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Enorme carga para un solo hombre


Editorial Revista Siempre!

Durante varias horas, el mundo estuvo atento a la toma de posesión de Barack Obama como presidente de Estados Unidos.

La sola elección de un afroamericano para la Casa Blanca significa un cambio radical en los paradigmas políticos de los norteamericanos.

Una de las grandes paradojas de la toma de posesión es que tuvo lugar a unos metros de donde estaba la tienda que alojaba a los esclavos negros que construyeron la sede del Congreso norteamericano, el Capitolio.

Los ciudadanos norteamericanos han dado una muestra de la enorme vitalidad de su nación al atreverse a elegir a un afroamericano a 144 años de la Guerra Civil y a 46 de que Martin Luther King pronunciara su histórico discurso, aquel de “tengo un sueño”.

La llegada de Obama al poder no sólo derrumba el modelo político de que a la Casa Blanca sólo podían aspirar los WASP, blancos, anglosajones y protestantes. Sólo excepcionalmente un católico como John F. Kennedy, pero también blanco.

La elección de Obama es la advertencia también de que, aunque los arquetipos económicos de Ronald Reagan le permitieron a Estados Unidos arruinar a la Unión Soviética y consolidar a Estados Unidos como superpotencia mundial, tendrán que ser cambiados.

El mundo cambió, tenemos que cambiar, advirtió Obama.
Ese cambio no ha sido percibido por todos. Al menos no a tiempo.

La tarea de Obama es monumental, pues enfrentará el Establishment que medró con las irresponsables omisiones de autoridades supervisoras que no vigilaron los abusos criminales de la codicia.

Las formidables dificultades económicas mundiales, compartidas por todas las naciones del orbe, demostraron la impotencia de la mano invisible del mercado, porque la verdadera invisibilidad fue la de la mano del Estado, de los Estados.

Por eso el mundo industrializado y poderoso está al borde de la ruina económica y amenaza con arrastrar al resto de las naciones a un desastre sin precedentes históricos.
La discusión ya no es si debe haber más Estado o menos Estado. “La discusión es si el Estado gobierna con eficacia”, advirtió Obama.

Esa afirmación amenaza con corregir los abusos económicos que han regido al mundo durante los últimos 25 años.

La nación estadounidense, más allá de sus cuestionables ambiciones imperiales, ha construido su prosperidad por la energía y el dinamismo de su sociedad.

Pero como todos los pueblos, al momento que estalla una crisis voltean hacia su gobierno para que la resuelva.

En el discurso de Obama hubo una referencia a quienes construyeron Estados Unidos, una alusión que muchos otros pueblos podríamos atender. Recordó a quienes con esfuerzo, sacrificio y trabajo construyeron la prosperidad, pero también subrayó que no se esforzaron para la satisfacción inmediata, sino para la mayor prosperidad de la siguiente generación.
Muchos resistirán la desaparición de los paradigmas de codicia y satisfacción inmediata que han dominado no sólo en Estados Unidos, sino a muchas otras sociedades, incluidas algunas en las que prevalecen la desigualdad y hasta la más abyecta pobreza.

Peor aún, muchas sociedades, como la nuestra, se resisten a reconocer que los ideales del neoliberalismo han sido desacreditados, descalificados por la realidad de la inminente ruina financiera mundial.

En países como el nuestro las élites política y económica se niegan a aceptar que el cambio ya ocurrió. Si no, ¿cómo explicarse que el otrora poderoso sector bancario de Estados Unidos haya caído en la insolvencia? Esa es la realidad, el sistema bancario norteamericano es insolvente, pues sólo los cuantiosos recursos gubernamentales han impedido que sean rápidamente borrados sus capitales y los ahorros de millones de personas.

Su insolvencia ha llevado la insolvencia a otras naciones ricas.

Obama intentará reconstruir el sistema financiero y económico. Para ello tomará medidas internas, pero también buscará acuerdos con otros gobiernos, entre los cuales está México, aunque nuestro aturdimiento desmienta el reconocimiento internacional de que somos protagonistas trascendentes en la economía mundial.

Obama es el presidente de Estados Unidos. Sus prioridades están con los intereses de Estados Unidos. No podría ser de otra manera.

Le costará trabajo descubrir que su responsabilidad es aún mayor. Tal parece que muchas naciones esperan que al resolver los problemas financieros norteamericanos les resuelva los suyos. Esa es la gran ironía que tantas naciones esperen que Obama coordine los esfuerzos para impedir una catástrofe en la economía mundial.

Enorme carga para un solo hombre, para un gobierno.