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Lobby israelí pierde peso

 

 

Análisis de Daniel Luban y Jim Lobe


WASHINGTON,  (IPS)  – La designación al frente del Consejo Nacional 

de Inteligencia de Estados Unidos de un ex embajador crítico de Israel, 

Charles "Chas" Freeman, desató la fuerte reacción de halcones 

simpatizantes del Estado judío, para quienes el presidente Barack Obama 

debe reconsiderar el nombramiento.

 

Los detractores critican a Freeman por sus vínculos con Arabia Saudita y 

por su posición respecto de los derechos humanos en China. Mientras, sus 

defensores alegan que los primeros pretenden someter a altos funcionarios 

a una prueba ideológica con el fin de garantizar la continuidad del 

respaldo estadounidense a Israel.

 

  Según numerosos analistas, la campaña contra el ex embajador, quien 

goza de un fuerte respaldo en la corriente realistas de política exterior 

(los más moderados) y entre profesionales de la comunidad de seguridad 

nacional, es un intento temprano del llamado "lobby israelí" de evaluar su 

influencia sobre el nuevo gobierno.

 

  Freeman fue designado presidente del Consejo Nacional de Inteligencia 

(CNI) por el director de Inteligencia Nacional, almirante Dennis Blair, la 

semana pasada.

 

  El embajador retirado es políglota y tiene una inusual amplia 

experiencia en relaciones exteriores. También estuvo al frente de la 

representación diplomática estadounidense en Arabia Saudita y fue 

secretario adjunto de Asuntos de Seguridad Internacional, del Departamento 

(ministerio) de Defensa.

 

  Además contribuyó a diseñar la política de Washington para Asia, Medio 

Oriente y África. Freeman fue cuidadosamente seleccionado para el cargo 

por Blair, según varias versiones de prensa.

 

  El Consejo Nacional de Inteligencia es el centro responsable de 

analizar y diseñar estrategias de seguridad a largo y mediano plazo. Entre 

otras cosas, es el órgano que redacta la Evaluación Nacional de 

Inteligencia (NIE, por sus siglas en inglés), que reúne la opinión de las 

16 agencias del sector sobre el curso de los acontecimientos futuros.

 

  Por ejemplo, la NIE concluyó en diciembre de 2007 que Irán había dejado 

de trabajar sobre un componente clave para la construcción de armas 

atómicas en 2003, lo que frustró los esfuerzos de Washington por reunir 

apoyo para atacar sus instalaciones nucleares, antes de que George W. Bush 

(2001-2009) abandonara la Casa Blanca.

 

  Freeman criticó abiertamente la "guerra contra el terrorismo", lanzada 

por el gobierno de Bush, y las políticas de Israel en los territorios 

palestinos ocupados.

 

  En un discurso de 2007 denunció el apoyo estadounidense a "los 

esfuerzos de Israel por pacificar a la cautiva y cada vez más marginada 

comunidad árabe y ocupar más territorios para sus colonos".

 

  También advirtió que Israel pronto se enfrentaría a "la desagradable 

elección entre una sociedad democrática y una identidad judía para el 

Estado".

 

  La campaña contra Freeman comenzó poco después de que se difundieran 

rumores de su designación hace dos semanas. Los primeros fueron los medios 

de prensa neoconservadores, como las revistas The Weekly Standard y 

Commentary, así como personalidades liberales, aunque halcones pro-Israel, 

como Martin Peretz, editor de The New Republic.

 

  Steve Rosen, ex miembro del influyente Comité de Asuntos Públicos 

Estadounidense-Israelí (Aipac), desempeñó un papel importante en la 

campaña contra la designación de Freeman acusándolo de ser un "tradicional 

partidario árabe" y de tener "una relación muy estrecha" con Arabia 

Saudita.

 

  Rosen está en medio de un proceso judicial por entregar información 

clasificada al gobierno de Israel.

 

  Las personalidades de la prensa que critican a Freeman, Michael 

Goldfarb, de The Weekly Standard, James Kirchick, de The New Repúblic, 

además de Rosen y Peretz,  son fervientes defensores de Israel, pero esta 

vez arremetieron contra los vínculos del ex embajador con Arabia Saudita.

 

  En especial alegaron que el millón de dólares donado por el príncipe 

saudita Alwaleed bin Talal al Consejo de Política de Medio Oriente, grupo 

de estudio presidido por Freeman, prueba que es un "títere" de Riyadh.

 

  También arremetieron contra un mensaje enviado por Freeman a una lista 

privada de distribución de correo electrónico en 2007, en el que sostenía 

que el principal error del gobierno chino en la brutal represión de 1989 

en la plaza de Tiananmen había sido "no intervenir a tiempo para cortar la 

manifestación de raíz".

 

  Su presunta insensibilidad respecto de la situación de los derechos 

humanos en ese país fue otro argumento esgrimido para sabotear su 

designación como presidente del CNI.

 

  La campaña contra Freeman adquirió mayor relevancia esta semana cuando 

el miembro del opositor Partido Republicano y presidente del Comité de 

Inteligencia de la Cámara de Representante, Peter Hoekstra, pidió al 

gobierno reconsiderar la designación, en entrevista con el periódico The 

Wall Street Journal, cuya página editorial neoconservadora había criticado 

el nombramiento.

 

  Pero también Stephen Israel, representante del gobernante Partido 

Demócrata por el estado de Nueva York, pidió una investigación sobre los 

vínculos del ex embajador con Arabia Saudita.

 

  Otros 10 miembros del Congreso legislativo hicieron lo propio en una 

carta enviada el martes a Inteligencia Nacional.

 

  Cuatro de los signatarios, los republicanos Mark Kirk, John Boehner y 

Eric Cantor, y la demócrata Shelley Berkley, están entre los cinco 

representantes que recibieron más contribuciones de los comités de acción 

política pro-israelí, con fuertes vínculos con Aipac, en la última campaña 

electoral, según cifras divulgadas por el Informe de Washington sobre 

Asuntos de Medio Oriente.

 

  El propio Kirk es el que recibió más aportes en los últimos 10 años, 

según el documento.

 

  Por su parte, los defensores de Freeman, en su mayoría veteranos de la 

comunidad de inteligencia, rechazaron de forma rotunda su presunta 

inclinación hacia Arabia Saudita o el Partido Comunista de China.

 

  Además alertan que la campaña que libran sus detractores contra 

cualquiera que se atreva a cuestionar el incondicional apoyo de Washington 

a Israel es ser similar a la lanzada en los años 50 por el senador 

republicano Joseph McCarthy, contra presuntos y verdaderos comunistas.

 

  "Tratan de eliminar de la vida pública a todo aquel que no esté bajo el 

absoluto control del ‘lobbyÂ’", escribió en su blog Pat Lang, ex analista 

para Medio Oriente de la comunidad de inteligencia.

 

  "Charles Freeman es un hombre asombrosamente educado y con una 

capacidad intelectual sorprendente que, además tiene vasta experiencia y 

probada integridad (

) ¿Quién podría ser mejor para el cargo?", arguyó.

 

  El ex director de la consultora Kissinger Associates, David Rothkopf, 

quien además realizó un trabajo muy serio sobre la historia del Consejo de 

Seguridad Nacional, también arremetió contra los detractores del ex 

embajador.

 

  "Hay algo alarmante detrás de los ataques: la idea de que en el 

gobierno de Estados Unidos no hay lugar para quienes tienen reservas sobre 

la política israelí o no cierran filas detrás de una sola visión, por 

ejemplo de Arabia Saudita, lo que es absurdo y peligroso", subrayó.

 

  Además, sus detractores no objetaron a otros funcionarios cuyas 

organizaciones también aceptaron donaciones de Arabia Saudita, alegaron 

los partidarios de Freeman.

 

  Poco antes de que la secretaria de Estado (canciller) Hillary Rodham 

Clinton fuera confirmada para el cargo, su esposo, el ex presidente Bill 

Clinton (1993-2001), reveló que su fundación había recibido entre 10 y 15 

millones de dólares del reino saudita, entre otras donaciones procedentes 

del exterior.

 

  Hubo algunas objeciones por un posible conflicto de intereses, pero 

Clinton fue confirmada sin más por una abrumadora mayoría del Senado en 

diciembre.

 

  El ex secretario del Tesoro (ministro de Hacienda) Lawrence Summers, y 

ahora importante asesor de Obama, también aceptó 20 millones de dólares 

del propio Alwaleed bin Talal cuando era presidente de la Universidad de 

Harvard en 2005.

 

  Es común que los grupos de estudio reciban donaciones del exterior, 

señaló el ex embajador de Estados Unidos en Israel Sam Lewis a la Jewish 

Telegraphic Agency.

 

  La oficina de Blair confirmó la designación de Freeman y alegó que era 

un cargo "de analista y no político".

 

  El portavoz de la Casa Blanca Robert Gibbs declaró el martes que "no 

había leído" informes acerca de los vínculos de Freeman con Arabia Saudita 

ni de sus críticas a Israel.

(FIN/IPS/traen-vf-mj/jl/ks/na mm ip sp pi fe/09)