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Lo que el Mundo espera de Barack Obama

 


Por Leonardo Boff (*)


RIO DE JANEIRO,  (IPS) .- La victoria presidencial del afroamericano 

Barack Hussein Obama me recuerda la frase que un dirigente comunitario 

de una pobre región de Brasil le dijo al Presidente Lula durante su 

campaña, que apoyaba: "En esta comunidad estamos haciendo todo lo 

posible y un poco de lo imposible".

 

Esto es lo que ocurrió en Estados Unidos: algo prácticamente imposible 

irrumpió en la historia. Un ciudadano negro, de familia pobre, nacido 

al margen del sistema imperial, en Hawaii y que vivió largo tiempo 

fuera de Estados Unidos, conseguió superar la barrera racial, llegar a 

ser candidato presidencial del país más poderoso de la tierra y ganar 

por amplia mayoría. Podemos sacar esta conclusión: recién ahora, 145 

años después, se pone fin a la Guerra Civil norteamericana.

 

No es que haya terminado la discriminación a nivel social, pero ha 

terminado la discriminación a nivel polïtico.

 

Esta victoria electoral encierra muchos significados, pero ante todo 

el fin de la era de dos fundamentalismos: el del mercado, iniciado por 

Margaret Thatcher y Ronald Reagan que es causa de la actual crisis 

económico-financiera, y el político-religioso que alimentó la 

concepción imperial y belicosa de la política externa de Washington.

 

Reagan y Bush creían en la inminencia del Armagedón (según la Biblia, 

el combate final entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás) y en el 

destino manifiesto, es decir la misión conferida por Dios a Estados 

Unidos de llevar a todo el mundo los valores de la sociedad 

norteamericana: libertad, democracia y derechos, en el marco de su 

visióon capitalista e individualista.

 

Esta idea de misión explica una arrogancia bien expresada por el 

candidato McCain: "Estados Unidos es el faro y el líder del mundo. 

Podemos actuar según nuestro parecer, ya que somos el único poder de 

la tierra. Los enemigos de ayer y de hoy han de temer nuestro poder".

 

En su afán de combatir el terrorismo musulmán Bush fomentó el 

terrorismo de Estado que se ha convertido en el mayor peligro para la 

humanidad. No es extraño que haya instilado una difundida 

desmoralización en el propio país y un antiamericanismo generalizado 

en el mundo.

 

Esa no parece ser la actitud de Obama, que a la estrategia de la 

guerra preventiva y del intervencionismo opone un diálogo abierto a 

todos, incluidos los talibanes. Él está convencido de que Estados 

Unidos no merece ganar la guerra contra Iraq porque está originada en 

una mentira y por ello es injustificable.

 

Los latinoamericanos esperan que cese la voluntad de Estados Unidos de 

destabilizar a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Paraguay, 

países que están buscando caminos propios de descolonización

 

Obama supo captar algo que estaba latente en la sociedad y en los 

jóvenes en particular: el cambio. Con la bandera del cambio suscitó 

esperanza y autoestima, y llamó la atención hacia el futuro y las 

nuevas oportunidades que surgirán. El cambio llegó a Estados Unidos y 

también llegará al mundo.

 

Vivimos tiempos drámaticos, enfrentados a tres crisis: la ecológica, 

la climática y la económica. La ecológica es consecuencia de que el 

consumo humano ha sobrepasado la capacidad de recuperación de la 

Tierra.  Para saciar la demanda actual haría falta un tercio más de la 

tierra disponible. Y si la humanidad creciese a un promedio de 3,5% 

anual hasta el 2050, el producto mundial que hoy es de más de 

50.000.000 millones de dólares llegaría a 160.000.000 millones de 

dólares, lo que es imposible. ¿Cómo, entonces, asegurar un desarrollo 

sustentable? En cuanto a la crisis climática François Houtart sostiene 

que si no sustituimos el actual modelo económico en quince años 

desaparecerán de 20 a 30% de las especies vivientes.

 

Es responsabilidad de Obama, como Presidente del mayor contaminador 

mundial, contribuir a identificar alternativas a nivel nacional e 

internacional para la sustentabilidad del planeta y de la humanidad.

 

La crisis económica-financiera es fruto del neoliberalismo, del libre 

mercado y de la especulación desenfrenada. Miles y miles de millones 

de dólares han sido quemados, avanza la recesión mundial y aumenta la 

desocupación. Existe la convicción de que no bastará con imponer 

reglas y controles al mercado, será necesario introducir alternativas 

urgentemente, ya que la crisis económica-financiera está asociada a la 

ecológica-climática. En efecto, según Greenpeace, el capital natural 

afronta pérdidas anuales  de 2 a 4.000.000 millones de dólares 

provocadas por la degradación de los ecosistemas, la deforestación, la 

desertificación y la escasez de agua.

 

El arsenal conceptual y práctico disponible no ofrece condiciones para 

forjar una salida libertadora. Hace falta un gran cambio -que es lo 

que Obama proclama- un nuevo horizonte utópico y coraje para inventar 

nuevos caminos. El prerrequisito es una figura carismática que inspire 

confianza para encarar estos cataclismos y concebir una nueva 

arquitectura económica y un tipo de globalización multipolar que 

respete las diferencias y pueda incluir a todos en un mismo destino 

junto a nuestra Casa Común, la Tierra.

 

Barack Obama tiene las características de esa figura carismática. Si 

sabe responder a la esperanza profunda que ha suscitado creará su 

camino entre las ruinas del viejo orden. Si así es, podremos soñar un 

mundo en el que haya más colaboración entre los pueblos y más 

posibilidades de paz. (FIN/COPYRIGHT IPS)

 

(*) Leonardo Boff, escritor brasileño, teólogo de la liberación,

comisionado de la Carta de la Tierra y uno de sus redactores.