. Sin embargo, cada vez hay menos y cada vez están más aislados en el mundo.

Con el transcurso del siglo XXI, quizá algunos se vean tentados a suponer que la amenaza ha disminuido. Eso sería reconfortante; pero sería un error. Los terroristas creen que tienen todo el tiempo del mundo, por lo que han hecho parte de su estrategia esperar a que el mundo civilizado se retire. No debemos permitir que tengan éxito. Las naciones en este organismo deben permanecer unidas en la lucha contra el terrorismo. Debemos continuar esforzándonos por negarles a los terroristas refugio en cualquier región del mundo, lo que incluye lugares no gobernados. Debemos permanecer alerta ante la proliferación, con la plena implementación de las condiciones de la Resolución 1540 del Consejo de Seguridad, y poniendo en vigor las sanciones contra Corea del Norte e Irán. No debemos ceder hasta que nuestros pueblos estén a salvo de esta amenaza a la civilización.

Para defender la promesa de paz y seguridad en la Carta en el siglo XXI, también debemos hacerle frente a la ideología de los terroristas. Básicamente, la lucha contra los extremistas es una batalla de ideas. Los terroristas vislumbran un mundo en el que se niega la libertad religiosa, se oprime a la mujer y se reprime la disensión. Las naciones en esta cámara deben ofrecer una alternativa más promisoria: una visión en la que la gente se puede expresar libremente y rendir culto como desea e ir en pos de sus sueños en libertad.

La promoción de la visión de la libertad beneficia nuestros más altos ideales, tal como lo expresa el compromiso de la Carta de la ONU a la "dignidad y el valor de la persona humana". La promoción de esta visión también es beneficiosa para nuestra seguridad. La historia muestra que cuando los ciudadanos tienen voz y voto en la selección de sus propios líderes, son menos propensos a buscarle sentido [a la vida] en ideologías radicales. Y cuando los gobiernos respetan los derechos de sus pueblos, son más propensos a respetar los derechos de sus vecinos.

Por todos estos motivos, los países de este organismo deben desafiar la tiranía tan vigorosamente como desafían el terrorismo. Hay quienes se preguntan si las personas en ciertas regiones del mundo, en efecto, anhelan la libertad. Esta condescendencia interesada ha sido refutada ante nuestros ojos. Desde las cabinas de votación de Afganistán, Iraq y Liberia, hasta la Revolución Naranja en Ucrania y la Revolución Rosa en Georgia, la Revolución Cedro en el Líbano y la Revolución Tulipán en Kirguizistán, hemos visto a la gente una y otra vez tomar la valiente decisión de exigir su libertad. A pesar de todas las insinuaciones al contrario, lo cierto es que cuandoquiera o dondequiera que se le da a la gente la opción, escoge la libertad.

Las naciones en estas cámaras han apoyado los esfuerzos de disidentes y reformistas y defensores de la sociedad civil en sociedades recientemente liberadas por medio del Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia. Y apreciamos dichos esfuerzos. Y mientras democracias jóvenes alrededor del mundo continúen pronunciándose valientemente a favor de la libertad, las organizaciones multilaterales como las Naciones Unidas deben continuar respaldándolas.

En Afganistán, un pueblo resoluto se dedica a superar décadas de tiranía y a proteger a su sociedad recientemente liberada. Cuenta con el firme respaldo de todos los 26 países de la Alianza de la OTAN. Agradezco la decisión de las Naciones Unidas esta semana de renovar el mandato de la Fuerza de Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán. Las Naciones Unidas también es una presencia civil activa en Afganistán, donde expertos realizan una labor importante para mejorar la educación, facilitar la ayuda humanitaria y proteger los derechos humanos. Debemos continuar ayudando al pueblo afgano a defender su joven democracia, para que el Talibán no regrese al poder y Afganistán nunca vuelva a ser refugio de terroristas.

En Iraq, la lucha ha sido difícil, pero la vida cotidiana ha mejorado considerablemente durante los últimos 20 meses, gracias a la valentía del pueblo iraquí, una decidida coalición de naciones y un aumento de tropas estadounidenses. Las Naciones Unidas ha proporcionado el mandato para las fuerzas multinacionales en Iraq hasta diciembre. Y las Naciones Unidas está poniendo en práctica una estrategia ambiciosa para afianzar la democracia de Iraq, lo que incluye ayudar a los iraquíes a prepararse para sus próximas elecciones libres. Independientemente de las discrepancias que nuestras naciones han tenido sobre Iraq, debemos acoger todos este progreso hacia la estabilidad y paz, y debemos permanecer unidos para contribuir a que la democracia en Iraq tenga éxito.

