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Entender la crisis

 

 

 

 

 

Ningún otro hecho tendrá mayores consecuencias sobre México que la crisis financiera de Estados Unidos. Entre mejor la comprendamos, mejores serán nuestras respuestas inmediatas y los cambios posteriores indispensables.

 

Manuel Camacho Solís* / El Universal

 

La crisis se manifestó en el sector hipotecario, pero se originó en sus desequilibrios macroeconómicos severos. Hubo errores en el otorgamiento de créditos, pero sobre todo un cálculo inadecuado de riesgos: se sabía de los problemas reales crecientes, pero se pensó que, por el prestigio de Estados Unidos, los riesgos no se materializarían.

 

Desde hace más de un año habían aumentado los riesgos. Había muchas señales de alerta, pero éstas fueron ignoradas.

 

El problema se originó en los errores de política económica de los últimos años: déficit fiscal; déficit de la balanza de pagos; costo billonario de la guerra en Irak; menos ahorro y más endeudamiento; reducción de impuestos a los ricos; consumo excesivo de energía; desregulación financiera que permitió ingenierías financieras sofisticadas para aumentar las ganancias, sin bases suficientes para refinanciar créditos y deudas colaterales que incrementaron la volatilidad.

 

Están a la vista las consecuencias. Una parte sustantiva del capital financiero acumulado por décadas ha perdido su valor. Grandes bancos, financieras, hipotecarias y fondos han quebrado o están cerca de la insolvencia. ¿De qué tamaño es la quiebra, que un gobierno de derecha y la comunidad financiera han promovido la intervención estatal?

 

Es muy temprano para saber cuánto durará la crisis. Falta por ver si el rescate se hará con la fórmula mexicana que rescató a muchos de quienes habían perdido su capital, o con la sueca que protegió el interés público. Nadie piensa que la crisis durará menos de dos años y hay quienes piensan llevará una década. En uno o en otro caso, las consecuencias apenas se han empezado a manifestar.

Para México, se sabe, habrá menos dinero y éste será más caro. Se reducirán los ingresos por turismo y por las remesas. Habrá contracción en las exportaciones y el crecimiento.

 

Lo peor sería que, como en Estados Unidos, se espere a que aumente la volatilidad. Es el momento de vigilar —con lupa— al sistema financiero. De actuar con oportunidad. De adecuar los presupuestos y los criterios de política económica a un periodo de vacas flacas. La prioridad debe ser: impedir la contaminación de la crisis financiera, el desempleo y la caída de la masa salarial. Más tarde, habrá tiempo para replantear la estrategia de crecimiento.

 

Después de septiembre 2008, habrá cambiado la correlación financiera mundial. Wall St. tendrá que compartir su poder actual con otros centros financieros pujantes en China, Japón, India, Europa. Una hegemonía está debilitándose. Un nuevo sistema multipolar está emergiendo. Nuestro reto, hoy, es evitar una crisis financiera y social. Nuestro reto, mañana, será volver a posicionar a México en el nuevo entorno mundial.

 

(*) Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista