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El mundo según Obama y McCain

 


Análisis de Jim Lobe


WASHINGTON,  (IPS)  – Las diferencias en materia de política 

exterior entre los candidatos a la presidencia de Estados Unidos John 

McCain, del gobernante Partido Republicano, y Barack Obama, del opositor 

Demócrata, son amplias y sustanciales.

 

Aunque ambos coinciden, al menos superficialmente, en asuntos como la 

importancia de cerrar la prisión de Guantánamo, Cuba, actuar con mayor 

determinación contra el cambio climático, elevar el número de tropas en 

Afganistán y mantener todas las opciones sobre la mesa respecto de Irán, 

sus instintos y visiones del mundo tienen muy poco en común.

 

  En términos generales, McCain se identifica estrechamente con la 

concepción maniquea y unilateralista de los neoconservadores y 

nacionalistas agresivos que definieron la política exterior durante el 

primer mandato del presidente George W. Bush, entre 2001 y 2005, que 

privilegió la opción militar frente a la diplomacia y otras formas del 

llamado "poder suave".

 

  Muchos de los asesores de McCain pertenecen a esos sectores, aunque 

también consulta con exponentes de la escuela "realista" en materia de 

política exterior, fundamentalmente los ex secretarios de Estado 

(cancilleres) Henry Kissinger, Lawrence Eagleburger y James Baker.

 

  Aunque el candidato republicano no descarta el uso de la fuerza y las 

acciones unilaterales como último recurso, pone mayor énfasis en el empleo 

de la diplomacia y el diálogo con otros países para promover los intereses 

nacionales estadounidenses.

 

  Obama, por otra parte, es generalmente visto como un "internacionalista 

progresista". Esta escuela de pensamiento, creada por el ex presidente 

demócrata Woodrow Wilson (1913-1921), se convirtió en el fundamento del 

orden multilateral liderado por Estados Unidos y Occidente tras la Segunda 

Guerra Mundial (1939-1945).

 

  Ese orden estaba presidido por la Organización de las Naciones Unidas, 

las instituciones surgidas de los acuerdos de Bretton Woods –el Fondo 

Monetario Internacional y el Banco Mundial– y la Organización Mundial de 

Comercio, aún en estado embrionario en esa época.

 

  La mayoría de los asesores de Obama en política exterior pertenecen a 

esa escuela de pensamiento. Su compañero de fórmula, el senador Joseph 

Biden, está considerado un "progresista intervencionista", quien cree que 

Estados Unidos debe promover activamente los valores democráticos y 

liberales, además de prevenir, por la fuerza si es necesario, masivas 

violaciones a los derechos humanos, como el genocidio.

 

  Biden ha sido durante muchos años el líder de los demócratas en la 

Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, lo que probablemente le 

otorgará una especial influencia en cuestiones de política internacional 

si Obama alcanza la presidencia en los comicios del 4 de noviembre.

 

  Al mismo tiempo, algunos influyentes "realistas" han manifestado su 

apoyo al candidato demócrata y figuran entre sus principales asesores. El 

caso más reciente ha sido el de Colin Powell, quien fue secretario de 

Estado durante el gobierno de Bush, entre enero de 2001 y noviembre de 

2004.

 

  De hecho, Obama ha elogiado la política exterior del ex presidente 

George Bush (1989-1993), padre del actual mandatario, y expresó 

públicamente su admiración por los senadores republicanos Richard Lugar, 

vicepresidente de la comisión que preside Biden, y Chuck Hagel. Ambos han 

sido mencionados como posibles secretarios de Estado en un gobierno de 

Obama.

 

  La inclusión de prominentes "realistas" como asesores de los candidatos 

de ambos partidos puede apuntar, primordialmente, a reasegurar a los 

votantes centristas e independientes acerca de que el futuro presidente 

evitará acciones como la invasión de Iraq en 2003, cuando la influencia de 

los neoconservadores y nacionalistas agresivos alcanzó su pico más alto.

 

  Pero, por otro lado, esto implica que quien triunfe en los comicios 

asumirá la presidencia el 20 de enero con un amplio espectro de asesores 

en política exterior, que pueden tener desacuerdos fundamentales en la 

definición de los intereses estadounidenses, el uso apropiado de la fuerza 

militar y el grado en el que Washington debe confiar en las instituciones 

multilaterales en lugar de actuar de manera unilateral.

 

  Ese tipo de diferencias, cuando fueron muy marcadas, dañaron 

severamente a gobiernos anteriores y, en los años recientes, a la 

administración de Bush, escenario de una batalla por el control de la 

política exterior entre los "halcones" liderados por el vicepresidente 

Dick Cheney y Powell, primero, y su sucesora al frente del Departamento de 

Estado, Condoleezza Rice, después.

 

  Rice y otros "realistas", como el secretario (ministro) de Defensa 

Robert Gates, se han volcado desde hace tiempo a reparar, aunque 

lentamente, los daños a la posición mundial de Estados Unidos provocados 

por los neoconservadores durante el primer mandato de Bush.

 

  El gobierno del ex presidente demócrata Jimmy Carter (1977-1981) 

también fue sacudido por conflictos internos, entre los 

"internacionalistas progresistas" liderados por su secretario de Estado 

Cyrus Vance y el sector más "realista" de su consejero de Seguridad 

Nacional Zbigniew Brzezinski, quien gozó de alta estima en la Casa Blanca 

durante la gestión de Bush padre, y ha expresado su apoyo a Obama.

 

  En ambos casos, acontecimientos externos provocaron una alteración del 

poder interno en el gobierno.

 

  Durante la primera presidencia de Bush, los ataques terroristas del 11 

de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, en la de Carter, la 

revolución islámica en Irán y la invasión de Afganistán por parte de la 

disuelta Unión Soviética, en noviembre y diciembre de 1979, 

respectivamente.

 

  Bush, tras haberse presentado como un "realista" comprometido con una 

"humilde" política exterior, lanzó su "guerra contra el terrorismo" 

diseñada para "transformar" Medio Oriente y otras regiones del mundo. La 

resistencia iraquí y regional a sus designios lo forzaron a escuchar 

nuevamente a los "realistas".

 

  Si Obama y McCain retienen a su actual equipo de asesores en caso de 

llegar a la presidencia, seguramente habrá divisiones respecto de qué 

hacer acerca del programa nuclear iraní y el resurgente poderío de Rusia, 

las "intervenciones humanitarias" y la promoción de la democracia –o 

desestabilización– en países cuyos gobiernos son considerados hostiles 

hacia Estados Unidos.

 

  En el caso de Irán, por ejemplo, los "halcones" han rechazado 

férreamente cualquier iniciativa diplomática, mientras que los "realistas" 

que asesoran a McCain y Obama han reclamado que Washington dialogue 

directamente con Teherán sin plantear precondiciones.

 

  McCain se alineó inicialmente con los representantes de la línea dura, 

hasta que el mes pasado Kissinger y Baker formularon un llamado a negociar 

sin condicionamientos.

 

  En cuanto a Medio Oriente, un elemento de potenciales conflictos 

internos puede ser la presencia de asesores estrechamente asociados con 

Israel.

 

  Aunque los "realistas", tanto en el campo de McCain como en el de 

Obama, creen que Estados Unidos debe promover imparcialmente la paz entre 

Israel y sus vecinos árabes, los neoconservadores que rodean al candidato 

republicano y varios "intervencionistas progresistas" demócratas, como 

Biden, se han opuesto a presionar decididamente al estado judío en este 

tema.

 

  Respecto de Rusia, los "realistas" que asesoran a ambos candidatos 

señalaron que se debe actuar prudentemente. Advierten que tomar 

represalias contra Moscú por su invasión de Georgia podría tener serias 

consecuencias negativas para los intereses de Estados Unidos.

 

  McCain, por ejemplo, sugirió que Rusia fuera expulsada del Grupo de los 

Ocho (G-8) países más poderosos. Obama se alineó con los "realistas" 

aunque algunos de sus asesores le pidieron que adoptara una posición más 

dura.

 

  Un próximo gobierno demócrata también podría enfrentar divisiones 

internas en el tema de las "intervenciones humanitarias", un concepto al 

que están apegados los "internacionalistas progresistas" como Biden.

 

  Sin embargo, esa posición ha sido recibida con gran escepticismo por 

los "realistas", quienes creen que constituye una receta para cargar con 

más responsabilidades a las ya sobreexigidas fuerzas militares de Estados 

Unidos en países que no son vitales para los intereses de Washington.
 

(FIN/IPS/traen-jsp-mj/jl ks/na wd ip sp fe/08)