Debemos permanecer unidos en nuestro apoyo de otras democracias jóvenes, desde el pueblo del Líbano que lucha por retener la independencia que logró con tanto esfuerzo, hasta los pobladores de los Territorios Palestinos, que merecen un Estado propio, libre y pacífico. Debemos permanecer unidos en nuestro apoyo del pueblo de Georgia. La Carta de las Naciones Unidas menciona la "igualdad de derechos de las naciones grandes y pequeñas". La invasión de Georgia por Rusia fue una violación de esas palabras. Las democracias jóvenes en todo el mundo observan atentas nuestra respuesta a esta prueba. Estados Unidos ha trabajado con aliados en instituciones multilaterales como la Unión Europea y OTAN para defender la integridad territorial de Georgia y prestar ayuda humanitaria. Y nuestras naciones continuarán respaldando la democracia de Georgia.

En esta cámara están presentes representantes de Georgia y Ucrania y el Líbano y Afganistán y Liberia e Iraq y otras valientes democracias jóvenes. Admiramos su valentía. Respetamos su sacrificio. Agradecemos su ejemplo inspirador. Continuaremos de lado de todos los que exigen la libertad. Este noble objetivo es digno de las Naciones Unidas y debe contar con el respaldo de cada uno de los miembros de esta asamblea.

Aumentar el alcance de la libertad política es esencial para prevalecer en la gran lucha de nuestros tiempos, pero no es suficiente. Muchos en esta cámara han respondido al llamado a ayudar a sus hermanos y hermanas necesitados esforzándose por aliviar la desesperanza. Estos esfuerzos por mejorar la condición humana siguen siendo los más altos ideales de esta institución. También promueven nuestros intereses de seguridad. Los extremistas encuentran los más fértiles lugares de reclutamiento en sociedades atrapadas en el caos y la desesperanza, lugares donde la gente no ve perspectiva alguna de una vida mejor. En las sombras de las desesperanza, el radicalismo prospera. Y finalmente, ese radicalismo puede reventar en violencia y cruzar fronteras y cobrar vidas inocentes en todo el mundo.

Superar la desesperanza requiere abordar sus causas: la pobreza, la enfermedad y la ignorancia. Desafiar estas condiciones le conviene a toda nación en esta cámara. Y las democracias están en una posición particularmente buena para desempeñar esta labor. Debido a que tenemos experiencia de responder a las necesidades de nuestros propios pueblos, somos socios naturales para ayudar a otros países a responder a las necesidades de los suyos. Juntos, debemos dedicar nuestros recursos y esfuerzos a promover la educación y salud y prosperidad.

Con el transcurso de los años, muchos países han hecho esfuerzos bien intencionados por promover dichos objetivos. Sin embargo, el éxito de estos esfuerzos debe evaluarse conforme a más que intenciones; debe evaluarse conforme a resultados. Mi país ha insistido en resultados como principio básico de nuestros programas de ayuda exterior. Lanzamos un nuevo proyecto denominado la Cuenta para el Desafío del Milenio (Millennium Challenge Account), que concentra nuestra ayuda en países que demuestran su capacidad de producir resultados al gobernar justamente y combatir la corrupción, y seguir una política basada en el mercado, como también invertir en su propio pueblo. Todos los países e instituciones que proporcionen ayuda exterior, incluida las Naciones Unidas, serán más eficaces si manifiestan fe en los pueblos del mundo en desarrollo e insisten en resultados a cambio de ayuda.

La experiencia también resulta ser eficaz, por lo que debemos adoptar un modelo de alianza, no de paternalismo. Esta estrategia se basa en nuestra convicción de que la gente en el mundo en desarrollo tiene la capacidad de mejorar su propia vida, y satisfará expectativas altas si las establecemos. Estados Unidos ha procurado aplicar este modelo a nuestro Plan de Emergencia para la Mitigación del SIDA (Emergency Plan for AIDS Relief). Todos los países que reciben ayuda de Estados Unidos por medio de este programa formulan su propio plan para combatir el VIH/SIDA y evalúan los resultados. Y, hasta ahora, dichos resultados son inspiradores: hace cinco años, 50,000 personas en la región subsahariana de África recibían tratamiento para el VIH/SIDA. Hoy en día, esa cifra es de casi 1.7 millones. Estamos usando una estrategia similar para combatir la malaria, y hasta ahora, hemos apoyado esfuerzos locales para proteger a más de 25 millones de africanos.

Organizaciones multilaterales han hecho sus propias promesas audaces para combatir enfermedades. El G8 ha prometido proporcionar ayuda contra la malaria y el VIH/SIDA equivalente a la de Estados Unidos. Por medio del Fondo Mundial, muchos países se esfuerzan por combatir el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis. Muchas vidas en el mundo en desarrollo dependen de estos programas, y todos aquellos que han hecho votos de combatir enfermedades tienen la obligación de cumplir con lo que prometieron.

Unos de los mejores motores para el desarrollo y la prosperidad son el comercio y la inversión, que crean nuevas oportunidades para empresarios y ayudan a la gente a salir de la pobreza y reforzar valores fundamentales como la transparencia y el imperio de la ley. Por todos esos motivos, muchos en estas cámaras han suscrito acuerdos de libre comercio a nivel bilateral y regional. La medida más eficaz para todos sería un acuerdo que derrumbe las barreras arancelarias a nivel mundial. El reciente impasse en la Ronda de Doha es decepcionante, pero no hay necesidad de que ésa sea la última palabra. Insto a todos los países a que aprovechen esta oportunidad para mejorar economías en todo el mundo y lleguen a un exitoso acuerdo de Doha lo antes posible.

Más allá de Doha, nuestras naciones deben reiterar su compromiso a las economías abiertas y permanecer firmes contra el aislamiento económico. Estos objetivos están siendo sometidos a prueba por la turbulencia en los mercados financieros internacionales. Nuestras economías están vinculadas más estrechamente que nunca antes, y sé que muchos de los presentes están observando para ver cómo el gobierno de Estados Unidos abordará los problemas de nuestro sistema financiero.

En semanas recientes, hemos tomado medidas audaces para evitar una alteración severa de la economía estadounidense, lo cual tendría efectos devastadores en otras economías del mundo. Hemos promovido la estabilidad del mercado al evitar el fracaso desordenado de grandes empresas. La Reserva Federal ha inyectado liquidez urgentemente necesaria en el sistema. Y la semana pasada, anuncié una medida decisiva por el gobierno federal para abordar la causa de gran parte de la inestabilidad de nuestro mercado financiero, al comprar activos ilíquidos que pesan en los balances y restringen el flujo de crédito. Les puedo asegurar que mi gobierno y nuestro Congreso están colaborando para aprobar rápidamente legislación refrendando esta estrategia. Y confío que actuaremos dentro del urgente plazo requerido.

Los objetivos que he presentado para las instituciones multilaterales -hacerle frente al terrorismo, oponerse a la tiranía y promover el desarrollo eficiente- son tareas difíciles pero necesarias. Para que tengan el máximo impacto, las instituciones multilaterales deben emprender estas desafiantes misiones. Y como todos nosotros en esta cámara, deben fijar objetivos cuantificables, para que puedan rendir cuentas de sus actos y cumplir con su palabra.

En el siglo XXI, el mundo necesita que las Naciones Unidas sea segura y eficaz. Esta singular institución debe aprovechar sus éxitos y mejorar su desempeño. Dondequiera que haya ineficiencia y corrupción, deben corregirse. Donde haya demasiada burocracia, se debe simplificar. Donde haya miembros que no cumplen con sus obligaciones, debe haber medidas enérgicas. Por ejemplo, se debe hacer un análisis inmediato del Consejo de Derechos Humanos, que rutinariamente ha protegido a transgresores de los derechos humanos. Debe realizarse un mayor esfuerzo por ayudar al pueblo de Birmania a vivir libre de la represión con la que sufre desde hace tanto tiempo. Todos los países, especialmente los miembros del Consejo de Seguridad, deben actuar de manera decisiva para asegurarse que el gobierno de Sudán cumpla con su promesa de hacerle frente a la violencia en Darfur.

Las Naciones Unidas es una organización con potencial extraordinario. Mientras las Naciones Unidas remodela su sede, también debe abrirle la puerta a una nueva era de transparencia, responsabilidad y seriedad de propósito.

Con determinación y un propósito claro, las Naciones Unidas puede ser una fuerza poderosa del bien con el avance del siglo XXI. Puede hacer realidad la gran promesa de su fundación.

En los días finales de la Conferencia de San Francisco, los delegados que negociaban la Carta de la ONU recibieron una visita del Presidente Harry Truman. Reconoció los enormes desafíos que enfrentaban, y dijo que el éxito sólo era posible debido a lo que denominó "unidad de determinación inquebrantable". Hoy el mundo pasa por otro periodo de grandes desafíos. Y al continuar la labor juntos, esa unidad de determinación inquebrantable será nuestra. Juntos, nos enfrentaremos y venceremos la maldad del terrorismo. Juntos, podemos lograr a favor de millones que no los conocen los beneficios de la libertad y justicia otorgados por el Todopoderoso. Y juntos, podemos forjar un mundo más libre, más seguro y mejor para las próximas generaciones.

Gracias.