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Mexican power


Por JOSé GIL OLMOS / Revista proceso

MÉXICO, D.F.,  (apro).– Los mexicanos que han emigrado a Estados Unidos alcanzaron este año la cifra récord de 12 millones 700 mil. Y no obstante que se ha elevado el flujo de inmigrantes a niveles históricos,  pocas esperanzas existen de que los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de México, Felipe Calderón, vayan a alcanzar un acuerdo en la materia, pues se trata de un tema tan complejo que no se puede resolver en unos cuantos días.

         Actualmente, la población mexicana o de origen mexicano que radica en la Unión Americana es la que cuenta con el mayor número, por encima de irlandeses, italianos u orientales, que a los largo del siglo pasado y de éste comenzaron a poblar el territorio norteamericano. 

         Según un estudio del Pew Hispanic Center, difundido en los últimos días, los mexicanos que radican legal e ilegalmente en Estados Unidos representan el 4% de la población total de ese país, cifra que se ha estabilizado desde 2008, luego de que el fenómeno migratorio comenzó a crecer en la década de los 80 –precisamente cuando las crisis económicas golpearon severamente a las familias mexicanas– y se duplicó a finales de los 90.

         En el sexenio pasado, el gobierno de Vicente Fox quiso llegar a un acuerdo migratorio, con una estrategia fallida, que el entonces canciller Jorge Castañeda elaboró con el nombre de "la enchilada completa". 

Pero ante las oleadas migratorias de mexicanos pasando sobre la frontera, el gobierno de Washington respondió con medidas represivas, como la construcción de un muro metálico de miles de kilómetros, la militarización de algunas zonas de la línea internacional, además de que tipificó como delito la contratación de ilegales, lo que trajo consigo redadas y deportaciones de los connacionales.

         A pesar de esta política restrictiva, la migración de mexicanos y centroamericanos hacia el norte se ha mantenido, pues el origen del problema sigue intacto: el modelo económico mundial que exige mano de obra barata para mantener el poderío de las naciones más ricas.

         Las últimas crisis económicas en México han generado la expulsión de mano de obra no sólo de campesinos y obreros, sino también de gente especializada, es decir, mano de obra que ha sido formada en las escuelas de nivel superior.

         La investigación del Pew Hispanic Center muestra que uno de cada 10 mexicanos nacidos en los últimos años emigra al país vecino buscando una oportunidad de empleo o mejorar sus ingresos, a pesar de que los trabajos que consigan sean menores a sus capacidades. 

La cifra de 12.7 millones de inmigrantes mexicanos, la mitad de los cuales son indocumentados, muestra que en 30 años se ha multiplicado por 17 el número de quienes han traspasado la frontera norte por razones económicas. 

"Ningún país en el mundo tiene una cifra total de inmigrantes procedentes de otros países, como Estados Unidos tiene sólo de México", indica la investigación, misma que señala que los mexicanos representan 32% del total de inmigrantes que recibe Estados Unidos, por arriba del segundo mayor grupo de población inmigrante, los filipinos, el 5% del total. 

A pesar de que el flujo migratorio se mantiene, las remesas millonarias que mandaban los mexicanos a sus familiares han disminuido y eso forma parte de la crisis económica y financiera que se vive en Estados Unidos, principalmente en el sector de la construcción, donde más mexicanos consiguen trabajo. 

De acuerdo con estimaciones del Banco de México, al año pasado nuestro país recibió 25 mil 145 millones de dólares, pero este año podría darse una caída, por lo que se dejarían de recibir entre mil 150 y 2 mil 11 millones de dólares para este año. 

         No obstante esta reducción en el ingreso de dólares frescos provenientes de los trabajadores mexicanos, el monto sigue siendo una inyección importante para la economía mexicana; de hecho, es el segundo ingreso de divisas más importante, después del petróleo. 

Hay que destacar que, a diferencia del hidrocarburo, el dinero que viene de las remesas no conlleva consigo ninguna inversión, ningún gasto  del gobierno, y por ello resulta más importante para la economía nacional. Además, tiene un efecto virtuoso, pues las familias rurales mexicanas, las más necesitadas, son  receptoras de este dinero que se multiplica por  efecto de la depreciación del peso frente al dólar.

         Sin embargo, todo ello quedará en segundo término en las pláticas entre Obama y Calderón, ya que a los norteamericanos les interesa más el tema del narcotráfico y su seguridad, que el creciente flujo migratorio de mexicanos a su territorio.

Sobre todo porque ya empezaron a sentir los efectos de la violencia en la frontera y algunos impactos del crecimiento del poder del crimen organizado mexicano, que ya exporta la industria del secuestro a ciudades como Phoenix, donde ya se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza.